Hace 50 años, Tiburón, la película de Steven Spielberg que marcó a varias generaciones, planteaba un dilema cada vez más actual: ¿merece la pena suavizar una amenaza para salvar una economía, especialmente cuando se trata de un paraíso turístico? El mismo conflicto de la cinematográfica isla de Amity ya había ocupado el teatro a finales del siglo XIX en Un enemigo del pueblo, obra del clásico noruego, Henrik Ibsen, que la dramaturga brasileña Christiane Jatahy lo reinterpreta y traslada al Brasil contemporáneo en Um julgamento. Con Wagner Moura como protagonista, reciente ganador del Globo de Oro y indicado al Oscar por O Agente Secreto, la producción cerró los días 30 y 31 de julio la programación del Festival Grec 2026, en el Teatre Lliure de Montjuïc. En esta representación, los espectadores suben al escenario para convertirse en el jurado de un proceso entre la verdad, la democracia y los intereses económicos de un pueblo cuya prosperidad depende de un paraíso natural.
El ganador del último Globo de Oro, Wagner Moura, traslada el Teatre Lliure a Brasil en la relectura del clásico ‘Un enemigo del pueblo’, de Henrik Ibsen
Hace 50 años, Tiburón, la película de Steven Spielberg que marcó a varias generaciones, planteaba un dilema cada vez más actual: ¿merece la pena suavizar una amenaza para salvar una economía, especialmente cuando se trata de un paraíso turístico? El mismo conflicto de la cinematográfica isla de Amity ya había ocupado el teatro a finales del siglo XIX en Un enemigo del pueblo, obra del clásico noruego, Henrik Ibsen, que la dramaturga brasileña Christiane Jatahy lo reinterpreta y traslada al Brasil contemporáneo en Um julgamento. Con Wagner Moura como protagonista, reciente ganador del Globo de Oro y indicado al Oscar por O Agente Secreto, la producción cerró los días 30 y 31 de julio la programación del Festival Grec 2026, en el Teatre Lliure de Montjuïc. En esta representación, los espectadores suben al escenario para convertirse en el jurado de un proceso entre la verdad, la democracia y los intereses económicos de un pueblo cuya prosperidad depende de un paraíso natural.
Ambientada en el ficticio Vale do Rio Vermelho, en plena Mata Atlántica, y representativo de varios destinos ambientales del interior de Brasil, el pueblo depende casi por completo de los visitantes de un balneario, la única perspectiva de renta de una población históricamente empobrecida. Allí, Thomas Stockmann, un científico y médico de 50 años, descubre que las aguas del balneario están contaminadas por residuos tóxicos procedentes de una fábrica de curtidos, lo que amenaza la salud de visitantes y vecinos. Convencido de que la economía “no puede situarse por encima de la vida de las personas” y de que la contaminación es una amenaza al bien estar colectivo, Thomas denuncia el caso al Ayuntamiento, presidido por su propio hermano, Peter Stockmann. Sin embargo, la posibilidad de cerrar la principal fuente de ingresos de la localidad termina por sentarlo en el banquillo y someterlo a un juicio público, acusado de ser el enemigo del pueblo.

El jurado popular de la adaptación está formado por 11 espectadores elegidos al azar mediante un sorteo electrónico entre los voluntarios inscritos antes de cada función. Los seleccionados asisten a todo el juicio desde el escenario, pueden interrogar a Thomas Stockmann a través de preguntas leídas por una actriz local, papel que en Barcelona desempeña la catalana Sílvia Ferrando (aunque la obra sea íntegramente en portugués con subtitulo, este diálogo siempre se improvisa en catalán y castellano). Al término de la representación, emiten en secreto su veredicto sobre si el médico es o no el enemigo del pueblo. “Las preguntas del público también son un material extraordinario para la obra. Guardamos todos los resultados como una posibilidad de observar cómo las personas están pensando el mundo a partir de este microcosmos que es el teatro”, explicó Moura durante rueda de prensa prévia al evento. Desde el estreno de la obra en Salvador de Bahía, en octubre de 2025, y su paso por ciudades como Rio de Janeiro, Ámsterdam, Lisboa o País, nunca ha habido un veredicto unânime.
Como en Tiburón, donde el jefe de policía Martin Brody choca con un alcalde decidido a proteger la temporada turística antes que reconocer el peligro que acecha a la isla, el conflicto familiar y el intercambio de acusaciones entre los hermanos Stockmann se convierte en una representación sobre el lugar que ocupa la verdad en las democracias contemporáneas, atravesadas por la polarización y la desinformación. “Existen versiones y no hechos. La información que llega a mí es diferente de la que llega a ti”, sostiene Thomas en defensa del informe técnico que constata la contaminación del paraíso natural.
Durante todo el juicio, los Stockmann confrontan dos visiones opuestas sobre el papel del Estado en la protección del bien común, un debate que, según Moura, remite también a las tensiones que dejó la pandemia y el gobierno de Jair Bolsonaro durante la covid en Brasil entre la actividad económica y el bienestar social, especialmente en las periferias. “Queremos conversar con la derecha inteligente. Cuando Peter dice en la obra que hay que pensar tanto en lo social como en la economía es porque ese también es un debate necesario”, explicó la dramaturga Christiane Jatahy a este diário. Todo el enfrentamiento de las más de dos horas de función se articula con un lenguaje híbrido que caracteriza el trabajo de Jatahy, diluyendo continuamente las fronteras entre teatro y cine. Imágenes, vídeos y llamadas en directo se suman a testimonios de los habitantes del vale, informes técnicos y secuencias filmadas fuera del teatro que amplían el universo de la ficción.
En Barcelona, donde el impacto del turismo sobre la vivienda resulta más amenazante que el tiburón de Spielberg, el jurado de este viernes se inclinó por nueve votos a dos a favor de la absolución de Thomas Stockmann. Al terminar la función, tanto el personaje como buena parte del público se preguntaban quiénes eran los dos espectadores que lo habían declarado enemigo del pueblo por querer acabar con el turismo en pro de la salud pública. “La verdad como la conocimos se acabó, sobre todo despues de las redes sociales que nos ha encerrado en burbujas de versiones distintas. ¿Por qué la verdad y el progreso no pueden caminar juntos?, planteó Moura, uno de los actores brasileños de mayor proyección internacional gracias al cine, pero cuya faceta más provocadora siempre ha estado en el teatro.
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