Hace unas semanas la Generalitat Valenciana comunicaba la creación del primer “Centro Mediterráneo de Inteligencia Climática” cuyo fin, dijeron, es el de mejorar la previsión de fenómenos extremos. Apenas unos días después, Pedro Sánchez anunciaba la creación de un nuevo panel asesor sobre cambio climático, con el objetivo de proporcionar “análisis independientes, rigurosos y multidisciplinares ante las necesidades planteadas por los departamentos del Gobierno”, así como reforzar “la integración del conocimiento experto en la toma de decisiones públicas”. Podrían parecer dos excelentes noticias, más aún en el marco de la ola de bulos y desinformación que azota a todo lo que rodea el cambio climático, pero son sin embargo la constatación de una peligrosísima estupidez climática.
La Generalitat ha anunciado la creación del Centro Mediterráneo de Inteligencia Climática y la Gobierno, un nuevo panel asesor sobre cambio climático
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
La Generalitat ha anunciado la creación del Centro Mediterráneo de Inteligencia Climática y la Gobierno, un nuevo panel asesor sobre cambio climático

Hace unas semanas la Generalitat Valenciana comunicaba la creación del primer “Centro Mediterráneo de Inteligencia Climática” cuyo fin, dijeron, es el de mejorar la previsión de fenómenos extremos. Apenas unos días después, Pedro Sánchez anunciaba la creación de un nuevo panel asesor sobre cambio climático, con el objetivo de proporcionar “análisis independientes, rigurosos y multidisciplinares ante las necesidades planteadas por los departamentos del Gobierno”, así como reforzar “la integración del conocimiento experto en la toma de decisiones públicas”. Podrían parecer dos excelentes noticias, más aún en el marco de la ola de bulos y desinformación que azota a todo lo que rodea el cambio climático, pero son sin embargo la constatación de una peligrosísima estupidez climática.
Empecemos por el gobierno autonómico. A nadie se le escapa que, cuando Juanfran Pérez Llorca, presidente de la Generalitat, insiste en que “no existe en Europa un organismo de carácter regional que integre ciencia atmosférica de excelencia, inteligencia climática, anticipación de riesgos complejos y apoyo directo a la toma de decisiones públicas en el ámbito mediterráneo” está lanzando un dardo mezquino y envenenado a todas las instituciones europeas, estatales y autonómicas que sí juegan ese papel. Si lo que pasó en la dana de 2024 es que faltaba información -la tesis defendida por el Consell en contra de todas las evidencias científicas, ciudadanas y judiciales-, la exculpación es la consecuencia lógica. ¿Cómo iban a actuar correctamente si no disponían de las herramientas necesarias para ello?
Una excusa tan falsa como dolorosa para las personas que perdieron a amigos, familiares, mascotas y a un trozo de su vida e identidad. Como cruel debe ser escuchar a Pérez Llorca cuando afirma que se debe mejorar la información y “traducirla en acciones concretas que puedan ayudar a la ciudadanía a prevenir situaciones, algo que hasta ahora no se había realizado”. ¿Cómo se atreve el heredero de Carlos Mazón a hablar de “acciones concretas” que puedan “ayudar a la ciudadanía a prevenir situaciones”? ¿Cómo es capaz de soltar tamaña desvergüenza, de ensuciar y herir así la memoria de quienes fallecieron hace casi dos años? La única “acción concreta” necesaria para “prevenir situaciones” -y ruego que me disculpen la insistente literalidad- era haber sido capaz de juntar tres neuronas entre todo el Consell y dar un aviso a tiempo. Teníamos suficiente “inteligencia climática” disponible desde hacía ya varios días: los informes y avisos de AEMET y los servicios meteorológicos de la radiotelevisión autonómica eran inequívocos en lo que se refería a la peligrosidad y excepcionalidad del episodio de lluvias previsto para aquel martes fatídico.
Llegados a este punto, puede parecer exagerado colocar a Pedro Sánchez al lado del máximo representante de un Consell negacionista e incapaz, pero lamentablemente el presidente del gobierno y su ministerio de transición ecológica se han ganado a pulso la crítica. Anunciaba Sánchez un panel de expertos a rebufo de los incendios, de los cuales lo que más parece interesarle, más que su evolución o lo que implican sobre el territorio, es el posible rédito político que se deriva de la puerta que le abre el fuego para colocar el cambio climático en la centralidad del debate político. Desde su atalaya, custodiada por una ciencia que se desgasta de tanto nombrarla, se cree poseedor de una verdad universal sobre la que edificar un pacto que busca, más que llegar a un acuerdo, que le den la razón.
El problema es que el panel anunciado por Sánchez ofrece la impresión de que no existe un organismo o entidad capaz de realizar sus funciones, de traducir el conocimiento científico a acciones que puedan ser tomadas por los departamentos ministeriales o por la propia presidencia del gobierno. Y eso es falso.
Este panel se suma (y superpone) a una panoplia de iniciativas distintas: desde el “Comité de Expertos de Cambio Climático y Transición Energética” previsto en la Ley de Cambio Climático en ¡2021!, hasta la Asamblea Climática, cuyo interesantísimo documento de conclusiones lleva en un cajón desde 2022, pasando por una Oficina Nacional de Asesoramiento Científico. Pero es que, más allá de comités, el gobierno dispone de numerosos departamentos que ya realizan la labor que supuestamente llevará a cabo el nuevo panel (eso, si llega a ver la luz y no se queda en papel mojado como el de 2021). Los cuerpos técnicos del Estado, la Oficina Española de Cambio Climático, el Observatorio de Salud y Cambio Climático, distintos centros de investigación del CSIC y las universidades públicas son algunos de los organismos que ya proporcionan esa información que Sánchez dice echar en falta.
De la misma forma que no hacía falta más información para evitar la tragedia humana provocada por la dana de 2024 -y de ahí la responsabilidad personal, política y esperemos que penal de un president y un Consell que abandonó a los valencianos y valencianas-, tampoco hace falta crear un nuevo panel de expertos para saber qué hacer frente al cambio climático. Sánchez y Llorca hablan de inteligencia y ciencia, pero con esa artimaña dialéctica únicamente constatan su estupidez y bisoñez climática.
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