Con el fallecimiento de Carlos Garaikoetxea, este lunes a los 87 años, desaparece una figura trascendental de la transición política vasca, de los primeros años de la democracia en una Euskadi marcada por el terrorismo. El Gobierno vasco ha decretado tres días de luto oficial por el fallecimiento.
Tras su paso por la presidencia del Gobierno Vasco con el PNV, fundó y presidió Eusko Alkartasuna
Con el fallecimiento de Carlos Garaikoetxea, este lunes a los 87 años, desaparece una figura trascendental de la transición política vasca, de los primeros años de la democracia en una Euskadi marcada por el terrorismo. El político, que ha fallecido de un infarto en su ciudad natal, Pamplona, fue el primer lehendakari del Gobierno vasco en la España democrática y protagonista de la negociación del Estatuto vasco con el presidente Adolfo Suárez. También protagonizó la crisis más grave del PNV en democracia con la escisión del nuevo partido, Eusko Alkartasuna, que él encabezó. Su origen navarro marcó, primero, su destino político y, después, su radicalidad política en el nacionalismo vasco.
Entró en el PNV de la mano del veterano político navarro Manuel de Irujo, dirigente peneuvista y ministro de Justicia en el Gobierno de la República en 1937. Su oratoria, su estilo educado, su carisma y, sobre todo, su origen navarro fueron decisivos para que en 1977 fuera elegido presidente del PNV, tras la Asamblea de Pamplona de marzo de aquel año, la primera del nacionalismo vasco tras la muerte de Franco. El PNV lanzaba, con la figura del navarro Garaikoetxea —procedente del campo empresarial, sin antecedentes políticos— un guiño a sus aspiraciones de incorporar Navarra a la comunidad vasca cuando aún no se había pergeñado ni la Constitución ni el mapa del Estado de las autonomías.
Hablar de Garaikoetxea obliga a hablar de Xabier Arzalluz y del original sistema organizativo del PNV, la bicefalia. En 1977, mientras Arzalluz encabezó el grupo parlamentario del PNV en las Cortes Constituyentes, Garaikoetxea dirigía el partido. Protagonizaron un primer desencuentro en el debate constitucional. Garaikoetxea defendió, desde el partido, posiciones radicales frente al moderantismo de Arzalluz, cabeza del grupo parlamentario, imponiéndose finalmente la abstención ante la Ley Fundamental.
Finalizado el debate constitucional, Arzalluz fue elegido presidente del PNV y Garaikoetxea lideró el Consejo General vasco, un gobierno de concentración, lo que le permitió dirigir la negociación del Estatuto vasco con el presidente Adolfo Suárez. Su impronta fue decisiva en un texto que contó con el apoyo de los partidos vascos, excepto Herri Batasuna. Fue su principal y decisiva aportación a la política vasca: El Estatuto de Gernika.
En 1980 fue elegido lehendakari en las primeras elecciones autonómicas vascas, el año que ETA cometió el mayor número de asesinatos de su historia Su mandato fue muy controvertido. La ausencia de Navarra de la comunidad vasca y la presión de Herri Batasuna, nacionalista radical y antisistema, lo marcaron y radicalizó su política nacionalista enfrentándose a los partidos no nacionalistas: PSE-PSOE, Euskadiko Ezkerra y Coalición Popular.
Durante el mandato de Garaikoetxea se confirmó que el Estatuto vasco no frenaba a ETA y el lehendakari cometió el error de corresponsabilizar del terrorismo al Gobierno central por el lento traspaso a Euskadi de las competencias recogidas en el Estatuto. Confiaba que un desarrollo rápido y completo del Estatuto pararía el terrorismo. Sus relaciones con los gobiernos de UCD primer y luego del PSOE se deterioraron.
Su aislamiento fue progresivo. A su confrontación con los partidos vascos no nacionalistas y con el Gobierno central en 1983 se agudizaron sus enfrentamientos con la dirección de su propio partido, el PNV. La Ley de Territorios Históricos, que pretendía otorgar más poder a las diputaciones frente al Gobierno vasco enfrentó a Arzalluz con Garaikoetxea y provocó una profunda división en el peneuvismo.
La división se agravó con la sanción de la organización navarra del PNV, de la que procedía Garaikoetxea, decidida por la dirección vasca, presidida por Arzalluz, por no asumir la política de pactos para el gobierno en Navarra. Garaikoetxea dimitió a fines de 1984 al perder el apoyo de la dirección del PNV. La crisis culminó en 1986 con la escisión del PNV de Garaikoetxea y sus seguidores con la constitución de un nuevo partido, Eusko Alkartasuna (EA): independentista y crítico con la violencia a diferencia de HB.
Fue la crisis más grave que el PNV ha tenido en la etapa democrática. Partió al PNV en dos. En las elecciones autonómicas de 1986, el PNV tuvo 17 parlamentario
El actual lehendakari, Imanol Pradales, ha lamentado el fallecimiento este lunes de Garaikoetxea, al que se ha referido lehendakari como “arquitecto del autogobierno y del bienestar vasco”. En un mensaje remitido a los medios, Pradales ha aludido al “navarro, euskaldun, abertzale y demócrata” que “ha dicho adiós” como un “firme defensor de los derechos humanos y de la justicia social”, así como “líder en los tiempos más difíciles”, “pragmático y soñador, sensato y valiente, carismático y hombre de equipo y, por encima de todo esto, padre y marido”. “Gracias por haberle dado lo mejor de ti a tu pueblo. Gracias por haber luchado por su libertad. Fue un honor conocerte y haber aprendido de ti . No te fallaremos”, ha señalado Pradales.
Otro sucesor en el cargo de lehendakari, el socialista Patxi López, se ha despedido de Garaikoetxea con afecto: “Carlos Garaikoetxea. Impulsor con Ramón Rubial y algunas otras figuras relevantes del Estatuto de Gernika, el guía que condujo sus primeros pasos y el Lehendakari artífice de buena parte de la Euskadi que conocemos hoy”. “Su figura era sinónimo de respeto institucional y de pensamiento constructivo. Compartí reflexiones y recibí sus consejos que siempre eran acertados y generosos y, sobre todo, el inmenso honor de servir a Euskadi. Le echaremos de menos”, ha asegurado López en su mensaje de X.
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