
Carles Puigdemont y Junts per Catalunya dan largas sobre la operación retorno, mientras digieren el aval total a la ley de amnistía que hizo este martes el Tribunal Constitucional y que propició, acto seguido, el levantamiento de la orden de arresto que el Tribunal Supremo mantenía vigente sobre el expresidente de la Generalitat, y también sobre los exconsejeros Toni Comín y Lluís Puig. En Junts, el mensaje oficial sigue siendo que no hay que precipitar el viaje de vuelta hasta tener la seguridad plena de que el magistrado Pablo Llarena archiva de manera definitiva la causa por malversación. Sin embargo, Puigdemont mueve ficha para preparar su regreso a Cataluña. Este miércoles se realizó la mudanza de su oficina de expresidente y, a partir de ahora, pasa a ocupar un inmueble tipo dúplex propiedad de la Generalitat en la zona alta de Barcelona. Es un piso en la calle Doctor Roux, cercano a la Via Augusta, en el distrito de Sarrià Sant Gervasi.
A su llegada a Cataluña ocupará un inmueble titularidad de la Generalitat, por falta de espacio en el actual despacho del barrio Gótico
Carles Puigdemont y Junts per Catalunya dan largas sobre la operación retorno, mientras digieren el aval total a la ley de amnistía que hizo este martes el Tribunal Constitucional y que propició, acto seguido, el levantamiento de la orden de arresto que el Tribunal Supremo mantenía vigente sobre el expresidente de la Generalitat, y también sobre los exconsejeros Toni Comín y Lluís Puig. En Junts, el mensaje oficial sigue siendo que no hay que precipitar el viaje de vuelta hasta tener la seguridad plena de que el magistrado Pablo Llarena archiva de manera definitiva la causa por malversación. Sin embargo, Puigdemont mueve ficha para preparar su regreso a Cataluña. Este miércoles se realizó la mudanza de su oficina de expresidente y, a partir de ahora, pasa a ocupar un inmueble tipo dúplex propiedad de la Generalitat en la zona alta de Barcelona. Es un piso en la calle Doctor Roux, cercano a la Via Augusta, en el distrito de Sarrià Sant Gervasi.
Fuentes cercanas a Puigdemont justifican que el traslado responde a motivos operativos y detallan falta de espacio en las dependencias que hasta ahora acogían el despacho institucional en el Palau Centelles, un palacete medieval situado en el barrio Gótico de Barcelona, también propiedad de la Generalitat. Se desvincula el traslado de las recientes decisiones judiciales que han abierto la puerta al regreso del expresidente catalán, “ha sido una coincidencia que se haya dado todo esta semana”, insisten dichas fuentes. Sí se admite que se trata de un traslado con previsión ante una pronta llegada de Puigdemont porque, en las dependencias del Palau Centelles, no habría margen para acomodar al expresidente, una vez haga efectivo su regreso a Cataluña. Actualmente, la oficina del expresident cuenta con tres empleados asignados que, desde Barcelona, desempeñan tareas de apoyo para atender las peticiones, reuniones y visitas que le llegan a Puigdemont a Waterloo.
El retorno a Cataluña del expresidente de la Generalitat implica la necesidad de abordar una serie de cambios en su despacho institucional. No solo vuelve él, sino que pasará a tener un cuerpo de escoltas de seguridad. Hace meses que el equipo de Puigdemont tiene conversaciones con el departamento de Presidencia de la Generalitat para encontrar un nuevo espacio y proceder a la mudanza de la oficina que, desde julio de 2018, estaba activa en el Palau Centelles.
La Generalitat facilitó un listado con inmuebles de titularidad pública que podrían acoger la nueva oficina de Puigdemont. “Siempre se priorizó encontrar un espacio que no implicara el pago de un alquiler”, indican fuentes conocedoras de la operación. De entre todos los sitios posibles, el expresidente catalán se quedó con el dúplex de la calle Doctor Roux. Está junto a unas oficinas de puertos de la Generalitat, en una zona acomodada de la ciudad. Este miércoles, desde la calle se podían ver las labores de mudanza e, incluso, una bandera catalana colgada de un mástil, en medio de una habitación repleta de cajas blancas de cartón.
El inmueble llevaba mucho tiempo desocupado y ha hecho falta afrontar unas obras de rehabilitación para preparar la llegada de la oficina del expresident.
El líder de Junts no ha desvelado si piensa dedicarse a ejercer de jefe de la oposición o si, por el contrario, dejará libre su escaño en el Parlament para emplearse en reivindicar su papel como líder independentista que promovió el intento de referéndum en 2017. Este martes, en una intervención desde su residencia de Bélgica apuntó su intención de que la vuelta a España “tenga un sentido político”. Insistió en la idea de que el suyo no es el regreso del líder de Junts sino de un president que para evitar los efectos de la “represión” ha pasado nueve años fuera de Cataluña. “No volveremos al servicio de nuestro partido sino de nuestro país”, enfatizó.
Con independencia de cuál sea su ocupación una vez que esté de regreso, la ley le confiere a Puigdemont el derecho a poder disponer de una oficina y de personal propio. En Cataluña, desde 2003 está vigente una norma, el Estatuto de los expresidentes, que regula un régimen de asignaciones y prerrogativas para que aquellos que han ocupado el despacho de mando de la Generalitat “puedan atender sus necesidades personales y políticas con la dignidad y el decoro que corresponden a las altas funciones ejercidas”.
Pere Aragonès fue el último en prepararse un despacho de expresident, en el Palau de Pedralbes. Disfrutan de esa prebenda actualmente José Montilla, Artur Mas y Quim Torra, el único que prefirió tenerla en Girona y no en Barcelona. Jordi Pujol no la tiene tras el escándalo de fraude fiscal por el legado familiar y en el caso de Pasqual Maragall, enfermo de Alzheimer, se le ha reconvertido en personal de ayuda para su cuidado médico.
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