Antes de la vuelta oficial al curso político, Sébastien Lecornu tuvo que hacer frente el lunes a la última crisis de su Gobierno. El primer ministro francés fue abucheado en su llegada a Le Porge, el municipio más afectado por los violentos incendios en el departamento de Gironda, en el suroeste del país, los peores que ha vivido Francia en décadas. Lecornu interrumpió sus vacaciones para visitar la zona y presentar medidas para la reconstrucción con ese método que le caracteriza, reunido discretamente el día anterior con los alcaldes y afectados, lejos de las cámaras.
El jefe de Gobierno ha conseguido sortear las crisis e incluso aportar cierta estabilidad en una Asamblea dividida. Su próximo desafío es aprobar los presupuestos para el próximo año en plena campaña presidencial
Antes de la vuelta oficial al curso político, Sébastien Lecornu tuvo que hacer frente el lunes a la última crisis de su Gobierno. El primer ministro francés fue abucheado en su llegada a Le Porge, el municipio más afectado por los violentos incendios en el departamento de Gironda, en el suroeste del país, los peores que ha vivido Francia en décadas. Lecornu interrumpió sus vacaciones para visitar la zona y presentar medidas para la reconstrucción con ese método que le caracteriza, reunido discretamente el día anterior con los alcaldes y afectados, lejos de las cámaras.
La de los incendios es la última crisis que ha tenido que gestionar Lecornu, nombrado en el cargo el pasado 9 de septiembre. Aterrizó en mitad de la mayor crisis política e institucional que ha vivido Francia en décadas y sucediendo a los dos ex primeros ministros precedentes, que apenas duraron unos meses en el cargo: Michel Barnier, tres meses y ocho días; François Bayrou, ocho meses.
Lecornu, que era ministro de Defensa desde la invasión rusa de Ucrania, es el quinto primer ministro en este segundo y último mandato de Emmanuel Macron. Pocos apostaban por que fuera a durar más que sus predecesores, que fueron censurados por la Asamblea. Lecornu asumió el cargo, consciente de que podía tener los días contados, con la misión que le encomendó Macron: sacar adelante los presupuestos de este año y tratar de devolver cierta estabilidad política e institucional. Anunció que gobernaría con un “nuevo método”, intentando dialogar para llegar a acuerdos con la oposición.
En estos meses, el primer ministro, leal a Macron y al que la prensa llama “el soldado monje” por su carácter discreto, ha resistido contra todo pronóstico. Ha logrado sortear seis mociones de censura en el Parlamento gracias al apoyo del Partido Socialista, un respaldo que no lograron sus predecesores, a cambio del compromiso de renunciar al polémico artículo 49.3 de la Constitución, que permite aprobar leyes sin voto parlamentario. Otra de las concesiones fue suspender la reforma de las pensiones de Emmanuel Macron, exigencia de los socialistas para no presentar una moción.
Este ha sido el verano más caluroso desde que existen registros y el peor en materia de incendios, así que Lecornu ha pasado este agosto gestionando catástrofes, en medio de críticas de toda la oposición por la falta de anticipación del Gobierno. Poco antes había tenido que hacer frente a la crisis energética provocada por el conflicto en Irán, sacando adelante medidas de apoyo a las empresas y hogares ante la subida del precio del petróleo. “Admitimos que hay que sacar la artillería pesada” y aprobar “medidas de excepción para que la burocracia excesiva en Francia no frene la reconstrucción” de la zona devastada por los incendios, dijo Lecornu en su comparecencia en Gironda, rodeado de varios de sus ministros.
Anunció que se aprobarán otras ayudas para los afectados dentro del próximo presupuesto, que es su nuevo desafío en los meses que vienen. Las cuentas del año que viene tendrán que ser validadas antes del 31 de diciembre y su debate parlamentario se producirá en plena campaña electoral para las presidenciales de abril. Está previsto que presente el texto a partir del próximo 30 de septiembre en Consejo de Ministros para que se pueda empezar a debatir.
Los dos últimos presupuestos se aprobaron fuera de plazo, en febrero, y por decreto, sin el apoyo parlamentario suficiente, pues la oposición rechazaba los recortes previstos para tratar de reducir el elevado endeudamiento del país. Con un déficit previsto para este año del 5%, Francia está lejos de cumplir con el objetivo que marca Bruselas, del 3% en 2029. Lecornu asume que tendrá que rebajar ese objetivo y hacer equilibrios para aprobar las cuentas antes de la cita con las urnas.
Esa resiliencia que ha mostrado en el año que lleva en el cargo ha provocado que la prensa y parte de la clase política especule con la posibilidad de que pueda presentarse como candidato a las presidenciales en el bloque de centroderecha, como alternativa a los dos aspirantes ya declarados: Édouard Philippe y Gabriel Attal, ambos ex primeros ministros. La entrevista que Lecornu concedió a Paris Match a finales de julio alimentó los rumores a pesar de que él mismo se desentendía de la cita electoral. “No voy a involucrarme en las elecciones presidenciales. Sin embargo, pido a los candidatos presidenciales que no obstaculicen la labor del Gobierno”, advirtió en la entrevista.
Una encuesta publicada en el diario Le Figaro el pasado 16 de julio situaba al actual jefe de Gobierno a la cabeza de las preferencias entre los votantes macronistas de cara a las elecciones de 2027, por encima de Philippe y Attal. Sin embargo, solo el 22% de franceses le ve como presidente.
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