
Hace ya una década, el expresidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker advertía en Estrasburgo de que los ataques tecnológicos podían ser “más peligrosos” que incluso los fusiles y los tanques para la estabilidad y la democracia del Viejo Continente. Pero Europa siempre ha destacado por ser rápida en diagnosticar y lenta en ejecutar. Y los avisos del luxemburgués han pasado a ser algo más que una mera hipótesis. La UE se ha convertido en el blanco de ciberataques y ofensivas híbridas justo cuando se encuentra a las puertas de un ciclo electoral en el que la ultraderecha puede seguir ganando poder. La seguridad, en todas sus dimensiones (desde la energía hasta la economía), ha centrado las mesas de la segunda jornada del foro World In Progress (WIP) de Barcelona, organizado por el Grupo PRISA.

El foro World In Progress concluye con un análisis de la nueva agenda global sobre tecnología, economía y diálogo para la paz a las puertas de un nuevo ciclo electoral en el Viejo Continente
Hace ya una década, el expresidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker advertía en Estrasburgo de que los ataques tecnológicos podían ser “más peligrosos” que incluso los fusiles y los tanques para la estabilidad y la democracia del Viejo Continente. Pero Europa siempre ha destacado por ser rápida en diagnosticar y lenta en ejecutar. Y los avisos del luxemburgués han pasado a ser algo más que una mera hipótesis. La UE se ha convertido en el blanco de ciberataques y ofensivas híbridas justo cuando se encuentra a las puertas de un ciclo electoral en el que la ultraderecha puede seguir ganando poder. La seguridad, en todas sus dimensiones (desde la energía hasta la economía), ha centrado las mesas de la segunda jornada del foro World In Progress (WIP) de Barcelona, organizado por el Grupo PRISA.
“La única buena noticia es que la gran nueva guerra mundial puede no estallar”. El diagnóstico de Shlomo Ben-Ami, exministro de Exteriores de Israel, resonó en el auditorio. Las superpotencias, razonó el también historiador, mantienen al mundo bajo una enorme presión. Empezando, por el presidente estadounidense, Donald Trump, quien ha decidido que “es legítimo cambiar las fronteras por la fuerza”. Juan Manuel Santos, expresidente de Colombia y Premio Nobel de la Paz, abundaba en esa idea: “¿Cuántos mandatarios están dispuestos a sacrificar el poder para mantener la paz? Trump ha llegado a un acuerdo con Rusia sobre los precios del diésel de cara a las elecciones de mitad de mandato”. Aun así, Ben-Ami consideró que a ninguna de las superpotencias (Estados Unidos, China, Rusia) les interesa un conflicto a gran escala.

Esa reflexión llegaba justo en un día clave para Washington. Si la nueva etapa electoral en Europa se abre el próximo día 29 de noviembre en España, al otro lado del Atlántico se celebraban este martes los comicios legislativos de medio mandato de Estados Unidos. “Este debe ser un veredicto sobre el método Trump, que es un método absolutista, que promete soluciones rápidas, eficaces, despiadadas, duras, sin empatía con los otros”, recordó la exministra de Exteriores y presidenta de WIP, Arancha González Laya. A su lado, la exembajadora de Estados Unidos en España Julissa Reynosso asentía. “El día a día para los ciudadanos también ha sido más difícil. Los americanos han visto cómo ellos [Trump] se enriquecen más, ya sea por manipulación o corrupción, mientras el ciudadano sufre y tiene más problemas para comprar leche en el supermercado o poner gasolina”, argumentó.
El segundo mandato de Trump ha servido para que las capitales europeas, también las gobernadas por quienes fueron más cercanos al líder republicano, se convenzan de que deben avanzar hacia la autonomía estratégica. Eso ha redefinido la agenda europea, convirtiendo la seguridad en un principio presente en todas sus políticas: la economía, la tecnología o la energía. Nadia Calviño, presidenta del Banco Europeo de Inversión (BEI), puso algo de calma como jefa de la primera institución financiera multilateral del mundo al reafirmar su compromiso con la innovación tecnológica, la seguridad y la defensa. No en vano, ya durante la primera jornada se había puesto de manifiesto que las políticas de seguridad constituyen ya un elemento de primer orden para que las economías industriales del Viejo Continente sean más competitivas. “En un mundo que se enfrenta a retos más complejos, ningún país puede triunfar en solitario”, señaló.

Europa ha constatado lo nocivo de esa soledad, por ejemplo, en política energética cuando en 2022 sufrió los efectos de los ataques de Rusia a Ucrania a través de las subidas de los precios, sobre todo de los combustibles y los alimentos, y de las hipotecas. Los países de la UE llegan ahora a la crisis de Oriente Medio con sus finanzas públicas maltrechas y exhaustas por el esfuerzo realizado tras la pandemia y la guerra de Ucrania. Pero ese desgaste ha llevado también a sus gobiernos a convencerse de la necesidad de romper la dependencia con el gas y el crudo. Según la exministra de Transición Energética de Francia, Agnès Pannier-Runacher, esas dos fuentes aún suponen el 70% del mix energético. “La parte positiva es que podemos producir energía que es igual de competitiva que el crudo y el gas natural, ya sea con nuclear o renovables”, sostuvo. Ese es, precisamente, el debate en el que todavía se halla la UE: si en el camino en la descarbonización, que sobre el papel debe llegar en 2050, las nucleares son una opción. Francia apuesta por ellas, Alemania cree que fue un error dejarlas y España cree que el camino pasa por las renovables. El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y también candidato a la secretaría general de Naciones Unidas, Rafael Grossi, señaló que la nuclear “no es la solución”, pero sí “forma parte” de ella al ofrecer un suministro previsible y estable.
Calviño abrió el fuego sobre otro de los grandes debates de la jornada al prometer también que el BEI financiará una inteligencia artificial (IA) que actúe como “fuerza de bien, de progreso y de inclusión”. La IA, que está llamada a ser el nuevo gran motor para ganar productividad, aporta nuevas esperanzas para la industria, las telecomunicaciones e incluso la salud. “Todavía no llegamos a alcanzar las oportunidades que nos dará. Bien aplicada, nos va a facilitar muchas cosas en medicina”, sostuvo Josep Tabernero, director del Vall d’Hebron Instituto de Oncología. La cuestión, como apuntó el presidente Pedro Sánchez el día antes, es quién la controla y cómo se regula.



de Energía Atómica (OIEA), y Josep Borrell, ex alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, durante el almuerzo ‘El precio de la seguridad’.Kike Rincon

Albert Garcia













de Juan Manuel Santos (a la izquierda), expresidente de Colombia y asesor del WIP, y Shlomo Ben-Ami, historiador y exministro Exteriores de Israel, moderado por Gustavo Gómez, de Caracol Radio.GIANLUCA BATTISTA

















Manuel Muñiz, rector de IE University, fue rotundo: “La capacidad de la IA de provocar daño es infinitamente superior a los marcos regulatorios”. Muñiz ofreció la visión menos optimista sobre el desarrollo de esa tecnología: promete aumentar la productividad, pero a costa de recortar salarios, está en manos de una oligarquía e irrumpe en una sociedad sumida en el pesimismo. “Me produce un gran vértigo”, admitió. Es el mismo temor del que alertó hace cinco años el presidente francés Emmanuel Macron cuando abogó por la tecnología para reindustrializar Europa; que hace una década exponía Juncker en el Parlamento Europeo o que hace quince expresaba la excanciller Angela Merkel tras saberse espiada por servicios de inteligencia extranjeros. Calviño ayer dio espacio al optimismo: “El futuro de Europa está en nuestras manos, no podemos dar nada por sentado”.
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