El éxodo de decenas de miles de jóvenes marroquíes ha abierto una brecha entre las fuerzas políticas del país magrebí en vísperas de las elecciones legislativas de septiembre. Tras las explicaciones oficiales de los Ministerios de Interior y Asuntos Exteriores, en las que el Gobierno de Rabat limita a 11 el número de fallecidos en Marruecos durante la avalancha migratoria, partidos de la oposición islamista y de izquierdas exigen una investigación de la tragedia cuando se cumple una semana de la crisis fronteriza con España. ONG españolas y marroquíes estiman que la cifra de muertos en territorio marroquí se eleva a más de 60, frente a las entre 72 y 88 manejadas por fuentes oficiales en la ciudad autónoma española.
La oposición islamista y de izquierdas se enfrentan al Gobierno a pocas semanas de las elecciones legislativas
El éxodo de decenas de miles de jóvenes marroquíes ha abierto una brecha entre las fuerzas políticas del país magrebí en vísperas de las elecciones legislativas de septiembre. Tras las explicaciones oficiales de los Ministerios de Interior y Asuntos Exteriores, en las que el Gobierno de Rabat limita a 11 el número de fallecidos en Marruecos durante la avalancha migratoria, partidos de la oposición islamista y de izquierdas exigen una investigación de la tragedia cuando se cumple una semana de la crisis fronteriza con España. ONG españolas y marroquíes estiman que la cifra de muertos en territorio marroquí se eleva a más de 60, frente a las entre 72 y 88 manejadas por fuentes oficiales en la ciudad autónoma española.
El ex primer ministro Abdelilá Benkirán, líder del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD, islamista moderado), reclama la creación de una comisión de investigación independiente para arrojar luz sobre lo ocurrido en la frontera de Fnideq (Castillejos) y sus causas. Benkirán asistió el pasado día 30 a las ceremonias de la Fiesta del Trono presididas por Mohamed VI en Mdiq (Rincón), a apenas 30 kilómetros de Ceuta.
“Experimenté un sentimiento de tristeza en medio de la celebración al ver la llegada de un gran número de jóvenes, menores y mujeres que caminaban en dirección a Ceuta”, escribió en las redes sociales el que fue jefe de Gobierno entre 2011 y 2017. Considera “chocante” observar esta “marea humana” que se extendía por las carreteras hasta Tánger. El líder opositor asegura que sigue “sin entender qué ocurrió ni cuáles fueron las razones” del éxodo masivo en plena Fiesta del Trono, con motivo del 27º aniversario del reinado de Mohamed VI.
Desde las fuerzas políticas de izquierda, el Partido por el Progreso y el Socialismo (PPS, sucesor del Partido Comunista de Marruecos) fue el primero en romper el silencio ante el drama vivido en el espigón del Tarajal, línea divisoria con la Unión Europea en el norte del continente africano. “Las informaciones sobre el número de muertos, de salvamentos de víctimas (…) proceden esencialmente de las autoridades y medios españoles”, denunciaba en un comunicado el PPS. Esta formación exige también al Gobierno una investigación oficial y atribuye la crisis al fracaso de las políticas económicas, de empleo y educativas, a pesar del desarrollo experimentado por Marruecos en las últimas décadas.

“La desigualdad en la distribución de la riqueza, tanto entre clases sociales y territorios, está detrás de este drama”, advierte el partido de la izquierda tradicional a menos de dos meses de las elecciones legislativas. La desesperación de cuatro millones de jóvenes entre los 15 y los 35 años que ni estudian ni trabajan ha desencadenado, sostiene el PPS, la avalancha sobre Ceuta.
Los medios de comunicación marroquíes han destacado que, frente a la rápida respuesta del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que el mismo viernes 31 de julio viajó a Ceuta, el mutismo marcó la actitud del Ejecutivo marroquí durante los primeros días de la crisis. Al igual que lo ocurrido en el terremoto del Atlas en 2023, que causó cerca de 3.000 muertos, o en las revueltas de la generación Z del pasado otoño, sofocadas con más de 6.000 detenciones, el jefe del Gobierno, Aziz Ajanuch, y sus ministros han permanecido paralizados a la espera de que se pronunciara el monarca. Este lo ha hecho a través de los ministros de “regalía” nombrados directamente por él, esencialmente los de Interior y Asuntos Exteriores. La inmigración, junto con la diplomacia, es una de las atribuciones gestionadas bajo las directrices del palacio real.
El conservador Ajanuch no se presenta a los comicios del 23 de septiembre para revalidar un segundo mandato al frente de un gabinete de coalición. Entre los eslóganes de las masivas manifestaciones de septiembre de 2025, la dimisión de Ajanunch fue uno de los más coreados por los jóvenes de la generación Z. El silencio actual, junto con su escapada en vuelo privado a Mallorca en plena oleada migratoria del pasado fin de semana, parece apuntar a que se mantiene al margen de la gestión de la crisis.
Incluso el Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM), miembro de la coalición gubernamental, se desmarcó del mutismo oficial al solicitar información sobre las causas de la crisis, según señala el semanario Tel Quel.El candidato con mayores posibilidades de suceder a Ajanuch es precisamente un tecnócrata recién incorporado al PAM, el ministro de Presupuestos Fouzi Lekjaa, quien también preside la Federación Marroquí de Fútbol desde hace más de una década. Lekjaa fue comisionado por el rey Mohamed VI para pilotar en Marruecos la organización del Mundial de 2030 junto con España y Portugal.
En el contexto de la crisis migratoria, la prensa del país magrebí ha destacado que el Gobierno de Rabat intenta aprovechar el interés internacional para recordar algunas de sus reivindicaciones a Europa. “No somos ni el gendarme ni el conserje de Europa; somos un socio soberano, no un subcontratista”, proclamó una alta fuente gubernamental citada por la agencia estatal de noticias MAP.
Marruecos destina unos 500 millones de euros al año al control de las migraciones, aseguró el alto responsable gubernamental, mientras que la financiación que recibe de la Unión Europea asciende a 145 millones de euros. “No es una cuestión de dinero, sino de estrategia y visión común”, puntualizó, no obstante.
Desde el pasado enero, seis regulaciones europeas han puesto coto aparente al desarrollo económico del país magrebí; se trata de normas sobre puertos, bancos o el sector del automóvil. “Las reglas del juego deben cambiar”, advirtió la misma fuente. “Europa debe ser un socio interesado en el desarrollo de Marruecos”, concluyó, “y dejar de tomar decisiones y medidas que obstaculicen este desarrollo”.
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