El incendio que se originó a primera hora de la tarde del jueves en Los Gallardos (Almería) se ha convertido en el más trágico de la comunidad andaluza, con al menos 12 muertos y 23 personas no localizadas. El atractivo de esta zona, una sierra escapada, al filo de la costa, con cortijos y viviendas diseminadas y aisladas, se convirtió en una trampa mortal cuando las llamas provocadas, aparentemente, por la rotura de un cable a escasos metros de la carretera, empezaron a avanzar a una velocidad inusitada que alcanzó los 100 metros por segundo. La orografía y la dispersión de los núcleos de población hacían que las instrucciones para mantenerse a salvo que valían para unos, como por ejemplo confinarse, no valieran en absoluto para otros, que necesitaban ser evacuados; y que incluso los caminos que servían para huir del fuego en unos casos no fueran recomendables en otros. Por eso la Junta de Andalucía decidió no enviar una alerta Es-Alert a los móviles.
Los expertos reconocen que el sistema Es-Alert es la mejor herramienta para alertar a la población, pero no está preparado para delimitar mensajes en áreas muy pequeñas
El incendio que se originó a primera hora de la tarde del jueves en Los Gallardos (Almería) se ha convertido en el más trágico de la comunidad andaluza, con al menos 12 muertos y 23 personas no localizadas. El atractivo de esta zona, una sierra escapada, al filo de la costa, con cortijos y viviendas diseminadas y aisladas, se convirtió en una trampa mortal cuando las llamas provocadas, aparentemente, por la rotura de un cable a escasos metros de la carretera, empezaron a avanzar a una velocidad inusitada que alcanzó los 100 metros por segundo. La orografía y la dispersión de los núcleos de población hacían que las instrucciones para mantenerse a salvo que valían para unos, como por ejemplo confinarse, no valieran en absoluto para otros, que necesitaban ser evacuados; y que incluso los caminos que servían para huir del fuego en unos casos no fueran recomendables en otros. Por eso la Junta de Andalucía decidió no enviar una alerta Es-Alert a los móviles.
“Esos mensajes no se pueden dar a la carta, sino que llegan a todas las personas que están conectadas a una determinada antena”, sostuvo anoche el director general de la Agencia de Emergencias de Andalucía (EMA), Alejandro García, reiterando las explicaciones que ya había dado el vicepresidente primero del Gobierno andaluz y consejero de Emergencias, Antonio Sanz, y que esta misma mañana ha vuelto a recalcar: “Si la comunicación de desalojo va a llegar a mil vecinos cuando tiene que llegar solo a 20 vecinos, decida si es mejor hablarle personalmente a cada vecino o mandar un mensaje que hubiera provocado daños irreparables y confusión a la población”, ha señalado, para defender la opción por la que se decantó la Junta de ir casa por casa avisando a los residentes a través de voluntarios, policía local y agentes de la Guardia Civil.
Los expertos consultados por este diario coinciden en que para zonas rurales tan diseminadas la tecnología Es-Alert no es tan eficaz, debido a que, de momento, impide discriminar diferentes mensajes dentro de un ámbito muy definido de cobertura. “El sistema tiene una cobertura a través de repetidores y, aunque puedes delimitar ciertas zonas, ese alcance es grosero y no se han desarrollado todavía mecanismos para discernir y llegar a zonas muy concretas y específicas”, explica Jesús Miranda, director de la Cátedra de Seguridad, Emergencias y Catástrofes de la Universidad de Málaga.
Alonso Chaves, geólogo y profesor del Área de Geodinámica Interna de la Universidad de Huelva, experto en terremotos e impulsor de los planes de autoprotección contra los tsunamis en esa provincia, está precisamente trabajando en un artículo científico sobre cómo afrontar una situación de emergencia cuando una misma realidad puede exigir dos mensajes diferentes, para evitar que una misma orden no genere respuestas indeseadas. “Esto es como si pones una lupa de aumento; si amplías mucho una zona, lo haces de manera genérica, no puedes ampliar o empequeñecer otra que está dentro del alcance de esa lupa”, ejemplifica. “Hay que discriminar los mensajes tecnológicamente. Ahora mismo, para las emergencias, no hay sistema mejor que el Es-Alert, pero llega hasta donde llega y no llega a niveles como Los Gallardos”, advierte.
El sistema Es-Alert, que puede cubrir desde un kilómetro hasta todo el territorio nacional, no permite todavía discriminar en zonas muy específicas, ni enviar distintos mensajes dentro del mismo perímetro de alcance determinado, lo que deja en evidencia “el olvido de los núcleos de población rurales y más dispersos”, como destaca Antonio Jordán, profesor e investigador de la Universidad de Sevilla y experto en la gestión de suelos e incendios forestales. Él llama la atención sobre otro de los argumentos que ha ofrecido el Gobierno de Juan Manuel Moreno, para justificar que no se enviara la Es-Alert, que existían problemas de cobertura y algunas infraestructuras de telecomunicaciones habían resultado afectadas por el incendio. “Existen informes de Telefónica de que se cayeron muchos postes de comunicación y hubo muchas poblaciones incomunicadas y, por tanto, con la incomunicación no hubiera habido efecto”, ha dicho Sanz. “El sistema Es-Alert depende de la densidad de antenas de radio y, si en determinadas zonas de Andalucía están muy diseminadas unas de otras, si hay problemas, no se cubre todo el alcance”, indica.
“El campanario sigue siendo la solución más eficaz”
En incendios como el de Los Gallardos, la solución más eficaz es la que ha funcionado siempre en las zonas rurales. “El campanario sigue siendo el sistema más eficaz”, señala Miranda, recordando la llamada de las campanas que avisaban a los vecinos de los pueblos de la existencia de fuego. “No podemos perder el sentido común y, en situaciones así, además de los sistemas de alerta tecnológicos, hay que optar por la respuesta de siempre, avisar puerta a puerta”, abunda Chaves.
La propia Secretaría General de Protección Civil advierte en su página web de que el sistema Es-Alert “complementa, pero no sustituye, a los actuales sistemas de alerta mediante sirenas o megafonía”. Los investigadores están trabajando también en incorporar la tecnología a estos sistemas de prevención más tradicionales y rudimentarios para llegar a esos núcleos dispersos, como los de Los Gallardos en Almería. En la UMA, explica Miranda, están desarrollando nuevas tecnologías para emergencias, como drones que puedan sobrevolar esas áreas de difícil acceso y enviar directamente avisos por megafonía. “La administración debería estar más en contacto con el mundo de la academia y de la ciencia, donde se está desarrollando tecnología aplicada a la prevención y la extinción”, remarca Miranda.
Si este tipo de orografía, bastante común en España y en Andalucía, no tiene garantizado, de momento, un sistema de alerta que pueda delimitar con precisión los mensajes en áreas muy pequeñas, la administración debería preocuparse “no tanto en tener planes de emergencias, sino de autoprotección adaptadas a sus particulares circunstancias y condiciones climáticas y físicas”, advierte el profesor de la UMA. Antes de cómo se envían las alertas, la prioridad debería estar en la prevención, coincide Jordán. “Tenemos un fracaso en la política forestal”, advierte.
“Con este incendio en Almería se ha vuelto a poner sobre la mesa un asunto del que normalmente no se habla en prevención y lucha contra el fuego, que es el control del residencial disperso, esas edificaciones que empiezan a aparecer en zonas forestales, normalmente en zonas arboladas, porque son más atractivas desde el punto de vista visual y paisajístico”, coincide Alfonso Doctor, profesor de Geografía Humana de la Universidad de Huelva y autor de varios estudios de referencia sobre grandes incendios forestales en Andalucía. Esta circunstancia complica las tareas de extinción, advierte el experto, “porque la primera prioridad es salvar la vida de las personas, la segunda, salvar las edificaciones, que son propiedades de esas personas, y lo tercero ya sería evitar la expansión del incendio por el monte”.
“¿Qué hacemos con estas casitas diseminadas por el bosque, donde antiguamente vivía gente que manejaba el bosque y el entorno, pero que ahora ya no lo hacen porque se han convertido en residencias de veraneo?”, se pregunta Jordán, que llama la atención sobre este modelo de vivienda vacacional muy común en las provincias de Cádiz, Málaga y Granada. “Esto implica que tenemos muchos pequeños perímetros expuestos tanto al riesgo de ocasionar incendios como al de catástrofe si hay un incendio”, abunda.
Una catástrofe que es complicado que no se dé, como coinciden tanto Jordán como Doctor, porque “el efecto del cambio climático con las altas temperaturas propicia su alta velocidad de avance”, como explica este último. El de Los Gallardos llegó a avanzar 100 metros por minuto.
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