La segunda gran ola inflacionista global en los últimos cinco años, desencadenada en este caso por la guerra de Irán y el cierre del estrecho de Ormuz, impactará de nuevo con especial virulencia en España. Ya había indicios de ello, como la escalada del IPC hasta el 4,3% en agosto o el ensanchamiento del diferencial de inflación de España con el resto de las economías del euro hasta los 1,4 puntos -más allá del umbral en el que este indicador empieza a erosionar la competitividad de los bienes y servicios españoles respecto a los de sus competidores-, pero la última actualización de las previsiones de la OCDE, difundida este miércoles, ha venido a constatar que la presión se mantendrá al menos dos años y que no se quedará en el precio de la energía, sino que se contagiará al conjunto de la economía.Los analistas de la OCDE se han visto obligados a revisar de forma sustancial al alza su previsión de inflación para España respecto a la formulada hace solo tres meses. Ahora creen que la inflación media de este año se situará en el 3,7% (antes 3,3%) y la del ejercicio que viene en 3,4% (antes 2,9%). Ninguna otra gran economía del euro tendrá una inflación tan alta en estos dos ejercicios y a ninguna le ha afectado tanto la prolongación del conflicto en Irán y las distorsiones en los mercados energéticos que este ha creado. La media de inflación de las grandes economías de la eurozona se quedará en el 3% este año, tras revisarse dos décimas al alza, y en el 2,9% el que viene, tras añadirle cuatro décimas, y solo Alemania, inmersa en un fenomenal ciclo de inversión pública para tratar de sacar a su economía del estancamiento, tendrá el año que viene una inflación por encima del 3% dentro del grupo formado por la propia Alemania, España, Italia y FranciaEl informe aporta otro dato incluso más inquietante y es que será nuevamente España la gran economía del euro en que se prevé que haya un mayor contagio desde la espiral de precios de la energía al resto de la cesta de la compra. La inflación subyacente, que es la que ofrece una imagen más ajustada del encarecimiento del coste de la vida al eliminar los precios más sometidos a fluctuaciones, como los alimentos o la energía, se situaría, según los analistas de la OCDE, en el 3,4% este año y en el 2,9% el que viene, tras revisar al alza cinco décimas la de este año y tres la de 2027. La conclusión es que la práctica totalidad de la revisión al alza que la OCDE ha aplicado a los precios en España no se deben al encarecimiento de la energía, sino al contagio de estos sobre el resto de la economía, justo lo que el Gobierno está intentando evitar con sus planes de apoyo para rebajar el precio del combustible y de otros componentes energéticos.Mejores noticias vienen del lado del crecimiento agregado, replicando de alguna manera el modelo de comportamiento que ha tenido la economía española durante los últimos años: fuertes crecimientos del PIB pero escala cuando no nula traslación a la mejora del nivel de bienestar de los ciudadanos, con avances marginales del PIB per cápita o la renta por hogar.En un contexto de atonía general, la OCDE ha revisado de forma significativa al alza su expectativa de crecimiento para España en 2026, hasta el 2,6%, desde el 2,2% previsto en junio; e incluso para el año que viene también le ha añadido una décima hasta el 1,8%. Prevé, por tanto, una desaceleración más pronunciada en 2027, determinada por el incremento de los precios y el impacto de estos sobre el consumo de los hogares, pero con unos niveles de crecimiento mucho más elevados que sus principales socios del euro. Alemania crecerá un 1,1% tanto en 2026 como en 2027, tras haber dejado atrás la recesión; la situación crítica de Francia se acentuará con un mínimo crecimiento del 0,4% este año y del 0,7% en 2027; y para Italia se prevé un avance del 0,9% este año y del 0,6% el que viene. La segunda gran ola inflacionista global en los últimos cinco años, desencadenada en este caso por la guerra de Irán y el cierre del estrecho de Ormuz, impactará de nuevo con especial virulencia en España. Ya había indicios de ello, como la escalada del IPC hasta el 4,3% en agosto o el ensanchamiento del diferencial de inflación de España con el resto de las economías del euro hasta los 1,4 puntos -más allá del umbral en el que este indicador empieza a erosionar la competitividad de los bienes y servicios españoles respecto a los de sus competidores-, pero la última actualización de las previsiones de la OCDE, difundida este miércoles, ha venido a constatar que la presión se mantendrá al menos dos años y que no se quedará en el precio de la energía, sino que se contagiará al conjunto de la economía.Los analistas de la OCDE se han visto obligados a revisar de forma sustancial al alza su previsión de inflación para España respecto a la formulada hace solo tres meses. Ahora creen que la inflación media de este año se situará en el 3,7% (antes 3,3%) y la del ejercicio que viene en 3,4% (antes 2,9%). Ninguna otra gran economía del euro tendrá una inflación tan alta en estos dos ejercicios y a ninguna le ha afectado tanto la prolongación del conflicto en Irán y las distorsiones en los mercados energéticos que este ha creado. La media de inflación de las grandes economías de la eurozona se quedará en el 3% este año, tras revisarse dos décimas al alza, y en el 2,9% el que viene, tras añadirle cuatro décimas, y solo Alemania, inmersa en un fenomenal ciclo de inversión pública para tratar de sacar a su economía del estancamiento, tendrá el año que viene una inflación por encima del 3% dentro del grupo formado por la propia Alemania, España, Italia y FranciaEl informe aporta otro dato incluso más inquietante y es que será nuevamente España la gran economía del euro en que se prevé que haya un mayor contagio desde la espiral de precios de la energía al resto de la cesta de la compra. La inflación subyacente, que es la que ofrece una imagen más ajustada del encarecimiento del coste de la vida al eliminar los precios más sometidos a fluctuaciones, como los alimentos o la energía, se situaría, según los analistas de la OCDE, en el 3,4% este año y en el 2,9% el que viene, tras revisar al alza cinco décimas la de este año y tres la de 2027. La conclusión es que la práctica totalidad de la revisión al alza que la OCDE ha aplicado a los precios en España no se deben al encarecimiento de la energía, sino al contagio de estos sobre el resto de la economía, justo lo que el Gobierno está intentando evitar con sus planes de apoyo para rebajar el precio del combustible y de otros componentes energéticos.Mejores noticias vienen del lado del crecimiento agregado, replicando de alguna manera el modelo de comportamiento que ha tenido la economía española durante los últimos años: fuertes crecimientos del PIB pero escala cuando no nula traslación a la mejora del nivel de bienestar de los ciudadanos, con avances marginales del PIB per cápita o la renta por hogar.En un contexto de atonía general, la OCDE ha revisado de forma significativa al alza su expectativa de crecimiento para España en 2026, hasta el 2,6%, desde el 2,2% previsto en junio; e incluso para el año que viene también le ha añadido una décima hasta el 1,8%. Prevé, por tanto, una desaceleración más pronunciada en 2027, determinada por el incremento de los precios y el impacto de estos sobre el consumo de los hogares, pero con unos niveles de crecimiento mucho más elevados que sus principales socios del euro. Alemania crecerá un 1,1% tanto en 2026 como en 2027, tras haber dejado atrás la recesión; la situación crítica de Francia se acentuará con un mínimo crecimiento del 0,4% este año y del 0,7% en 2027; y para Italia se prevé un avance del 0,9% este año y del 0,6% el que viene.
La segunda gran ola inflacionista global en los últimos cinco años, desencadenada en este caso por la guerra de Irán y el cierre del estrecho de Ormuz, impactará de nuevo con especial virulencia en España. Ya había indicios de ello, como la escalada del IPC … hasta el 4,3% en agosto o el ensanchamiento del diferencial de inflación de España con el resto de las economías del euro hasta los 1,4 puntos -más allá del umbral en el que este indicador empieza a erosionar la competitividad de los bienes y servicios españoles respecto a los de sus competidores-, pero la última actualización de las previsiones de la OCDE, difundida este miércoles, ha venido a constatar que la presión se mantendrá al menos dos años y que no se quedará en el precio de la energía, sino que se contagiará al conjunto de la economía.
Los analistas de la OCDE se han visto obligados a revisar de forma sustancial al alza su previsión de inflación para España respecto a la formulada hace solo tres meses. Ahora creen que la inflación media de este año se situará en el 3,7% (antes 3,3%) y la del ejercicio que viene en 3,4% (antes 2,9%). Ninguna otra gran economía del euro tendrá una inflación tan alta en estos dos ejercicios y a ninguna le ha afectado tanto la prolongación del conflicto en Irán y las distorsiones en los mercados energéticos que este ha creado. La media de inflación de las grandes economías de la eurozona se quedará en el 3% este año, tras revisarse dos décimas al alza, y en el 2,9% el que viene, tras añadirle cuatro décimas, y solo Alemania, inmersa en un fenomenal ciclo de inversión pública para tratar de sacar a su economía del estancamiento, tendrá el año que viene una inflación por encima del 3% dentro del grupo formado por la propia Alemania, España, Italia y Francia
El informe aporta otro dato incluso más inquietante y es que será nuevamente España la gran economía del euro en que se prevé que haya un mayor contagio desde la espiral de precios de la energía al resto de la cesta de la compra. La inflación subyacente, que es la que ofrece una imagen más ajustada del encarecimiento del coste de la vida al eliminar los precios más sometidos a fluctuaciones, como los alimentos o la energía, se situaría, según los analistas de la OCDE, en el 3,4% este año y en el 2,9% el que viene, tras revisar al alza cinco décimas la de este año y tres la de 2027. La conclusión es que la práctica totalidad de la revisión al alza que la OCDE ha aplicado a los precios en España no se deben al encarecimiento de la energía, sino al contagio de estos sobre el resto de la economía, justo lo que el Gobierno está intentando evitar con sus planes de apoyo para rebajar el precio del combustible y de otros componentes energéticos.
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