Buen viaje, Jaume. Qué tristeza despedir a un compañero. No podemos creer que ya no estés aquí. Hace tiempo que no nos veíamos, nosotros en Barcelona y tú en el Berguedà, pero compartimos años fabulosos en el suplemento tecnológico Ciberp@ís. Hacer lo que te da la gana no tiene precio y nunca se olvida.
El reportero de EL PAÍS, fallecido el lunes en Guardiola de Berguedà, tenía una capacidad innata para transcribir a un lenguaje comprensible la aburrida jerga tecnológica
Texto informativo con interpretación
El reportero de EL PAÍS, fallecido el lunes en Guardiola de Berguedà, tenía una capacidad innata para transcribir a un lenguaje comprensible la aburrida jerga tecnológica
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Agustí Carbonell
Buen viaje, Jaume. Qué tristeza despedir a un compañero. No podemos creer que ya no estés aquí. Hace tiempo que no nos veíamos, nosotros en Barcelona y tú en el Berguedà, pero compartimos años fabulosos en el suplemento tecnológico Ciberp@ís. Hacer lo que te da la gana no tiene precio y nunca se olvida.
Los recuerdos se suceden desde el lunes, porque 15 años compartiendo redacción dan para mucho. Con Tomàs, Javier, Antonio, Ana y tantos otros. Te vemos, Jaume, frente al ordenador maquetando páginas o escribiendo textos, que de todo sabías hacer. Un periodista de raza. Rápido, directo y sin tapujos. Divertido. Con una capacidad innata para transcribir a un lenguaje fácil y comprensible la aburrida jerga tecnológica.
Escribías de Internet y de tecnología, claro, y también de arte, de videojuegos o de música, encabezando en el periódico la primera gran batalla de una sociedad —que empezaba a organizarse en red— para conseguir una tarifa plana que permitiera navegar ilimitadamente por Internet por un precio fijo. Ahora parece obvio, un cuento chino, pero entonces accedíamos al ciberespacio a través del cable de cobre, la navegación era muy lenta y el servicio exageradamente caro. El móvil, además, solo servía para hablar y era más una moda que una necesidad. Cuánto ha llovido desde que nos conocimos en el zulo de la Zona Franca en el verano de ¡1998!
“Esta chica no es real”, decías alucinado frente a una espectacular muchacha creada por ordenador a principios del nuevo siglo. Fue la portada y el título del suplemento, porque anticipabas lo que nos deparaba el futuro, que no íbamos a ser capaces de distinguir realidad de ficción.
También dejas a los lectores el obituario más bello que ha publicado este periódico tras la muerte accidental de Carles Margarit, pionero de los trasplantes en España. Tu segundo padre y doctor, porque te brindó una segunda vida junto a Eva, Pau y Roc con un trasplante de hígado después de un cáncer. Y vaya si la has disfrutado con la familia y los amigos hasta el ictus. Judith, tu cunyada, nos contaba de tu nueva vida en el Berguedà que solo otro maldito cáncer ha conseguido apagar. Nosotros siempre recordaremos tu sonrisa. Descansa en paz.
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