
El inicio del curso escolar no siempre supone, para todos, el acceso al comedor. Así lo refleja el informe Vuelta al cole, ¿vuelta al comedor?, de la ONG Educo, que estima que 1,2 millones de niños, niñas y adolescentes en riesgo de pobreza o exclusión social —el 54,7% del alumnado vulnerable— quedan fuera del sistema de becas y ayudas al comedor. En España, uno de cada tres menores (33,8%) está en riesgo de pobreza o exclusión social, según el dossier. En concreto, la organización calcula que más de dos millones de menores escolarizados se encuentran en esta situación, de los que 981.000 reciben algún tipo de dotación económica.
Un informe estima que 1,2 millones de escolares en peligro de exclusión social quedan fuera del sistema de ayudas
El inicio del curso escolar no siempre supone, para todos, el acceso al comedor. Así lo refleja el informe Vuelta al cole, ¿vuelta al comedor?, de la ONG Educo, que estima que 1,2 millones de niños, niñas y adolescentes en riesgo de pobreza o exclusión social —el 54,7% del alumnado vulnerable— quedan fuera del sistema de becas y ayudas al comedor. En España, uno de cada tres menores (33,8%) está en riesgo de pobreza o exclusión social, según el dossier. En concreto, la organización calcula que más de dos millones de menores escolarizados se encuentran en esta situación, de los que 981.000 reciben algún tipo de dotación económica.
Pilar Orenes, directora general de Educo, ha señalado durante la presentación del informe que la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) es la etapa que presenta más dificultades de acceso a este servicio: la mayoría de los menores vulnerables que no reciben estas ayudas estudia en este ciclo, donde solo el 18% de los centros públicos dispone de comedor escolar. “Estos niños y niñas vienen de un verano en el que han tenido menos oportunidades de ocio que sus compañeros de clase, muchos de ellos y ellas han estado en casas que no están preparadas para las olas de calor extremo que hemos vivido. Ahora, en el inicio del curso se enfrentan a otro reto que los sitúa en clara desventaja: no tener acceso a la comida escolar y al espacio del mediodía”, explica Orenes en una nota.

“Las ayudas no ponen a los niños y niñas en el centro”, ha explicado Orenes en la presentación del informe. Lo decía al ser preguntada por la paradoja de que, pese al aumento de la inversión de las administraciones públicas —que alcanzó los 659,4 millones de euros en el curso 2024/2025, un 2,6% más que el año anterior—, más de un millón de niños en riesgo de pobreza queden fuera de las ayudas. Orenes ha destacado que los trámites burocráticos a los que deben enfrentarse las familias para optar a estas prestaciones económicas pueden suponer también una barrera, especialmente por los cambios en los criterios para acceder a las becas respecto a años anteriores.
La desigualdad en la obtención de las ayudas de comedor varía en función de la comunidad autónoma. Las mayores brechas entre la proporción de menores en riesgo de pobreza o exclusión social y el alcance de las ayudas se registran, según el informe, en Melilla, donde el 60,2% de los menores se encuentra en esta situación, frente al 2,8% de los estudiantes que reciben becas de comedor. Le seguirían la Región de Murcia (44,6% frente al 2,3%), Ceuta (40,9% frente al 7,2%), Castilla-La Mancha (43,4% y al 8,4%) y Extremadura, con un 34,7% de alumnos vulnerables y donde las ayudas solo alcanzan al 0,58%, cinco regiones con escasas ayudas pese a sus elevadas tasas de pobreza o exclusión social.
La situación presenta un mayor equilibrio en Galicia y el País Vasco, territorios donde existe una relación más próxima entre la dimensión de la vulnerabilidad y el alcance de las ayudas, según explica la ONG. En una posición intermedia se encuentran Cataluña, Canarias y la Comunidad Valenciana, con porcentajes destacables de alumnado becado, pero también con altas tasas de pobreza infantil.
María Lafuente Funes, especialista en incidencia política de Educo, ha subrayado en declaraciones a los medios tras la presentación del informe que la Comunidad de Madrid presenta una particularidad: aunque el 13,5% de los estudiantes reciben una beca, estas no cubren el 100% del coste de la comida. El precio medio diario del comedor escolar, según el informe, es de 5,57 euros. Lafuente Funes ha detallado que las subvenciones concedidas por la Comunidad cubren, de media, el 48%. “Solo el 1,5% de las prestaciones económicas que otorgan a las familias beneficiarias cubren todo”, ha añadido.
El informe reclama que, dada esta situación tan diversa, el comedor gratuito universal debería ser un objetivo a conseguir para toda España. Para respaldarlo, Educo asegura que es una medida costosa, pero asumible, dada la importancia que tiene este servicio en la salud, el desarrollo y el rendimiento escolar de los menores. Los cálculos de la ONG muestran que garantizar este acceso de forma universal tendría un coste de 6.165 millones de euros por curso escolar, el equivalente al 0,37% del PIB nacional. España destina actualmente el 4,34% de su PIB a educación, por debajo de la media de la Unión Europea, que se sitúa en el 4,65%. Si se incorporara ese coste del comedor, el gasto educativo español subiría hasta el 4,71%, según las cuentas de Educo, ligeramente por encima de la media europea y aún por debajo de países como Suecia (6,8%) y Finlandia (6,29%), que garantizan el comedor escolar universal en las etapas educativas obligatorias.
Conseguir que el acceso a alimentación en la escuela sea universal supondría un respiro para las familias que no solo no pueden ofrecer a sus hijos una alimentación sana y equilibrada, sino que también necesitan compatibilizar su papel como madres y padres con su vida laboral. Es el caso de Leudymar, que explica que, antes de recibir la ayuda, tenía que recoger a sus hijos al mediodía y prepararles la comida antes de volver a llevarlos a las actividades escolares. “Cuando no tenía la beca de Educo no podía trabajar, porque ningún puesto de trabajo me iba a ofrecer un horario en el que pudiera estar en mi casa a las 12 para recoger a los niños”, cuenta en un testimonio proporcionado por la ONG. La beca, añade, le permitió acceder a una jornada laboral de ocho horas y despreocuparse de la alimentación de sus hijos durante la jornada escolar, lo que ha supuesto para ella un “alivio” al “agotamiento físico” que experimentaba.
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