El primer semestre ha cerrado y las sensaciones en lo que respecta al mercado difícilmente pueden ser mejores. La zozobra que provocó el cierre de Ormuz ha sido temporal: la bolsa mundial está en máximos y los mercados de deuda apenas se han resentido. Sin embargo, y sobre todo en lo que se refiere a las bolsas, hay que hilar algo más fino para sacar alguna conclusión que nos sirva para el futuro próximo.Debajo de esta aparente calma en la bolsa mundial podemos apreciar un cierto corrimiento de tierras. El buen comportamiento se ha concentrado en un puñado de nombres, fundamentalmente los semiconductores, cuyo desempeño sencillamente no tiene precedentes, mientras que las compañías que hasta ahora habían liderado el mercado y cuyo mínimo común denominador es que estaban tocadas por la varita de la IA se están tomando un respiro. Esto, lógicamente, y teniendo en cuenta la enorme concentración que existe en la bolsa americana y, consecuentemente, en la global, no es en absoluto inocuo de cara al futuro .El mercado empieza a darse cuenta de que las valoraciones de estas compañías solo se sostienen si se cumplen unas previsiones de crecimiento extraordinarias. De hecho, se trata de crecimientos que históricamente solo hemos visto en las recuperaciones tras fuertes recesiones. Además, en muchos casos a estos resultados se llega de una forma algo tramposa al incluir la revalorización de las participaciones cruzadas que tienen muchas de estas compañías entre sí.Por lo tanto, no parece que el patrón de comportamiento que subyace bajo estos resultados de los índices globales inspire excesiva tranquilidad. Las valoraciones de muchas de estas compañías serían muy distintas si las expectativas de beneficios se normalizaran. Y no se trata de si eso ocurrirá o no, sino únicamente de cuándo ocurrirá.En el otro extremo tenemos a las bolsas europeas, donde la incidencia de las compañías tecnológicas es mucho menor. Las valoraciones son mucho más razonables y no están asumiendo crecimientos de beneficios excesivos; más bien todo lo contrario.Así las cosas, lo que estamos viendo por debajo de los índices podría estar anticipando un comportamiento completamente distinto para la segunda parte del año. Las bolsas europeas, y en concreto la española, podrían ser las claras beneficiarias de las crecientes dudas que cada vez resultan más evidentes en torno a los sectores que han liderado las subidas de la bolsa americana. En cierta medida sería volver a las dinámicas que ya vimos a finales del año pasado y principios de este, y que se vieron truncadas por el conflicto en el Golfo Pérsico . No se sorprendan.Ayer y siempre Otra reflexión pertinente al cierre del semestre, con la bolsa en máximos, es que hay que estar invertidos en bolsa siempre. No solo el mejor momento para invertir en bolsa es siempre ayer, como repito cada vez que tengo oportunidad en esta página, sino que además hay que permanecer invertido. Tratar de buscar atajos y ganarle la mano al mercado es imposible.Este año ha sido el ataque a Irán y el cierre de Ormuz la excusa para salir del mercado y tratar de encontrar un mejor momento de entrada, que, como demuestra la experiencia, nunca llega. Pero es que en estos últimos años las excusas han sido muchísimas y, sin embargo, como rezan los titulares de la prensa económica, la bolsa está en máximos.Bien mirado, la mejor enseñanza de la concatenación de crisis que nos ha tocado vivir durante los últimos años —la gran crisis financiera, la crisis del euro, el auge de los populismos, cuyo punto álgido probablemente fue hace diez años con el referéndum del Brexit , el Covid y la invasión de Ucrania, con las terribles consecuencias económicas que tuvo fundamentalmente para Europa— es que hay que estar invertido siempre.Dicho de otra forma, si nos hubieran anticipado que todo esto iba a pasar, nunca habríamos comprado renta variable . Y, sin embargo, ahí están prácticamente todas las bolsas: en máximos históricos.Por lo tanto, hay que estar siempre invertido en bolsa. Es la mejor forma de capturar el crecimiento de la economía mundial: a través de los resultados de las compañías que se benefician del mismo. Y el mundo, desde que es mundo, tiene la sana costumbre de crecer. Los años en que crece menos, algo más de un 2%; los años en que crece más, cerca del 5%. Pero siempre crece. Tratar de anticiparse a las caídas no sale a cuenta.Y lo que tenemos que tener cada vez más claro, especialmente en un mundo en el que vamos a vivir cada vez más años, es que el riesgo no es la volatilidad. El riesgo es no obtener las rentabilidades que necesitamos para alcanzar nuestros objetivos. Vamos a vivir más, de eso no hay duda, y por eso tenemos que exigir más rentabilidad a nuestras inversiones durante más tiempo. Y es precisamente el tiempo lo que juega a nuestro favor.PetróleoOtra enseñanza que probablemente nos deje este semestre es qué puede pasar con el petróleo en los próximos tiempos. El precio del petróleo hoy está en niveles previos a los que tenía justo antes de que Estados Unidos atacara Irán. Sin embargo, el tráfico en el estrecho está muy por debajo de los niveles de entonces.En contra de lo que pensaba la mayoría, el impacto en el precio del petróleo de la última crisis ha sido muy inferior a lo esperado. Y lo que este comportamiento podría estar anticipando es que todavía tiene recorrido a la baja.No solo, como se ha comprobado, no había incentivos por ninguna de las dos partes para mantener cerrado el estrecho de Ormuz, sino que las dinámicas del mercado del petróleo son completamente distintas, como pone de manifiesto la evolución del precio durante estas últimas semanas.La dependencia del petróleo del Golfo es mucho menor, la disciplina de los países productores también y la capacidad de adaptación del mercado es mucho mayor.En estas circunstancias, lo razonable sería que el precio siguiera cayendo. El tráfico en el estrecho continuará normalizándose, los países productores seguirán produciendo todo lo que puedan y el consumo está tocando techo.Lo que ha pasado con el precio durante estas últimas semanas probablemente constituya el mejor aviso de que estamos dejando atrás la edad del petróleo. Esta, como ha sucedido con las anteriores, no terminará porque se agote el petróleo, sino porque otras tecnologías le pasarán por la derecha. Y eso es precisamente lo que ya está poniendo en precio el mercado.Entretanto, unos precios del petróleo bajos y a la baja son una muy buena noticia para la economía global, particularmente para los países desarrollados, que son los grandes consumidores de materias primas . Otra buena noticia que nos deja esta primera parte de 2026. A ver qué nos depara la segunda. Vamos a por ella. El primer semestre ha cerrado y las sensaciones en lo que respecta al mercado difícilmente pueden ser mejores. La zozobra que provocó el cierre de Ormuz ha sido temporal: la bolsa mundial está en máximos y los mercados de deuda apenas se han resentido. Sin embargo, y sobre todo en lo que se refiere a las bolsas, hay que hilar algo más fino para sacar alguna conclusión que nos sirva para el futuro próximo.Debajo de esta aparente calma en la bolsa mundial podemos apreciar un cierto corrimiento de tierras. El buen comportamiento se ha concentrado en un puñado de nombres, fundamentalmente los semiconductores, cuyo desempeño sencillamente no tiene precedentes, mientras que las compañías que hasta ahora habían liderado el mercado y cuyo mínimo común denominador es que estaban tocadas por la varita de la IA se están tomando un respiro. Esto, lógicamente, y teniendo en cuenta la enorme concentración que existe en la bolsa americana y, consecuentemente, en la global, no es en absoluto inocuo de cara al futuro .El mercado empieza a darse cuenta de que las valoraciones de estas compañías solo se sostienen si se cumplen unas previsiones de crecimiento extraordinarias. De hecho, se trata de crecimientos que históricamente solo hemos visto en las recuperaciones tras fuertes recesiones. Además, en muchos casos a estos resultados se llega de una forma algo tramposa al incluir la revalorización de las participaciones cruzadas que tienen muchas de estas compañías entre sí.Por lo tanto, no parece que el patrón de comportamiento que subyace bajo estos resultados de los índices globales inspire excesiva tranquilidad. Las valoraciones de muchas de estas compañías serían muy distintas si las expectativas de beneficios se normalizaran. Y no se trata de si eso ocurrirá o no, sino únicamente de cuándo ocurrirá.En el otro extremo tenemos a las bolsas europeas, donde la incidencia de las compañías tecnológicas es mucho menor. Las valoraciones son mucho más razonables y no están asumiendo crecimientos de beneficios excesivos; más bien todo lo contrario.Así las cosas, lo que estamos viendo por debajo de los índices podría estar anticipando un comportamiento completamente distinto para la segunda parte del año. Las bolsas europeas, y en concreto la española, podrían ser las claras beneficiarias de las crecientes dudas que cada vez resultan más evidentes en torno a los sectores que han liderado las subidas de la bolsa americana. En cierta medida sería volver a las dinámicas que ya vimos a finales del año pasado y principios de este, y que se vieron truncadas por el conflicto en el Golfo Pérsico . No se sorprendan.Ayer y siempre Otra reflexión pertinente al cierre del semestre, con la bolsa en máximos, es que hay que estar invertidos en bolsa siempre. No solo el mejor momento para invertir en bolsa es siempre ayer, como repito cada vez que tengo oportunidad en esta página, sino que además hay que permanecer invertido. Tratar de buscar atajos y ganarle la mano al mercado es imposible.Este año ha sido el ataque a Irán y el cierre de Ormuz la excusa para salir del mercado y tratar de encontrar un mejor momento de entrada, que, como demuestra la experiencia, nunca llega. Pero es que en estos últimos años las excusas han sido muchísimas y, sin embargo, como rezan los titulares de la prensa económica, la bolsa está en máximos.Bien mirado, la mejor enseñanza de la concatenación de crisis que nos ha tocado vivir durante los últimos años —la gran crisis financiera, la crisis del euro, el auge de los populismos, cuyo punto álgido probablemente fue hace diez años con el referéndum del Brexit , el Covid y la invasión de Ucrania, con las terribles consecuencias económicas que tuvo fundamentalmente para Europa— es que hay que estar invertido siempre.Dicho de otra forma, si nos hubieran anticipado que todo esto iba a pasar, nunca habríamos comprado renta variable . Y, sin embargo, ahí están prácticamente todas las bolsas: en máximos históricos.Por lo tanto, hay que estar siempre invertido en bolsa. Es la mejor forma de capturar el crecimiento de la economía mundial: a través de los resultados de las compañías que se benefician del mismo. Y el mundo, desde que es mundo, tiene la sana costumbre de crecer. Los años en que crece menos, algo más de un 2%; los años en que crece más, cerca del 5%. Pero siempre crece. Tratar de anticiparse a las caídas no sale a cuenta.Y lo que tenemos que tener cada vez más claro, especialmente en un mundo en el que vamos a vivir cada vez más años, es que el riesgo no es la volatilidad. El riesgo es no obtener las rentabilidades que necesitamos para alcanzar nuestros objetivos. Vamos a vivir más, de eso no hay duda, y por eso tenemos que exigir más rentabilidad a nuestras inversiones durante más tiempo. Y es precisamente el tiempo lo que juega a nuestro favor.PetróleoOtra enseñanza que probablemente nos deje este semestre es qué puede pasar con el petróleo en los próximos tiempos. El precio del petróleo hoy está en niveles previos a los que tenía justo antes de que Estados Unidos atacara Irán. Sin embargo, el tráfico en el estrecho está muy por debajo de los niveles de entonces.En contra de lo que pensaba la mayoría, el impacto en el precio del petróleo de la última crisis ha sido muy inferior a lo esperado. Y lo que este comportamiento podría estar anticipando es que todavía tiene recorrido a la baja.No solo, como se ha comprobado, no había incentivos por ninguna de las dos partes para mantener cerrado el estrecho de Ormuz, sino que las dinámicas del mercado del petróleo son completamente distintas, como pone de manifiesto la evolución del precio durante estas últimas semanas.La dependencia del petróleo del Golfo es mucho menor, la disciplina de los países productores también y la capacidad de adaptación del mercado es mucho mayor.En estas circunstancias, lo razonable sería que el precio siguiera cayendo. El tráfico en el estrecho continuará normalizándose, los países productores seguirán produciendo todo lo que puedan y el consumo está tocando techo.Lo que ha pasado con el precio durante estas últimas semanas probablemente constituya el mejor aviso de que estamos dejando atrás la edad del petróleo. Esta, como ha sucedido con las anteriores, no terminará porque se agote el petróleo, sino porque otras tecnologías le pasarán por la derecha. Y eso es precisamente lo que ya está poniendo en precio el mercado.Entretanto, unos precios del petróleo bajos y a la baja son una muy buena noticia para la economía global, particularmente para los países desarrollados, que son los grandes consumidores de materias primas . Otra buena noticia que nos deja esta primera parte de 2026. A ver qué nos depara la segunda. Vamos a por ella.
El primer semestre ha cerrado y las sensaciones en lo que respecta al mercado difícilmente pueden ser mejores. La zozobra que provocó el cierre de Ormuz ha sido temporal: la bolsa mundial está en máximos y los mercados de deuda apenas se han resentido. … Sin embargo, y sobre todo en lo que se refiere a las bolsas, hay que hilar algo más fino para sacar alguna conclusión que nos sirva para el futuro próximo.
Debajo de esta aparente calma en la bolsa mundial podemos apreciar un cierto corrimiento de tierras. El buen comportamiento se ha concentrado en un puñado de nombres, fundamentalmente los semiconductores, cuyo desempeño sencillamente no tiene precedentes, mientras que las compañías que hasta ahora habían liderado el mercado y cuyo mínimo común denominador es que estaban tocadas por la varita de la IA se están tomando un respiro. Esto, lógicamente, y teniendo en cuenta la enorme concentración que existe en la bolsa americana y, consecuentemente, en la global, no es en absoluto inocuo de cara al futuro.
El mercado empieza a darse cuenta de que las valoraciones de estas compañías solo se sostienen si se cumplen unas previsiones de crecimiento extraordinarias. De hecho, se trata de crecimientos que históricamente solo hemos visto en las recuperaciones tras fuertes recesiones. Además, en muchos casos a estos resultados se llega de una forma algo tramposa al incluir la revalorización de las participaciones cruzadas que tienen muchas de estas compañías entre sí.
Por lo tanto, no parece que el patrón de comportamiento que subyace bajo estos resultados de los índices globales inspire excesiva tranquilidad. Las valoraciones de muchas de estas compañías serían muy distintas si las expectativas de beneficios se normalizaran. Y no se trata de si eso ocurrirá o no, sino únicamente de cuándo ocurrirá.
En el otro extremo tenemos a las bolsas europeas, donde la incidencia de las compañías tecnológicas es mucho menor. Las valoraciones son mucho más razonables y no están asumiendo crecimientos de beneficios excesivos; más bien todo lo contrario.
Así las cosas, lo que estamos viendo por debajo de los índices podría estar anticipando un comportamiento completamente distinto para la segunda parte del año. Las bolsas europeas, y en concreto la española, podrían ser las claras beneficiarias de las crecientes dudas que cada vez resultan más evidentes en torno a los sectores que han liderado las subidas de la bolsa americana. En cierta medida sería volver a las dinámicas que ya vimos a finales del año pasado y principios de este, y que se vieron truncadas por el conflicto en el Golfo Pérsico. No se sorprendan.
Ayer y siempre
Otra reflexión pertinente al cierre del semestre, con la bolsa en máximos, es que hay que estar invertidos en bolsa siempre. No solo el mejor momento para invertir en bolsa es siempre ayer, como repito cada vez que tengo oportunidad en esta página, sino que además hay que permanecer invertido. Tratar de buscar atajos y ganarle la mano al mercado es imposible.
Este año ha sido el ataque a Irán y el cierre de Ormuz la excusa para salir del mercado y tratar de encontrar un mejor momento de entrada, que, como demuestra la experiencia, nunca llega. Pero es que en estos últimos años las excusas han sido muchísimas y, sin embargo, como rezan los titulares de la prensa económica, la bolsa está en máximos.
Bien mirado, la mejor enseñanza de la concatenación de crisis que nos ha tocado vivir durante los últimos años —la gran crisis financiera, la crisis del euro, el auge de los populismos, cuyo punto álgido probablemente fue hace diez años con el referéndum del Brexit, el Covid y la invasión de Ucrania, con las terribles consecuencias económicas que tuvo fundamentalmente para Europa— es que hay que estar invertido siempre.
Dicho de otra forma, si nos hubieran anticipado que todo esto iba a pasar, nunca habríamos comprado renta variable. Y, sin embargo, ahí están prácticamente todas las bolsas: en máximos históricos.
Por lo tanto, hay que estar siempre invertido en bolsa. Es la mejor forma de capturar el crecimiento de la economía mundial: a través de los resultados de las compañías que se benefician del mismo. Y el mundo, desde que es mundo, tiene la sana costumbre de crecer. Los años en que crece menos, algo más de un 2%; los años en que crece más, cerca del 5%. Pero siempre crece. Tratar de anticiparse a las caídas no sale a cuenta.
Y lo que tenemos que tener cada vez más claro, especialmente en un mundo en el que vamos a vivir cada vez más años, es que el riesgo no es la volatilidad. El riesgo es no obtener las rentabilidades que necesitamos para alcanzar nuestros objetivos. Vamos a vivir más, de eso no hay duda, y por eso tenemos que exigir más rentabilidad a nuestras inversiones durante más tiempo. Y es precisamente el tiempo lo que juega a nuestro favor.
Petróleo
Otra enseñanza que probablemente nos deje este semestre es qué puede pasar con el petróleo en los próximos tiempos. El precio del petróleo hoy está en niveles previos a los que tenía justo antes de que Estados Unidos atacara Irán. Sin embargo, el tráfico en el estrecho está muy por debajo de los niveles de entonces.
En contra de lo que pensaba la mayoría, el impacto en el precio del petróleo de la última crisis ha sido muy inferior a lo esperado. Y lo que este comportamiento podría estar anticipando es que todavía tiene recorrido a la baja.
No solo, como se ha comprobado, no había incentivos por ninguna de las dos partes para mantener cerrado el estrecho de Ormuz, sino que las dinámicas del mercado del petróleo son completamente distintas, como pone de manifiesto la evolución del precio durante estas últimas semanas.
La dependencia del petróleo del Golfo es mucho menor, la disciplina de los países productores también y la capacidad de adaptación del mercado es mucho mayor.
En estas circunstancias, lo razonable sería que el precio siguiera cayendo. El tráfico en el estrecho continuará normalizándose, los países productores seguirán produciendo todo lo que puedan y el consumo está tocando techo.
Lo que ha pasado con el precio durante estas últimas semanas probablemente constituya el mejor aviso de que estamos dejando atrás la edad del petróleo. Esta, como ha sucedido con las anteriores, no terminará porque se agote el petróleo, sino porque otras tecnologías le pasarán por la derecha. Y eso es precisamente lo que ya está poniendo en precio el mercado.
Entretanto, unos precios del petróleo bajos y a la baja son una muy buena noticia para la economía global, particularmente para los países desarrollados, que son los grandes consumidores de materias primas. Otra buena noticia que nos deja esta primera parte de 2026. A ver qué nos depara la segunda. Vamos a por ella.
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