
El pasado verano muchos hemos seguido con ansiedad y rabia las noticias continuas sobre grandes incendios. Miles de ciudadanos han sufrido en carne propia las consecuencias, obligados a confinarse o desplazarse forzada y precipitadamente. Sin olvidar los muertos ocasionados en Los Gallardos. ¿Por qué no se evitaron estos incendios? ¿Realmente son “inevitables”, como algunos dicen?
En más de 50 años no ha existido una mejora detectable en evitar incendios
El pasado verano muchos hemos seguido con ansiedad y rabia las noticias continuas sobre grandes incendios. Miles de ciudadanos han sufrido en carne propia las consecuencias, obligados a confinarse o desplazarse forzada y precipitadamente. Sin olvidar los muertos ocasionados en Los Gallardos. ¿Por qué no se evitaron estos incendios? ¿Realmente son “inevitables”, como algunos dicen?
El verano ha acabado “oficialmente”. Es oportuno hacer balance, aunque, por desgracia, aún podremos padecer más fuegos. Provisionales y sometidos a pequeñas correcciones futuras, los datos de la administración están disponibles y permiten efectuar algunas reflexiones documentadas y racionales. Desde principios de año hasta finales de septiembre hemos padecido, en toda España, 8.155 incendios, que han quemado 276.856 ha. Si nos fijamos en los incendios grandes (GIF), de más de 500 ha, los que han ocupado muchísimas horas de noticiarios y enormes espacios en los periódicos, hemos padecido 46, los cuales han abrasado el 80% de las mencionadas extensiones. De estos 46, solo cuatro (el 8,7%) se pueden clasificar como naturales, producidos por rayos. Esos 4 incendios quemaron no llega al 1% de las 222.233,90 hectáreas destruidas por los GIF. El resto, la inmensa mayoría, que ocasionaron el 99% de la superficie quemada, fueron resultado de acciones humanas.
Esto tiene una lectura diáfana. La actual de estrategia de prevención que desarrollan las diferentes administraciones ha fracasado estrepitosamente. Un fracaso radical. No se supo evitar el 92% de los grandes incendios (y salvar el 99% de las superficies quemadas por ellos) que tuvieron causas humanas y, por lo tanto, estrictamente evitables. Esto no es ninguna novedad. Los datos que maneja el Ministerio responsable (MITECO) nos informan de que, en el conjunto histórico de datos disponibles para el conjunto del estado, aproximadamente el 90% de todos los incendios tiene causa humana. En el territorio valenciano, donde la asociación, a la que pertenezco, Acció Ecologista-Agró desarrolla sus actividades, hemos podido demostrar, con datos oficiales (de la Generalitat Valenciana) que la media anual de incendios forestales en los últimos 20 años es prácticamente la misma que en los años 70-80 del siglo pasado.
En más de 50 años no ha existido una mejora detectable en evitar incendios. Cero avances, pese a los notables incrementos en inversiones en la lucha contra el fuego. El indicador más claro e incontrovertible de la eficacia en la prevención es la cifra anual de incendios. Esa cifra, en promedio, no se ha movido. Cierto que existe un pequeño porcentaje de incendios (ocasionados por rayos) que no se podrá evitar, pero la inmensa mayoría sí, y no se evita. La diferencia entre tener una media de 400 incendios al año (en el caso valenciano) a tener sólo 80 (los naturales) es inmensa. Implica evitar gastos enormes en extinción, evitar miles y miles de hectáreas quemadas cada año, con graves impactos ambientales, sociales, económicos, e incluso vidas humanas. La inacción, la ineficacia y la falta de medidas útiles en este tema, es intolerable.
Los incendios de origen humano son resultado de acciones concretas y actividades e instalaciones de riesgo que son bien conocidas, contabilizadas y analizadas por territorios. Se puede actuar limitando ciertas actividades, regulando otras, prohibiendo con más contundencia algunas, mejorando sustancialmente acciones administrativas planificadas y aumentando medios y recursos destinados a vigilancia, control y disuasión. Causa por causa, concretando detalles por zonas y en cada municipio. Esto no se hace, o se hace de manera muy deficiente. El campo de mejora es inmenso. Está casi todo por hacer.
Si no se está evitando los incendios evitables es porque las administraciones no invierten a penas nada en este objetivo. En el territorio valenciano hemos podido analizar los planes de supuesta “prevención”, de la totalidad de las demarcaciones forestales. En promedio se dedica menos del 10% de las inversiones a evitar incendios (lo que denominan “prevención de causas”). Además, las medidas propuestas son vagas, genéricas, indefinidas, sin normativas claras y que centran en dar charlas, editar algún folleto, poner unos cuantos carteles y dar recomendaciones de buenas prácticas y confiar en el “buen hacer de la gente de bien”. No es que no se invierta en “prevención”; es que las inversiones se usan mal y van a parar a medidas que no tienen la función, ni la posibilidad, de evitar ni un solo incendio. Así se explica la situación. No existen planes rigurosos, potentes, con recursos importantes y estrategias bien definidas para evitar fuegos. Así es difícil evitar incendios, claro. Sería un milagro evitarlos sin hacer nada importante para ello. Y los milagros no existen, como tampoco existen estrategias que prioricen evitar los incendios de causa humana. No es la prioridad ni para técnicos, ni administradores. No hay un objetivo firme, una voluntad política, una movilización social adecuada para actuar contra todas y cada una de las causas, ya bien conocidas, y eliminarlas. Así, seguro que jamás ganaremos la batalla contra el fuego.
Carles Arnal es doctor en Biología y miembro de Acció Ecologista-Agró.
Feed MRSS-S Noticias
