Miles de hectáreas de los montes al este de la provincia de Huelva han quedado trituradas tras sufrir los dos mayores incendios registrados en Andalucía, solapados sobre el mismo territorio con un intervalo de solo 22 años: el de Niebla, que quedó controlado el pasado jueves tras calcinar 33.000 hectáreas, y el de Riotinto, que arrasó 29.867 hectáreas en 2004. Más de la mitad de la superficie quemada en 2004 ha vuelto a arder. Este lunes el pueblo de Berrocal, cuyo término municipal ardió en un 90%, pedirá la declaración de zona catastrófica y así sumarse a Aznalcóllar (Sevilla). El incendio recorrió nada menos que 210 kilómetros para extender una colosal mancha gris al paisaje andaluz.


El rescate de Berrocal de las llamas
Tres días después del inicio del incendio de Niebla un batallón de la Unidad Militar de Emergencias (UME), con 40 efectivos y siete camiones autobombas, llegó a Berrocal con la misión de salvar el pueblo de las llamas a pesar de su difícil topografía, rodeada de vegetación. “Fue quizás la misión más complicada junto a Marigenta [una aldea de Zalamea]. Analizamos por dónde vendría el incendio, los puntos débiles y nos preparamos para la defensa y aguantar el impacto del fuego, en la cooperativa de corcho y las viviendas”, rememora el capitán Jacob Gallego del segundo batallón.
Los militares, que llegaron a Berrocal el 9 de septiembre y permanecieron hasta el 14, hicieron un perímetro sin vegetación alrededor de la cooperativa y localizaron la piscina municipal y las tomas de agua con gran caudal. “Fue una defensa muy complicada por la intensidad del incendio. Las llamas llegaron bastante rápido, el lunes, y nos bordearon por el flanco sur. Pero por el norte el fuego volvió a subir a través de las pendientes, que siempre sube de manera más intensa. Habíamos mojado con continuidad de agua, espumógenos y retardantes, pero aun así, el fuego progresa por la virulencia y la vegetación”, detalla Gallego. La UME cumplió su objetivo y el pueblo sobrevivió a las llamas, aunque el 90% de sus montes han quedado calcinados.
El devastador fuego recién controlado en Niebla ha calcinado gran parte de los montes que ya sufrieron en 2004 las llamas de Riotinto
Miles de hectáreas de los montes al este de la provincia de Huelva han quedado trituradas tras sufrir los dos mayores incendios registrados en Andalucía, solapados sobre el mismo territorio con un intervalo de solo 22 años: el de Niebla, que quedó controlado el pasado jueves tras calcinar 33.000 hectáreas, y el de Riotinto, que arrasó 29.867 hectáreas en 2004. Más de la mitad de la superficie quemada en 2004 ha vuelto a arder. Este lunes el pueblo de Berrocal, cuyo término municipal ardió en un 90%, pedirá la declaración de zona catastrófica y así sumarse a Aznalcóllar (Sevilla). El incendio recorrió nada menos que 210 kilómetros para extender una colosal mancha gris al paisaje andaluz.
¿Cómo pueden estos montes sobreponerse ante tanta destrucción?
“Hay una oportunidad de oro para hacer una restauración ecológica ya con la prevención de incendios incluida. Hoy por hoy no es tan sólida esa prevención, es casi una declaración de intenciones que a veces no se lleva a cabo. Esa restauración es factible, porque si no, dentro de 22 años caeremos de nuevo en lo mismo. La Junta es receptiva, pero necesita el visto bueno de sus líderes políticos”, advierte Pablo Hidalgo, catedrático de Botánica de la Universidad de Huelva.
“Es fundamental la gestión integral del paisaje para generar discontinuidades que permita controlar los incendios, pero al mismo tiempo garantizando la conectividad ecológica. Esto ya ocurre en la naturaleza, donde la vegetación se dispone a modo de mosaico de distintas formaciones vegetales que además están interrumpidas por roquedos, arroyos, zonas de distintos suelos, etc. Imitar este modelo puede ayudar para detener grandes catástrofes”, añade el experto. Para que el beneficio social y ecológico prime sobre el económico, Hidalgo recuerda al Gobierno andaluz (PP y Vox) que puede hacer permutas con propietarios de fincas privadas sin dilatarlo en el tiempo. “Hay que buscar sinergias más que culpables”, matiza.
Toca empezar de cero. La restauración de estos montes, muchos de los cuales ya estaban muy recuperados desde el incendio de 2004 con madroñales y alcornoques maduros, es una tarea ardua que llevará de 15 a 20 años bajo el asesoramiento de un comité de expertos. Una vez sofocado el incendio, lo primero es esclarecer el origen del fuego por parte de una brigada de investigación de incendios forestales. A continuación, arrancan las obras de emergencia para eliminar árboles quemados que puedan ser un peligro para las personas y los animales. Casi todo el monte está ahora cubierto de una capa de ceniza que puede contaminar las aguas de los embalses y además el suelo se encuentra desprovisto de la vegetación y hojarasca que lo protegen contra la erosión.
Por eso, las actuaciones urgentes buscarán paliar la erosión del suelo y debe realizarse lo antes posible para reducir la velocidad de la escorrentía pluvial si se producen lluvias fuertes. Se deben construir albarradas y gaviones [diques de alambre rellenos de piedra] en los barrancos y zonas de concentración de la escorrentía para lograr que el agua circule más despacio. Como casi todo, la rapidez y eficacia de los trabajos dependen del dinero público dispuesto ―entre 1.000 y 3.000 euros por hectárea― en un terreno abrupto.
“Hay muchas zonas del incendio de orografía muy accidentada en las que resultará complicado retirar toda la madera quemada; hay que eliminar lo necesario para transitar y posibilitar las actuaciones de restauración. Según el terreno, podrá hacerse de forma mecanizada o, en casos extremos, de manera manual o con retroexcavadoras tipo araña, con patas y ruedas, que soportan ángulos de pendiente de hasta 50 grados”, avanza Juan Manuel Domingo, profesor de ingeniería forestal y de ingeniería de montes de la Universidad de Huelva. Tras la evaluación de daños y la zonificación del territorio quemado, los expertos deben frenar la propagación de plagas en el arbolado superviviente.

En grandes incendios la Junta andaluza crea unos grupos de trabajo para decidir junto al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y las universidades ―unos 15 expertos― cómo eliminar el arbolado dañado y cómo abordar la restauración de los montes. “Hay que darle a la naturaleza un tiempo de recuperación porque parte del arbolado, como los alcornoques, rebrota. El grupo de trabajo busca siempre dirigir la evolución de la naturaleza hacia la conservación y mejora de la biodiversidad, de la cantidad y calidad de los recursos hídricos, los paisajes y la conectividad ecológica en terrenos públicos y privados”, ilustra Domingo.
En un clima como el de Andalucía, mediterráneo y con una fuerte sequía estival, además del creciente efecto del cambio climático, las restauraciones no son sencillas. Las 8.486 hectáreas que arrasó en 2017 el incendio de Doñana, esa parte de la reserva se restauró con sabinas, enebros, pinos piñoneros, alcornoques y matorrales, aunque los expertos han reclamado al Gobierno andaluz más inversión y protección para que esas especies sobrevivan.
Respecto al valor ecológico del territorio calcinado, en este último incendio de Niebla sobresale la zona de especial interés La pata del caballo en la sierra de Tejada, el paisaje protegido del Río Tinto, y los dos espacios de la red natura 2000: los corredores ecológicos de los ríos Tinto (Huelva) y Guadiamar (Sevilla). La mayoría del monte quemado eran eucaliptales, pero también había alcornocales, pinares y encinas, así como islas sin quemar. “En las isletas los animales están siendo abatidos por carniceros, que no son cazadores. Hemos avisado a la policía autonómica y al Seprona para que persiga a estos furtivos porque ya tenemos imágenes de animales abatidos”, critica el alcalde de Paterna del Campo, Juan Salvador Domínguez (PSOE).
Durante el tramo final del incendio el presidente andaluz, Juan Manuel Moreno, recordó el papel decisivo que tuvieron los eucaliptos, que copó el 40% de los árboles calcinados y al que definió como “árbol gasolina” por la alfombra roja que puso a las llamas en su veloz expansión. Sin embargo, muchos de estos eucaliptales están en montes públicos propiedad del Gobierno andaluz y no han sido conservados. “El abandono de la Junta en esos eucaliptales es histórico. Ahí no podían entrar las máquinas, pero ahora sí es buena ocasión para empezar de cero”, apunta Hidalgo.
Debido al peligro de incendios, el Ayuntamiento de Niebla cerró un convenio con la Junta para la conservación de 5.000 hectáreas de eucaliptos en terrenos municipales. “Han ardido casi todas. En 2022 pedí a la Junta como alcaldesa la limpieza de esos montes y hubo silencio administrativo. En estos tres últimos años no se ha hecho nada”, lamenta Laura Pichardo, alcaldesa entre 2011 y 2023 y ahora concejal socialista en Niebla.
La Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente matiza esa supuesta falta de conservación: “Las masas situadas en terrenos con grandes pendientes u otras condiciones que impiden su gestión mecanizada por razones de seguridad, están identificadas en los proyectos de ordenación y se dejan evolucionar de forma natural hasta su transformación. Esto responde a una decisión de gestión planificada y documentada, no a una falta de atención”, defiende un portavoz.
Sobre el incendio, el alcalde de Paterna del Campo echa sal a la herida: “Me gustaría saber qué controles y actuaciones preventivas han tenido esos montes públicos y si han tenido las auditorías que pasa la empresa Ence. Durante tres noches no tuvieron efectivos y el fuego campó a sus anchas sin nadie luchando. Además, no tuvieron como prioridad evitar que pasara el río Tinto”.
La Asociación Forestal Andaluza ha sido muy crítica con la gestión del Ejecutivo autonómico de Moreno: “Los últimos años las cifras de inversión han alcanzado mínimos históricos. En 2025 las previsiones presupuestarias contemplaban una inversión forestal de 198 millones, pero finalmente se llegó a gastar únicamente apenas el 16% de esa cantidad”. Es decir, la Junta, que gestiona 1,2 millones de hectáreas de montes públicos, solo gastó el año pasado 32 millones de euros en los montes andaluces y dejó sin invertir 166 millones ya presupuestados. Además, la plantilla de agentes de medio ambiente está dotada solo en un 50% y se necesitarían 650 nuevos agentes para las necesidades actuales, censura la asociación de profesionales forestales. “Reclamamos a la Junta un cambio de rumbo urgente en materia de incendios forestales”, concluye este colectivo.

Tres días después del inicio del incendio de Niebla un batallón de la Unidad Militar de Emergencias (UME), con 40 efectivos y siete camiones autobombas, llegó a Berrocal con la misión de salvar el pueblo de las llamas a pesar de su difícil topografía, rodeada de vegetación. “Fue quizás la misión más complicada junto a Marigenta [una aldea de Zalamea]. Analizamos por dónde vendría el incendio, los puntos débiles y nos preparamos para la defensa y aguantar el impacto del fuego, en la cooperativa de corcho y las viviendas”, rememora el capitán Jacob Gallego del segundo batallón.
Los militares, que llegaron a Berrocal el 9 de septiembre y permanecieron hasta el 14, hicieron un perímetro sin vegetación alrededor de la cooperativa y localizaron la piscina municipal y las tomas de agua con gran caudal. “Fue una defensa muy complicada por la intensidad del incendio. Las llamas llegaron bastante rápido, el lunes, y nos bordearon por el flanco sur. Pero por el norte el fuego volvió a subir a través de las pendientes, que siempre sube de manera más intensa. Habíamos mojado con continuidad de agua, espumógenos y retardantes, pero aun así, el fuego progresa por la virulencia y la vegetación”, detalla Gallego. La UME cumplió su objetivo y el pueblo sobrevivió a las llamas, aunque el 90% de sus montes han quedado calcinados.
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