Ansar Allah (Partidarios de Dios), la milicia yemení conocida como “hutíes”, ha dado este jueves un paso más en la guerra que mantiene con Arabia Saudí, la gran potencia regional suní, pausada desde 2022 pero reactivada el pasado mes de julio. Los insurgentes yemeníes han amenazado a las compañías aéreas para que dejen de surcar el espacio aéreo saudí, que han definido como “el escenario de operaciones militares”. En el mismo comunicado, en el que incluían lo que el portavoz militar del grupo definía como su “última advertencia” a las aerolíneas, los hutíes han reivindicado el supuesto impacto de un misil balístico contra el aeropuerto internacional Rey Jalid de Riad este jueves.
La milicia advierte de que los cielos saudíes son “escenario de operaciones militares”. Tres personas han muerto desde el martes en ataques contra el aeropuerto internacional de Riad y el de Abha
Ansar Allah (Partidarios de Dios), la milicia yemení conocida como “hutíes”, ha dado este jueves un paso más en la guerra que mantiene con Arabia Saudí, la gran potencia regional suní, pausada desde 2022 pero reactivada el pasado mes de julio. Los insurgentes yemeníes han amenazado a las compañías aéreas para que dejen de surcar el espacio aéreo saudí, que han definido como “el escenario de operaciones militares”. En el mismo comunicado, en el que incluían lo que el portavoz militar del grupo definía como su “última advertencia” a las aerolíneas, los hutíes han reivindicado el supuesto impacto de un misil balístico contra el aeropuerto internacional Rey Jalid de Riad este jueves.
La víspera, la Autoridad General de Aviación Civil de Arabia Saudí había confirmado en un comunicado reproducido por los diarios saudíes las tres primeras víctimas —probablemente civiles pues ninguno de ellos es saudí— de esos ataques contra aeropuertos comerciales, pero sin nombrar a los hutíes. El miércoles, un bombardeo sobre el aeropuerto internacional de la capital saudí mató a un hombre de nacionalidad sudanesa e hirió al menos a ocho personas. El día anterior, otra arremetida, esta vez contra el aeródromo de Abha, cerca de la frontera con Yemen, provocó la muerte a dos mujeres, una marroquí y otra argelina, e hirió a alrededor de 30 personas.
En el comunicado en el que se cita al portavoz militar de los hutíes, el general de brigada Yahya Sari, y en el que define los cielos saudíes como “escenario de operaciones militares”, se exceptua únicamente el espacio aéreo sobre las ciudades santas de La Meca y Medina. Arabia Saudí ha acusado a los hutíes de haber lanzado drones sobre esas urbes sagradas para los musulmanes, un reproche que los insurgentes yemeníes han negado tajantemente.
Los ataques contra aeropuertos saudíes e infraestructuras petrolíferas del reino árabe, que han disparado el precio del petróleo, se producen además en medio de una escalada de los combates en Yemen, donde las fuerzas leales al gobierno reconocido internacionalmente luchan con el apoyo de Arabia Saudí contra los rebeldes hutíes.
Esas fuerzas gubernamentales lanzaron la semana pasada una contraofensiva para recuperar el territorio que los milicianos chiíes, aliados de Irán, capturaron el mes pasado y que les permitió amenazar el tráfico marítimo por el estratégico estrecho de Bab el Mandeb, la puerta meridional al mar Rojo y al Canal de Suez. El Consejo de Liderazgo Presidencial (el gobierno reconocido yemení) afirma ahora haber retomado la ciudad portuaria de Mocha, en el mar Rojo, y arrebatado a los hutíes el control de ese estrecho.
Sin embargo, al igual que sucedió con esa amenaza a los barcos —que los hutíes se apresuraron muy pronto a circunscribir a los buques saudíes—, la advertencia a las aerolíneas para que no vuelen a Arabia Saudí ni siquiera precisa de ataques reales para ser efectiva. La razón es que la mera posibilidad de que los rebeldes derriben un avión comercial podría llevar a las compañías aéreas a abstenerse de utilizar el espacio aéreo saudí. Esa amenaza ha cobrado además verosimilitud desde el pasado 19 de septiembre, cuando los insurgentes alcanzaron por primera vez con un misil el aeropuerto internacional Rey Jalid de Riad.
Arabia Saudí confirmó el pasado lunes su participación en la contraofensiva gubernamental yemení para recuperar territorio tomado por los hutíes, al anunciar que un centenar de sus aviones de combate brindan apoyo aéreo “24 horas al día” al avance de las tropas terrestres del Consejo de Liderazgo Presidencial. Fuerzas navales saudíes les ofrecen también respaldo marítimo en las aguas cercanas a la localidad de Hodeidah, el puerto más importante del tercio de territorio de Yemen bajo dominio de los insurgentes.
El portavoz de esa coalición, el general Turki al Maliki, se ha referido este jueves a los ataques hutíes contra objetivos civiles como los aeropuertos y asegurado que estos “no quedarán impunes”. Al Maliki ha anunciado que las fuerzas de la coalición han destruido 82 objetivos militares hutíes, centros de mando y almacenes de misiles en diversas provincias bajo dominación de los rebeldes. La coalición había asegurado previamente haber inutilizado la plataforma de lanzamiento de misiles utilizada en los ataques que alcanzaron el aeropuerto de Riad.
La guerra abierta entre los hutíes y las fuerzas gubernamentales con respaldo saudí se reanudó el pasado mes de julio, tras cuatro años de pausa inestable propiciada por el alto el fuego rubricado por ambos en 2022. Esa tregua no acabó con el conflicto, pero sí dejó en el limbo las hostilidades que estallaron entre ambos en 2014, cuando los hutíes se hicieron con la capital, Saná, un año antes de que Arabia Saudí se implicara en favor del Gobierno en una guerra en la que los hutíes se revelaron un enemigo no tan pequeño.
El 13 de julio, las fuerzas gubernamentales yemeníes bombardearon la pista de aeropuerto de Saná – en la zona controlada por los hutíes- para impedir el aterrizaje de un avión en el que viajaba la delegación de los insurgentes chiíes que había asistido al funeral del líder supremo de Irán, Ali Jameneí. Ese ataque y la posterior réplica hutí avivaron los rescoldos de la guerra. Los hutíes lanzaron entonces la ofensiva relámpago que les permitió tomar en unas pocas semanas más de 160 kilómetros de la costa del país en el mar Rojo y amenazar el tráfico marítimo por Bab el Mandeb, el estrecho por donde en tiempos normales transita el 30% del tránsito mundial de contenedores y alrededor del 8% del petróleo del planeta.
Con el otro estrecho vital en la región, el de Ormuz, cerrado por su aliado iraní, ese control colocó en un serio aprieto a Arabia Saudí, que había estado utilizando esas aguas como alternativa a Ormuz.
La reacción saudí ante el avance de los hutíes ha sido, no solo aumentar su apoyo a las fuerzas gubernamentales, sino también cerrar filas con aliados regionales. El pasado lunes, Arabia Saudí, Pakistán y Turquía activaron por primera vez, incluso antes de su ratificación completa, el llamado Pacto de La Meca, firmado el pasado mes de agosto, una alianza defensiva que se ha comparado con una especie de “OTAN islámica”. Turquía y Pakistán han acordado enviar tropas y equipamiento militar para defender el territorio saudí, sus ciudades sagradas y sus enormes infraestructuras petroleras.
Feed MRSS-S Noticias
