El atentado del año pasado contra uno de los periodistas de investigación más conocidos de Italia se ha resuelto de la forma más rocambolesca imaginable. Casi 10 meses después de que una bomba explotara frente a la casa de Sigfrido Ranucci, presentador de Report, el histórico programa de investigación de la televisión pública italiana, el empresario y antiguo editor de prensa Valter Lavitola, íntimo amigo del conocido periodista, ha confesado haber encargado el ataque. Las explicaciones que ha dado son todavía más sorprendentes: asegura que actuó “por el bien” de su amigo ―que en aquella época ya contaba con escolta policial, por las amenazas que había recibido a raíz de sus investigaciones― para conseguir que las autoridades reforzaran su protección y protegerlo así de posibles ataques reales.
Valter Lavitola, que fue cercano a Berlusconi y tiene un largo historial judicial, asegura que ordenó el ataque para reforzar la protección policial del periodista
Valter Lavitola, que fue cercano a Berlusconi y tiene un largo historial judicial, asegura que ordenó el ataque para reforzar la protección policial del periodista
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El atentado del año pasado contra uno de los periodistas de investigación más conocidos de Italia se ha resuelto de la forma más rocambolesca imaginable. Casi 10 meses después de que una bomba explotara frente a la casa de Sigfrido Ranucci, presentador de Report, el histórico programa de investigación de la televisión pública italiana, el empresario y antiguo editor de prensa Valter Lavitola, íntimo amigo del conocido periodista, ha confesado haber encargado el ataque. Las explicaciones que ha dado son todavía más sorprendentes: asegura que actuó “por el bien” de su amigo ―que en aquella época ya contaba con escolta policial, por las amenazas que había recibido a raíz de sus investigaciones― para conseguir que las autoridades reforzaran su protección y protegerlo así de posibles ataques reales.
Lavitola, exdirector del diario L’Avanti y condenado en el pasado por varios delitos, reconoció la tarde del miércoles durante un interrogatorio de más de cinco horas en la cárcel romana de Rebibbia, donde se encuentra detenido, que fue el cerebro del atentado contra el periodista. La confesión supone un vuelco en una investigación en la que el empresario había negado hasta ahora cualquier responsabilidad y despeja una de las grandes incógnitas del caso, aunque deja abierta la principal: por qué decidió realmente organizar el atentado.

La Fiscalía de Roma no da por buena, al menos por ahora, la insólita justificación de Lavitola y busca pruebas que permitan corroborar su versión. Los investigadores intentan determinar si realmente pretendía proteger a Ranucci o si detrás del ataque existe un móvil diferente. Según señalan los medios locales, la tesis de los fiscales es que Lavitola planeó el ataque “con el objetivo de aumentar la notoriedad pública de Ranucci e impulsar su imagen para un posible futuro político”, un plan que, de acuerdo con la reconstrucción de los magistrados tras analizar las conversaciones de ambos, el periodista desconocía.
El abogado del periodista, Roberto De Vita, ha calificado la versión de Lavitola de “impactante” y ha señalado que esta “confirma el delirante teatro de la locura”. El letrado recordó además que Ranucci cuenta con escolta permanente desde 2021 y que su popularidad era ya “extremadamente alta” antes del atentado. El ataque causó una fuerte conmoción en Italia y reabrió el debate sobre las amenazas que reciben los periodistas de investigación y la libertad de prensa.
El abogado de Lavitola, Sergio Cola, ha explicado que su cliente organizó el atentado con la intención de reforzar la protección de Ranucci, cuya escolta pasó, después del ataque, de dos a ocho agentes. El letrado evitó aclarar si el periodista conocía el plan. “Sobre esto no voy a decir absolutamente nada más. Estoy contando lo que puedo contar”, dijo en declaraciones a la prensa al finalizar el interrogatorio.

El atentado tuvo lugar la noche del 16 de octubre de 2025 en Pomezia, en las afueras de Roma. Un artefacto explosivo colocado junto al vehículo de Ranucci estalló frente a su vivienda y alcanzó también el coche de su hija. La explosión provocó importantes daños materiales, aunque no hubo heridos.
La Fiscalía sostiene que Lavitola encargó a un empleado de su restaurante, Clesio Tavares Gomes, de 47 años y origen camerunés, que encontrara a alguien capaz de fabricar explosivos y detonarlos frente a la casa de Ranucci. Posteriormente, habría facilitado el viaje de Gomes a Camerún, donde permanece prófugo de la justicia.
La trayectoria de Lavitola está estrechamente ligada tanto a los círculos del poder y la política italiana como a los tribunales, con un dilatado historial de causas judiciales. Empresario, dueño de un restaurante en Roma frecuentado por políticos y periodistas, durante años cercano al antiguo primer ministro Silvio Berlusconi, ha pasado varios años en prisión. Entre otras cosas, ha sido condenado a 16 meses de cárcel por intentar extorsionar a Berlusconi con informaciones sobre sus controvertidas fiestas con mujeres. Al mismo tiempo, fue procesado junto a él por el supuesto soborno de varios senadores para favorecer la caída del Gobierno de Romano Prodi en 2008.
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