El Gobierno y el PSOE siguen buscando la fórmula para dotar al Estado de un fondo soberano que le proporcione margen financiero extra para hacer cosas. Es ya la tercera vez que Pedro Sánchez trata de concretar un vehículo así a tras el intento fallido del entonces ministro de Seguridad Social, José Luis Escrivá, de convertir los planes de pensiones de empleo bajo control estatal en una milmillonaria hucha para financiar políticas de Estado y tras el fondo España Crece, cuyo despliegue sigue pendiente. Esta vez el plan pasa por exprimir las materias primas energéticas de las que dispone España: el sol y el viento. Así lo desveló la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, en un reciente foro de discusión en el que desveló que están trabajando en el diseño de un fondo soberano sustentado en la renovables como propuesta para su programa electoral. «Siguiendo la onda del fondo soberano noruego, estamos considerando, como una de las cuestiones a incorporar en el programa electoral, alguna figura de fondo soberano ligado al despliegue de renovables en nuestro país», indicó, para añadir: «Evidentemente, nosotros no tenemos petróleo, pero tenemos sol y viento y esas son nuestras riquezas. Es lógico que hagamos un planteamiento y lo estudiaremos pronto desde el punto de vista de su viabilidad económica y financiera, pero nos parece extraordinariamente importante».Narbona es una de las voces más autorizadas en esta cuestión, como atestigua su rango de presidenta de la Comisión de Transición Ecológica del Congreso. Fue en su momento secretaria de Estado de Medio Ambiente y llegó más adelante a ser ministra del ramo.Fuentes del PSOE evitan dar más detalles sobre el planteamiento y dicen que todavía se encuentran configurando el programa electoral definitivo, proceso en el que esta sería una de las medidas que se están barajando.La obsesión del fondo soberanoUn fondo soberano es un vehículo controlado por el Estado que se usa para invertir en empresas de todo el mundo, con fines estratégicos o puramente financieros, los excedentes que le generan la explotación de sus materias primas (como es el caso del petróleo en Noruega o Arabía Saudí) o reservas de divisas y superávits fiscales (como el caso del fondo de Singapur). El objetivo suele ser obtener rendimientos económicos que sirvan para amortiguar crisis futuras, garantizar ingresos para financiar pensiones, generar ahorros para generaciones futuras o dedicarlo a proyectos de país. El actual Gobierno ha intentado varias veces impulsar la creación de un fondo soberano sin que hasta la fecha sus planes hayan llegado a buen puertoNi España tiene petróleo que capitalizar, ni superávits fiscales con los que insuflar dinero a un fondo para realizar inversiones, pero dispone de sol y viento, y esas fuentes de energía son las que los socialistas aspiran a capitalizar para generar excedentes para el Estado. La primera restricción para conseguirlo es fiscal. Cualquier futuro Gobierno tendría que hacer un primer esfuerzo financiero vía presupuestos o vía deuda para disponer los recursos necesarios para configurar una cartera de activos renovables, ya sea adquiriendo infraestructuras en venta o creando nuevas, y sentar la base para recibir dividendos a futuro de esas inversiones. También hay una restricción de mercado porque el retorno de esas inversiones se antoja dudoso en un contexto en que numerosas instalaciones renovables pelean por sobrevivir por su escasa o nula rentabilidad. Un problema que complica designar este vehículo como un fondo soberano, ya que estos suelen tener metas de rentabilidad.Coincidiendo con el planteamiento del PSOE , este martes se presentó una iniciativa ciudadana para impulsar un fondo soberano de este tipo, cuya operativa sería invertir en infraestructuras renovables para orientar los rendimientos a políticas públicas como la vivienda o las pensiones. La idea parte de Impulso Regenerativo, del comunicador ambiental Javier Peña.La dicotomía renovableLa energía renovable en España vive un momento de paradoja. Se trata de una tecnología de futuro, hay cientos de proyectos en marcha y casi nadie pone en duda que será la parte esencial del mix eléctrico, como ocurre ya a muchas horas del día. Sin embargo, este auge inversor se ha encontrado un muro en la rentabilidad. Hay dinero para nuevos proyectos, pero los productores no consiguen generar caja vendiendo electricidad.Ese sería un gran hándicap para el fondo soberano que sueñan los socialistas, en estos momentos e igual en los próximos años. Su buena salud dependería de la capacidad de generar negocio para utilizar luego los beneficios captados. Y aquí se mezclan las buenas y las malas noticias.El Gobierno decidió aceptar la petición de los propietarios de la central nuclear de Almaraz y prolongar su vida hasta 2030, lo que según fuentes del sector energético supone que a lo mejor habrá otras plantas que también tarden más años en cerrar. Esto supone un problema.España tiene en estos momentos un problema con la demanda eléctrica, aunque el potencial es enorme para los próximos añosLas previsiones del Gobierno de producción eléctrica a partir de renovables atendían a un escenario donde las nucleares empezaban a cerrarse a partir de 2027 de manera progresiva, lo que abriría un mayor hueco en el mix para las renovables. Ahora no está tan claro. Este año la capacidad renovable cerrará por encima de los 100 GW instalados, pero incluso en el día de mayor uso de tecnología verde no se necesitan ni la mitad de esa capacidad. Pues bien, hay medio centenar de solicitudes y proyectos renovables que ya tienen el acceso a la red permitido.¿No hacen falta tantas renovables? España está muy lejos de llegar a los niveles de electrificación que se habían fijado y la demanda no ha terminado de despegar. Y en este contexto aparecen los centros de datos, una industria que promete grandes consumos y que necesita de una fuente de energía continua y abundante. Esto, sin aumentar las emisiones, solo lo consiguen las renovables. Aunque ahora mismo se trate de un negocio cuya rentabilidad está en duda, en un futuro podría ser buen negocio para un fondo soberano. El Gobierno y el PSOE siguen buscando la fórmula para dotar al Estado de un fondo soberano que le proporcione margen financiero extra para hacer cosas. Es ya la tercera vez que Pedro Sánchez trata de concretar un vehículo así a tras el intento fallido del entonces ministro de Seguridad Social, José Luis Escrivá, de convertir los planes de pensiones de empleo bajo control estatal en una milmillonaria hucha para financiar políticas de Estado y tras el fondo España Crece, cuyo despliegue sigue pendiente. Esta vez el plan pasa por exprimir las materias primas energéticas de las que dispone España: el sol y el viento. Así lo desveló la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, en un reciente foro de discusión en el que desveló que están trabajando en el diseño de un fondo soberano sustentado en la renovables como propuesta para su programa electoral. «Siguiendo la onda del fondo soberano noruego, estamos considerando, como una de las cuestiones a incorporar en el programa electoral, alguna figura de fondo soberano ligado al despliegue de renovables en nuestro país», indicó, para añadir: «Evidentemente, nosotros no tenemos petróleo, pero tenemos sol y viento y esas son nuestras riquezas. Es lógico que hagamos un planteamiento y lo estudiaremos pronto desde el punto de vista de su viabilidad económica y financiera, pero nos parece extraordinariamente importante».Narbona es una de las voces más autorizadas en esta cuestión, como atestigua su rango de presidenta de la Comisión de Transición Ecológica del Congreso. Fue en su momento secretaria de Estado de Medio Ambiente y llegó más adelante a ser ministra del ramo.Fuentes del PSOE evitan dar más detalles sobre el planteamiento y dicen que todavía se encuentran configurando el programa electoral definitivo, proceso en el que esta sería una de las medidas que se están barajando.La obsesión del fondo soberanoUn fondo soberano es un vehículo controlado por el Estado que se usa para invertir en empresas de todo el mundo, con fines estratégicos o puramente financieros, los excedentes que le generan la explotación de sus materias primas (como es el caso del petróleo en Noruega o Arabía Saudí) o reservas de divisas y superávits fiscales (como el caso del fondo de Singapur). El objetivo suele ser obtener rendimientos económicos que sirvan para amortiguar crisis futuras, garantizar ingresos para financiar pensiones, generar ahorros para generaciones futuras o dedicarlo a proyectos de país. El actual Gobierno ha intentado varias veces impulsar la creación de un fondo soberano sin que hasta la fecha sus planes hayan llegado a buen puertoNi España tiene petróleo que capitalizar, ni superávits fiscales con los que insuflar dinero a un fondo para realizar inversiones, pero dispone de sol y viento, y esas fuentes de energía son las que los socialistas aspiran a capitalizar para generar excedentes para el Estado. La primera restricción para conseguirlo es fiscal. Cualquier futuro Gobierno tendría que hacer un primer esfuerzo financiero vía presupuestos o vía deuda para disponer los recursos necesarios para configurar una cartera de activos renovables, ya sea adquiriendo infraestructuras en venta o creando nuevas, y sentar la base para recibir dividendos a futuro de esas inversiones. También hay una restricción de mercado porque el retorno de esas inversiones se antoja dudoso en un contexto en que numerosas instalaciones renovables pelean por sobrevivir por su escasa o nula rentabilidad. Un problema que complica designar este vehículo como un fondo soberano, ya que estos suelen tener metas de rentabilidad.Coincidiendo con el planteamiento del PSOE , este martes se presentó una iniciativa ciudadana para impulsar un fondo soberano de este tipo, cuya operativa sería invertir en infraestructuras renovables para orientar los rendimientos a políticas públicas como la vivienda o las pensiones. La idea parte de Impulso Regenerativo, del comunicador ambiental Javier Peña.La dicotomía renovableLa energía renovable en España vive un momento de paradoja. Se trata de una tecnología de futuro, hay cientos de proyectos en marcha y casi nadie pone en duda que será la parte esencial del mix eléctrico, como ocurre ya a muchas horas del día. Sin embargo, este auge inversor se ha encontrado un muro en la rentabilidad. Hay dinero para nuevos proyectos, pero los productores no consiguen generar caja vendiendo electricidad.Ese sería un gran hándicap para el fondo soberano que sueñan los socialistas, en estos momentos e igual en los próximos años. Su buena salud dependería de la capacidad de generar negocio para utilizar luego los beneficios captados. Y aquí se mezclan las buenas y las malas noticias.El Gobierno decidió aceptar la petición de los propietarios de la central nuclear de Almaraz y prolongar su vida hasta 2030, lo que según fuentes del sector energético supone que a lo mejor habrá otras plantas que también tarden más años en cerrar. Esto supone un problema.España tiene en estos momentos un problema con la demanda eléctrica, aunque el potencial es enorme para los próximos añosLas previsiones del Gobierno de producción eléctrica a partir de renovables atendían a un escenario donde las nucleares empezaban a cerrarse a partir de 2027 de manera progresiva, lo que abriría un mayor hueco en el mix para las renovables. Ahora no está tan claro. Este año la capacidad renovable cerrará por encima de los 100 GW instalados, pero incluso en el día de mayor uso de tecnología verde no se necesitan ni la mitad de esa capacidad. Pues bien, hay medio centenar de solicitudes y proyectos renovables que ya tienen el acceso a la red permitido.¿No hacen falta tantas renovables? España está muy lejos de llegar a los niveles de electrificación que se habían fijado y la demanda no ha terminado de despegar. Y en este contexto aparecen los centros de datos, una industria que promete grandes consumos y que necesita de una fuente de energía continua y abundante. Esto, sin aumentar las emisiones, solo lo consiguen las renovables. Aunque ahora mismo se trate de un negocio cuya rentabilidad está en duda, en un futuro podría ser buen negocio para un fondo soberano.
El Gobierno y el PSOE siguen buscando la fórmula para dotar al Estado de un fondo soberano que le proporcione margen financiero extra para hacer cosas. Es ya la tercera vez que Pedro Sánchez trata de concretar un vehículo así a tras el … intento fallido del entonces ministro de Seguridad Social, José Luis Escrivá, de convertir los planes de pensiones de empleo bajo control estatal en una milmillonaria hucha para financiar políticas de Estado y tras el fondo España Crece, cuyo despliegue sigue pendiente. Esta vez el plan pasa por exprimir las materias primas energéticas de las que dispone España: el sol y el viento. Así lo desveló la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, en un reciente foro de discusión en el que desveló que están trabajando en el diseño de un fondo soberano sustentado en la renovables como propuesta para su programa electoral.
«Siguiendo la onda del fondo soberano noruego, estamos considerando, como una de las cuestiones a incorporar en el programa electoral, alguna figura de fondo soberano ligado al despliegue de renovables en nuestro país», indicó, para añadir: «Evidentemente, nosotros no tenemos petróleo, pero tenemos sol y viento y esas son nuestras riquezas. Es lógico que hagamos un planteamiento y lo estudiaremos pronto desde el punto de vista de su viabilidad económica y financiera, pero nos parece extraordinariamente importante».
Narbona es una de las voces más autorizadas en esta cuestión, como atestigua su rango de presidenta de la Comisión de Transición Ecológica del Congreso. Fue en su momento secretaria de Estado de Medio Ambiente y llegó más adelante a ser ministra del ramo.
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Fuentes del PSOE evitan dar más detalles sobre el planteamiento y dicen que todavía se encuentran configurando el programa electoral definitivo, proceso en el que esta sería una de las medidas que se están barajando.
La obsesión del fondo soberano
Un fondo soberano es un vehículo controlado por el Estado que se usa para invertir en empresas de todo el mundo, con fines estratégicos o puramente financieros, los excedentes que le generan la explotación de sus materias primas (como es el caso del petróleo en Noruega o Arabía Saudí) o reservas de divisas y superávits fiscales (como el caso del fondo de Singapur). El objetivo suele ser obtener rendimientos económicos que sirvan para amortiguar crisis futuras, garantizar ingresos para financiar pensiones, generar ahorros para generaciones futuras o dedicarlo a proyectos de país.
El actual Gobierno ha intentado varias veces impulsar la creación de un fondo soberano sin que hasta la fecha sus planes hayan llegado a buen puerto
Ni España tiene petróleo que capitalizar, ni superávits fiscales con los que insuflar dinero a un fondo para realizar inversiones, pero dispone de sol y viento, y esas fuentes de energía son las que los socialistas aspiran a capitalizar para generar excedentes para el Estado.
La primera restricción para conseguirlo es fiscal. Cualquier futuro Gobierno tendría que hacer un primer esfuerzo financiero vía presupuestos o vía deuda para disponer los recursos necesarios para configurar una cartera de activos renovables, ya sea adquiriendo infraestructuras en venta o creando nuevas, y sentar la base para recibir dividendos a futuro de esas inversiones. También hay una restricción de mercado porque el retorno de esas inversiones se antoja dudoso en un contexto en que numerosas instalaciones renovables pelean por sobrevivir por su escasa o nula rentabilidad. Un problema que complica designar este vehículo como un fondo soberano, ya que estos suelen tener metas de rentabilidad.
Coincidiendo con el planteamiento del PSOE, este martes se presentó una iniciativa ciudadana para impulsar un fondo soberano de este tipo, cuya operativa sería invertir en infraestructuras renovables para orientar los rendimientos a políticas públicas como la vivienda o las pensiones. La idea parte de Impulso Regenerativo, del comunicador ambiental Javier Peña.
La dicotomía renovable
La energía renovable en España vive un momento de paradoja. Se trata de una tecnología de futuro, hay cientos de proyectos en marcha y casi nadie pone en duda que será la parte esencial del mix eléctrico, como ocurre ya a muchas horas del día. Sin embargo, este auge inversor se ha encontrado un muro en la rentabilidad. Hay dinero para nuevos proyectos, pero los productores no consiguen generar caja vendiendo electricidad.
Ese sería un gran hándicap para el fondo soberano que sueñan los socialistas, en estos momentos e igual en los próximos años. Su buena salud dependería de la capacidad de generar negocio para utilizar luego los beneficios captados. Y aquí se mezclan las buenas y las malas noticias.
El Gobierno decidió aceptar la petición de los propietarios de la central nuclear de Almaraz y prolongar su vida hasta 2030, lo que según fuentes del sector energético supone que a lo mejor habrá otras plantas que también tarden más años en cerrar. Esto supone un problema.
España tiene en estos momentos un problema con la demanda eléctrica, aunque el potencial es enorme para los próximos años
Las previsiones del Gobierno de producción eléctrica a partir de renovables atendían a un escenario donde las nucleares empezaban a cerrarse a partir de 2027 de manera progresiva, lo que abriría un mayor hueco en el mix para las renovables. Ahora no está tan claro. Este año la capacidad renovable cerrará por encima de los 100 GW instalados, pero incluso en el día de mayor uso de tecnología verde no se necesitan ni la mitad de esa capacidad. Pues bien, hay medio centenar de solicitudes y proyectos renovables que ya tienen el acceso a la red permitido.
¿No hacen falta tantas renovables? España está muy lejos de llegar a los niveles de electrificación que se habían fijado y la demanda no ha terminado de despegar. Y en este contexto aparecen los centros de datos, una industria que promete grandes consumos y que necesita de una fuente de energía continua y abundante. Esto, sin aumentar las emisiones, solo lo consiguen las renovables. Aunque ahora mismo se trate de un negocio cuya rentabilidad está en duda, en un futuro podría ser buen negocio para un fondo soberano.
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