Una decena de enfermos de cáncer se ha reunido en la cafetería Smokey Row, en Ankeny, un próspero suburbio al norte de Des Moines. Han acudido para relatar su experiencia a Rob Sand, el carismático candidato demócrata para gobernador de Iowa, un estado del Medio Oeste conocido por sus interminables campos de maíz. Es uno de los territorios representativos del llamado Corn Belt, el corazón agrícola del país, que apoyó abrumadoramente a Donald Trump en las pasadas elecciones de 2024. Sand es la gran esperanza de su partido. Lidera las encuestas con cierto margen sobre su rival conservador, Zach Lahn. Está a punto de convertirse en el primer demócrata en ganar una gran elección en este territorio en casi dos décadas.

Rob Sand, al que algunos comparan con Kennedy, y Josh Turek, exjugador de baloncesto en silla de ruedas, compiten por la gobernación y el Senado en Iowa, uno de los estados clave para el control del Congreso
Una decena de enfermos de cáncer se ha reunido en la cafetería Smokey Row, en Ankeny, un próspero suburbio al norte de Des Moines. Han acudido para relatar su experiencia a Rob Sand, el carismático candidato demócrata para gobernador de Iowa, un estado del Medio Oeste conocido por sus interminables campos de maíz. Es uno de los territorios representativos del llamado Corn Belt, el corazón agrícola del país, que apoyó abrumadoramente a Donald Trump en las pasadas elecciones de 2024. Sand es la gran esperanza de su partido. Lidera las encuestas con cierto margen sobre su rival conservador, Zach Lahn. Está a punto de convertirse en el primer demócrata en ganar una gran elección en este territorio en casi dos décadas.
La otra gran apuesta de los demócratas para derribar el muro conservador en la América rural es Josh Turek, un triple medallista paralímpico con la selección de baloncesto, de 47 años. Desde niño está sentado en una silla de ruedas. Se presenta para el escaño del Senado en representación de Iowa, que lleva 18 años en manos conservadoras. Está empatado en los sondeos con la republicana Ashley Hinson, expresentadora de la televisión local, joven, rubia y con más capacidad dialéctica que su oponente, como demostró en los dos debates electorales. Pero k es sólido, persistente y emana una imagen de superación que atrae el interés de los votantes.

Una semana merodeando por Des Moines y Cedar Rapids, las dos ciudades más grandes del Estado, es suficiente para darse cuenta de que el tema que más preocupa a los votantes de Iowa es la calidad del agua. Se preguntan si está contaminada por la filtración de productos químicos que los granjeros utilizan, como los fertilizantes, pesticidas y nitratos. Los casos de cáncer en el Estado han crecido de forma alarmante en los últimos años y todos señalan al agua. Está en muchas conversaciones. Iowa tiene la segunda tasa más alta del país en crecimiento de casos de cáncer entre jóvenes.
Rob Sand, que viste unas zapatillas New Balance grises y una camisa oscura que lleva por fuera de un pantalón beis, como si fuera un joven universitario, escucha pacientemente los testimonios de todos los asistentes en un acto al que asistió EL PAÍS a mediados de octubre. Como el de Isabelle Ireland, que ha viajado desde Saint Marys, a 60 kilómetros, para contar que con 16 años le detectaron un tipo de cáncer extraordinariamente raro y la trataron con la misma quimioterapia que se usaba hace 50 años. El candidato hace preguntas, se interesa por los detalles de los casos y, ante todo, evita hacer promesas vacías. No pronuncia un discurso extenso y grandilocuente, solamente promete enfocar los esfuerzos de la administración para centrarse en los pacientes y no en la burocracia.
De ‘Vogue Italia’ a cazar un bisonte
Sand mide alrededor de 1,90 metros, tiene 44 años, pelo castaño claro, ojos azules y cara de Tom Sawyer. Nadie diría que este político moderado del Medio Oeste, al que le gusta salir a cazar con arco y flechas y que tiene la cabeza de un bisonte colgada en su despacho, fue modelo en pasarelas de Milán y París. De joven proyectaba esa imagen de adolescente lánguido y desenfadado que atrae a las revistas de moda, como Vogue Italia. Incluso posó para fotógrafos como Terry Richardson, pero a él no le gusta que se le recuerde por eso. Ha dejado atrás esa etapa. Ahora fomenta la imagen de un tipo corriente de Iowa preocupado por los problemas reales de sus vecinos. Y por eso está en esa cafetería de Ankeny.
No es Sand un político al uso. Pese a su imagen desenfadada, parece un tipo de otra época. Algo moralista, religioso, abstemio y moderado. Comienza sus mítines con el himno America The Beautiful, una de las canciones favoritas de Donald Trump; le gusta incluir referencias cristianas en sus discursos y criticar la polarización política. Habla de los dos grandes partidos como dos “clubes privados”. Tiene una especial habilidad para evitar los temas controvertidos y entrar en polémicas.

Hay quien dice que tiene un cierto parecido con Kennedy. Y sobre él cuelga el sambenito de ser “el demócrata al que temen los republicanos en los estados conservadores de Estados Unidos”, como lo describió The Wall Street Journal.
El candidato está casado con Christine Lauridse, directora ejecutiva de una empresa de aditivos para caldos y comida para mascotas, con quien tiene dos hijos. Su esposa procede de una familia acaudalada, que ha financiado buena parte de sus campañas electorales.
Originario de Decorah, una zona rodeada de bosques en el noreste del Estado, es hijo de un médico y una fisioterapeuta para niños con discapacidades. Se graduó en Ciencias Políticas en la Universidad de Brown (Rhode Island), donde obtuvo una beca y escribió una tesis sobre la participación política. Tras eso, viajó una temporada a Europa, donde trabajó como modelo. A su regreso completó Derecho en la universidad del Estado. Suele presumir de que rechazó entrar en Harvard para quedarse en Iowa, conocido por ser el mayor productor agrícola de Estados Unidos.
Trabajó durante unos años como ayudante del fiscal general del Estado antes de presentarse al cargo electo de auditor estatal. Su victoria atrajo las miradas del Partido Demócrata. Desde entonces ha recibido numerosos apoyos por su habilidad para ganar en un territorio de raíz conservadora. Su trabajo como auditor le ha dejado una marca: parece obsesionado con la eficiencia, con garantizar que cada centavo de dólar de dinero público se utilice eficientemente y no se pierda en irregularidades o trabas burocráticas, como repite en casi todas sus intervenciones.
Turek, la imagen de la perseverancia
Además del agua, los electores de Iowa están preocupados por la situación económica. En los últimos tiempos, el descontento cunde entre los influyentes granjeros de Iowa. Y ahí es donde encaja Josh Turek. Sentado en su silla de ruedas de aluminio sobre un chasis de fibra de carbono, ha recorrido los 99 condados del Estado explicando los efectos que los aranceles y la guerra contra Irán han tenido sobre la economía de la región.
Turek disputa el escaño al Senado en representación de Iowa contra Ashley Hinson, en un territorio que Trump ganó hace dos años por más de 13 puntos de diferencia. Pero a él le gusta la competición. Ha luchado toda su vida. Nació con espina bífida como consecuencia de la exposición de su padre a agentes químicos durante la guerra de Vietnam. Antes de cumplir los 10 años ya había sufrido 21 operaciones quirúrgicas. Desde entonces se mueve en una silla de ruedas. Pero eso no le ha impedido afrontar desafíos.

Cuando vio a sus hermanos menores jugar al baloncesto junto al porche de su casa, él quiso jugar con ellos. A los 12 años fue a un campamento para personas con movilidad reducida. Convirtió su afición en una forma de vida. Fue una figura destacada del deporte en la Universidad de Minnesota, donde fue capitán del equipo. A finales de 2004 se trasladó a España para jugar en el histórico Fundosa ONCE, uno de los mejores equipos de la liga española, donde se convirtió en una estrella. Después fichó por el equipo de Bilbao. En total, estuvo casi una década jugando en diversos equipos de la liga española, donde conoció a su actual esposa, de origen dominicano.
Desde 2022, cuando ganó las elecciones al parlamento estatal, es congresista en Des Moines, donde hace gala de haber pactado decenas de veces con los republicanos en asuntos como el endurecimiento de penas a los inmigrantes reincidentes o en cuestiones de seguridad.
Estrella del baloncesto en España
Turek es oriundo de Council Bluffs, una pequeña localidad en el suroeste del estado, y nació en el seno de una familia humilde. Su padre, veterano del ejército, sufrió durante toda su vida la pérdida de su primera hija, ahogada en una piscina. Su madre trabajaba como asistente social para personas con discapacidad intelectual.
“Ya es bastante difícil crecer en la pobreza, pero es realmente complicado crecer siendo pobre y discapacitado”, dijo en uno de sus mítines, donde reconoció que sufrió acoso escolar por su problema de movilidad. “No tenía muchos amigos, tenía problemas de autoestima y el baloncesto y los deportes adaptados me brindaron una vía de escape”, confesó.
Dejó el baloncesto profesional en 2022, con un currículo brillante: ganó dos medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Rio (2016); y en los de Tokio (2021). Antes logró una presea de bronce en Londres (2020).
Regresó a Iowa para trabajar en una empresa de dispositivos de movilidad. El salto a la política llegó tras su frustración al ver la cantidad de solicitudes médicas rechazadas para niños con discapacidad. Se presentó a la Cámara estatal y logró el escaño por seis votos. Se define como “un populista de las praderas” y, aunque tiene principios progresistas, en campaña ha enfatizado su perfil moderado para contrarrestar los ataques de su rival. Hinson dice de él que es demasiado liberal para Iowa.
El aspirante ha conseguido el respaldo de Barack Obama para esta campaña. El expresidente demócrata grabó un video jugando al baloncesto con Turek. “Es alguien que sabe como ganar”, dijo.
Durante los dos debates electorales televisados entre Turek y Hinson se percibió la mayor capacidad de reacción de la republicana ante el exdeportista, al que se le veía incómodo, bebiendo agua por la boca seca. Pero manteniendo el pulso con continuos ataques a la conservadora, a la que acusó de su excesiva fidelidad a Trump, de respaldar los aranceles, la guerra contra Irán y la Big Beautiful Bill, que ha supuesto recortes en la cobertura médica para miles de ciudadanos.
Ella lo acusa a él de ausentarse con frecuencia de la oficina y no acudir a los plenos del parlamento regional. Él asegura que ha preferido estar en la calle con los votantes. A diferencia de su rival, no destaca por su presencia física ni por su capacidad dialéctica, pero los vecinos destacan de él que es predecible, persistente y se preocupa por la comunidad. Las encuestas le dan opciones de arrebatar el escaño a los republicanos. Para ello tendrá que conseguir la última canasta.
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