Cuando la policía registraba la vivienda en el distrito de Tetuán de Madrid que llevaba operando al menos 11 años como un prostíbulo, una de las agentes encontró una caja con papeles perfectamente cortados y doblados. En ellos, estaban escritos los meses del año y unos números. “¿Qué es?”, interrogaron a la presunta cabecilla de este centro de explotación de mujeres. “Es para la rifa, al final del mes sorteamos un servicio de una hora que gana un cliente”, respondió ella. Una chica, un ser humano que se ofrecía gratis, para fidelizar en un negocio de esclavitud.
La policía detiene a cinco mujeres por explotar a una docena de víctimas a las que ofrecían gratis para fidelizar y a cambio de arreglos en el burdel
Cuando la policía registraba la vivienda en el distrito de Tetuán de Madrid que llevaba operando al menos 11 años como un prostíbulo, una de las agentes encontró una caja con papeles perfectamente cortados y doblados. En ellos, estaban escritos los meses del año y unos números. “¿Qué es?”, interrogaron a la presunta cabecilla de este centro de explotación de mujeres. “Es para la rifa, al final del mes sorteamos un servicio de una hora que gana un cliente”, respondió ella. Una chica, un ser humano que se ofrecía gratis, para fidelizar en un negocio de esclavitud.
Esta es una de las bajezas que los investigadores contra la trata de la brigada provincial de Madrid encontraron en ese piso el pasado 18 de marzo. En su interior, encontraron tres literas en un rincón del salón, separadas por una simple cortina, en las que se amontonaban las mujeres en sus escasos momentos de descanso. El lugar se llamaba El edén de Anita, ahora está precintado, aunque una canción que le dedicó un usuario se puede escuchar aún en internet.
“Disponían de todo un entramado empresarial para fidelizar”, señala Tomás Santamaría, inspector jefe de la Brigada Provincial de Extranjería de la Madrid. Como si de las ofertas de un gimnasio o una cadena de restaurantes se tratara, la propietaria del burdel disponía de todo un elenco de mecanismos para atraer o conseguir que los puteros repitieran. Uno de ellos era el de “la chica del día”, una ganga por la que una de las mujeres era ofertada a la mitad de precio.

“Cristal, chica del día. 40 euros media hora”, se leía en la página web en la que mostraba el elenco de mujeres a disposición 24 horas. Las víctimas explotadas aparecen posando semidesnudas, se las exhibe como “masajistas” y se detalla la lista de precios y servicios de cada una de ellas. No solo eso, sino que cuando uno de los puteros alcanzaba un cierto número de visitas a la vivienda, se le ofrecía un servicio gratis. También había descuentos cuando era el cumpleaños del cliente o cuando traía a un amigo que no había acudido antes. Y para los habituales, existía la posibilidad de servicios a domicilio durante tres o cuatro horas.
Como es habitual en muchos de esos lugares, si los clientes querían consumir droga y que la chica lo hiciera, ella no podía negarse, lo que llegó a provocar en alguna de las víctimas una drogodependencia que probablemente marcará el resto de su vida.
Hay cinco detenidas por dirigir, regentar y organizar este centro de esclavitud moderna. “Había encargadas de día, tarde y noche, de fin de semana y la que dirigía todo”, señala Santamaría. La jefa pasaba por la vivienda dos veces al día, para recolectar la recaudación. La investigación ha podido acreditar que el burdel llevaba funcionando más de una década y que habían diseñado incluso un mecanismo de apertura del portal especial, ante las molestias que generaba esta actividad ilegal. Se acusa a las detenidas de organización criminal, prostitución coactiva y blanqueo de capitales.
Tras la entrada y registro del domicilio, los policías tienen por delante un trabajo de análisis de ocho teléfonos móviles, un ordenador, un pendrive, así como diversa documentación, facturas, cuadernos con cuadrantes de servicios y sobres con contabilidades. En la vivienda también intervinieron 3.500 euros en efectivo y pastillas de viagra. La operación ha bloqueado cinco cuentas bancarias que también serán analizadas.
La investigación también ha acreditado que la dueña y las encargadas utilizaban a las chicas como moneda de cambio para pagar arreglos en la vivienda. “¿Lo quieres cobrar en dinero o con chicha?”, le pregunta una de ellas por mensaje a un trabajador que reparó una ventana. La opción que eligió fue la de que se lo pagaran con una mujer prostituida. Al final fue una de ellas la que logró escapar y denunció la explotación que se vivía en ese edén que era, en realidad, un infierno.
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