Algunas familias en Italia dicen que, si ganas la lotería, no se lo puedes decir a nadie. Sin embargo, a una familia de Bitonto, un pueblo del sur de Italia, no le quedó otra opción. Cuando el padre se dio cuenta de que había tirado el resguardo de un boleto ganador, tuvieron que romper esta regla implícita para recuperar su millón de euros, que estaba navegando en la basura.
Los premiados tuvieron que pagar 10.000 euros por las tareas de búsqueda a la empresa pública de recolección de residuos, que inspeccionó seis toneladas de desperdicios bajo vigilancia policial
Algunas familias en Italia dicen que, si ganas la lotería, no se lo puedes decir a nadie. Sin embargo, a una familia de Bitonto, un pueblo del sur de Italia, no le quedó otra opción. Cuando el padre se dio cuenta de que había tirado el resguardo de un boleto ganador, tuvieron que romper esta regla implícita para recuperar su millón de euros, que estaba navegando en la basura.
La odisea de esta familia, que ha confirmado los acontecimientos a EL PAÍS, pero ha pedido mantenerse en el anonimato, empezó el domingo 2 de agosto, cuando el padre compró un billete para el sorteo Million Day de la Lotería Nacional. Este sorteo diario permite ganar un millón al acertar una combinación de cinco números. Eligió, como hacía habitualmente, una fecha vinculada al recuerdo de un ser querido. Tras insertar el resguardo en la máquina donde se consultan los premios, el hombre leyó el mensaje “no pagable” y tiró el boleto al cubo de la basura de la administración. Con “no pagable” entendió que no valía nada. En realidad, significaba que el billete estaba premiado, pero no podía cobrarse en el punto de venta, por ser una cantidad demasiado grande. Según estipula el reglamento de la lotería italiana, si se gana más de 10.500 euros, es necesario acudir a un banco o directamente a las oficinas nacionales del sorteo.
Cuando volvió a casa, su familia le hizo saber que habían ganado la lotería, porque jugaban con frecuencia la misma combinación, una fecha importante para ellos. Pero la felicidad no duró ni un minuto: no tenían el resguardo necesario para reclamar el premio. Es entonces cuando entra en escena Roberto Toscano, el director de la empresa pública que se encarga de recoger la basura en el pueblo. La familia le contactó ese mismo domingo, a mediodía. “Mi primera reacción fue de incredulidad, porque no me parecía posible. Por un lado, cuesta creer que alguien juegue a la lotería, no se dé cuenta de que tiene un premio y tire el resguardo. Por otro, también resulta difícil imaginar que un boleto de esas características pudiera encontrarse después”, confiesa Toscano en una conversación telefónica con EL PAÍS. Aun así, no se desanimó: “Cuando nos dijeron que se trataba de una suma tan importante y percibí la desesperación de aquellas personas, pensé que merecía la pena intentarlo”.
Al reconstruir toda la cadena de recogida de residuos —que incluye al operario que vacía el contenedor, el traslado de las bolsas a un vehículo más pequeño y, posteriormente, su transferencia a un camión compactador—, se dieron cuenta de que había una posibilidad de que el billete siguiera allí. Hubo, además, otro golpe de suerte: era domingo. Los compactadores no se trasladan al vertedero hasta el lunes, por lo que la carga final de residuos todavía permanecía en las instalaciones municipales. Cuando dieron con el camión correcto, habían pasado ya 24 horas desde que empezaron la búsqueda.
Antes de seguir con la tarea, la familia tuvo que firmar un documento legal con el cual se comprometía a pagar todos los gastos, al tratarse de una operación especial llevada a cabo con medios especiales dignos de una película policíaca. El camión fue puesto bajo vigilancia armada. “Se había convertido, potencialmente, en una especie de furgón blindado”, explica Toscano. Después lo trasladaron a una planta autorizada, donde un grupo de diez trabajadores inició la búsqueda. Equipados con monos blancos, sin bolsillos para evitar cualquier sospecha y bajo la supervisión de una cámara que grababa el proceso, rebuscaron entre seis toneladas de basura hasta dar con una bolsa llena de billetes de la lotería desechados.
Muchos estaban deteriorados, pero siguieron revisándolos uno por uno hasta que, casi milagrosamente, apareció el número que buscaban. Pero no era el boleto ganador, sino uno comprado unos días antes por la misma familia. Unos minutos después, llegó el golpe de suerte definitivo. “Fue una celebración realmente bonita y emocionante, como si hubieran sido los mismos trabajadores quienes ganaran el premio”, recuerda Toscano, que estuvo presente en todas las fases de la búsqueda y dejó el billete en manos del encargado legal de la familia. “Cuando volví a hablar con ellos por teléfono, estaban otra vez en lágrimas, pero por la emoción”.
Preguntado por la sensación de sostener un papel valorado en un millón de euros, reconoce que le produjo un gran vértigo. “La historia tiene algo de milagroso. Si no la hubiera vivido en primera persona, no me la creería”, insiste. Al salir de las instalaciones, invitó a sus trabajadores a tomar un café en la gasolinera más cercana. Compraron un rasca, para ver si todavía mantenían la racha de suerte. Ganaron 50 euros, que se repartieron entre todos. Una cantidad anecdótica si se compara con la que habían contribuido a recuperar. Una vez desgravados los impuestos, a la familia le quedarán 920.000 euros, a los que hay que restar otros 10.000 necesarios para pagar los gastos de la búsqueda del billete. Dinero, aseguran las fuentes consultadas, bien invertido.
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