La búsqueda de la sostenibilidad está hoy cada vez más presente el el diseño y posterior construcción de los hoteles. Una sostenibilidad entendida de una manera amplia, en la que se tiene en cuenta la parte ambiental y energética pero al mismo tiempo la material, económica, paisajística y social. El diseño puede contribuir a utilizar menos recursos, a prolongar la vida útil de los edificios y sus materiales, a facilitar su mantenimiento, reparación, transformación o reutilización y a reducir los residuos. «Un proyecto sostenible debería consumir responsablemente los recursos y, al mismo tiempo, ser capaz de pertenecer al lugar», afirman Gema Alfaro y Emili Manrique, fundadores Alfaro-Manrique Atelier.Durante años el desarrollo hotelero estuvo asociado a construir más y construir nuevo. «Hoy, especialmente en destinos maduros como España, una parte fundamental del reto está en transformar mejor lo que ya tenemos , no hay nada más sostenible que recuperar lo existente y más con una planta hotelera tan madura como la nuestra», ponen en valor desde este estudio. «Tenemos un enorme patrimonio hotelero que necesita actualizarse. Reposicionar no debería significar borrar y empezar de nuevo, sino saber qué conservar, qué transformar y qué añadir. Esa capacidad de discernimiento también es buen diseño», aclaran los arquitectos. Un hotel contemporáneo puede tener una identidad potente y pertenecer profundamente a un lugar. «Para conseguirlo hay que empezar investigando y conociendo la memoria y el lugar antes de proyectar: «entender el entorno, la topografía, el clima, la vegetación, la luz, los materiales, la arquitectura y también la cultura y la forma de vivir de ese territorio», explican los fundadores del estudio. «Para nosotros, esa relación con el paisaje y la identidad también forma parte de la sostenibilidad», matizan.Entre sus trabajos está el diseño de la reforma de One Shot Buenavista, hotel que abrió en Santa Eulària (Ibiza) en 1933, con un jardín extraordinario que formaba parte de la memoria y la identidad del lugar. «Buenavista resume muy bien cómo entendemos la sostenibilidad: conservar no significa congelar ni renunciar a transformar», subrayan los arquitectos. Significa reconocer qué merece permanecer y utilizarlo como punto de partida para crear algo nuevo. «La memoria, el paisaje y la identidad pueden ser una extraordinaria materia prima para el diseño contemporáneo», puntualizan. Recuerdan, además, que una arquitectura capaz de adaptarse y envejecer bien es, en sí misma, una forma de economía circular.Tal y como expone la arquitecta Adriana Sans, «la arquitectura sostenible siempre ha estado presente en al arquitectura vernácula. Las cubiertas de las casas tradicionales en Menorca son de teja pero están pintadas de color blanco, para recoger la lluvia en invierno y repeler el calor en verano, las ventanas en el Caribe no tiene vidrios, sí persianas, para proteger de la lluvia y el sol y permitir que entre la ventilación cruzada, las fuentes en los patios refrescan las casas…etc.», pone como ejemplo. El estudio Sans diseñó en Menorca hace unos años el hotel Villa Le Blanc, con una huella de carbono prácticamente 0. «Hoy en día es posible diseñar con muy pocas emisiones y hacer hoteles ecológicos e integrados con el medio ambiente. Es cuestión de diseño y de tecnología. Opinamos que siempre se debería incorporar», resalta.Abrazar el marEl Palacio de Isora en Tenerife fue nombrado el mejor hotel de Europa cuando lo diseñaron desde este estudio. Un hotel abierto al mar donde los espacios climatizados son los mínimos y «se usa la climatología de Tenerife para hacerlo ecológico, áreas nobles sin ventanas con grandes porches que protegen el exterior de los interiores, jardines con lagos para refrescar, pasillos con patios abiertos al cielo y que no necesitan climatización… posiblemente es un hotel referente a nivel ecológico por su arquitectura, integrada en el paisaje y en la cultura local», explica Sans. Cree que la aportación de este hotel al sector ha sido «la creación de un espacio controlado donde la arquitectura ha aligerado el conjunto y lo ha fusionado con el entorno. Por las dimensiones del hotel fue la premisa de diseño que buscamos, el objetivo era no masificar a pesar de ser un gran edificio».Desde RCR Arquitectos, por su parte, detectan una mayor conciencia sobre la necesidad de reducir el impacto ambiental de la construcción y del funcionamiento de los edificios, y reconocen que «el sector hotelero está incorporando progresivamente criterios de eficiencia energética, gestión del agua, elección de materiales, reducción de residuos y relación con el entorno». No obstante, creen que la sostenibilidad « empieza en la propia concepción del proyecto : en decidir dónde construir, cuánto construir, cómo ocupar el territorio y cómo lograr que el edificio dialogue con las condiciones existentes, en lugar de imponerse sobre ellas», explica Andrea Buchner Anfruns, responsable de comunicación del estudio arquitectónico. Recuerda, ademas, que no toda arquitectura que se denomina sostenible lo es necesariamente. «La verdadera sostenibilidad implica una actitud global y una responsabilidad hacia el lugar, los recursos y el tiempo», matiza.En RCR entienden el paisaje no como un escenario sobre el que colocar un edificio, sino como una materia con la que trabajar. La arquitectura debe formar parte de ese lugar y, al mismo tiempo, permitir que este se manifieste. Les Cols Pavellons fue proyectado por RCR Arquitectes entre 2002 y 2003 y construido entre 2004 y 2005, como habitaciones anexas al restaurante Les Cols, en Olot. Entonces, el concepto de sostenibilidad no tenía la presencia que tiene ahora en el discurso arquitectónico. «Desde su origen, planteó otras preguntas: cómo intervenir en un paisaje existente, cómo reducir la presencia física de la arquitectura y cómo generar una experiencia en relación directa con la naturaleza», subraya Buchner. Creen que el hotel ha aportado una manera diferente de entender el alojamiento, no como un objeto aislado en un paisaje, sino como experiencia inseparable del lugar.Imagen del interior Les ColsPavellons, en Gerona © Theo Coutanceau Domini – RCR arquitectes«La sostenibilidad ha pasado de estar vinculada fundamentalmente a políticas de responsabilidad corporativa a entrar en ámbitos como la inversión, el diseño, la operación y la estrategia de negocio», resalta Álvaro Carrillo de Albornoz, director general del Instituto Tecnológico Hotelero (ITH). Si bien hay una razón ambiental, «hay también una económica», añade. Un hotel está pensado para operar durante muchos años y las decisiones adoptadas durante su construcción pueden influir después en sus costes energéticos, de agua y mantenimiento. «Diseñar correctamente desde el principio permite reducir consumos y evitar tener que corregir posteriormente determinadas ineficiencias mediante inversiones adicionales», puntualiza. A ello se suman las exigencias regulatorias, las estrategias de descarbonización, las demandas de inversores y financiadores y una mayor sensibilidad por parte del cliente. «Por eso, desde ITH insistimos en que la sostenibilidad debe poder medirse, planificarse e incorporarse a la toma de decisiones de la empresa, pasando del diagnóstico a actuaciones concretas y económicamente viables».Punto de partidaEsta entidad hace referencia a la inversión inicial como una de las grandes dificultades que hallan las unidades hoteleras para apostar por este tipo de construcciones, ya que «algunas soluciones, materiales o sistemas requieren un desembolso superior durante la fase de construcción y es necesario analizar la inversión teniendo en cuenta todo el ciclo de vida del edificio, no solamente su coste inicial», explica el director general de ITH. También exige una mayor coordinación desde las primeras fases entre arquitectura, ingeniería, propiedad y futura operación del hotel. «La sostenibilidad no debería aplicarse como una receta única, sino buscando las soluciones que tengan sentido para cada ubicación y modelo de negocio», aclara. Además, habla del reto de lograr que «el diseño preserve el equilibrio entre eficiencia y experiencia de cliente . Un hotel debe reducir su impacto ambiental, pero al mismo tiempo garantizar confort, calidad y funcionalidad».Otro aspecto clave es el hecho de que la sostenibilidad puede contribuir al posicionamiento de una marca, aunque el ITH advierte que «tiene que existir coherencia entre lo que se comunica y lo que realmente hace el establecimiento». Además, entienden que la sostenibilidad no debería convertirse en un simple argumento de marketing: tiene que poder demostrarse mediante actuaciones concretas, datos, objetivos y, cuando corresponda, certificaciones externas. Puede fortalecer la marca cuando existe un proyecto consistente detrás. La búsqueda de la sostenibilidad está hoy cada vez más presente el el diseño y posterior construcción de los hoteles. Una sostenibilidad entendida de una manera amplia, en la que se tiene en cuenta la parte ambiental y energética pero al mismo tiempo la material, económica, paisajística y social. El diseño puede contribuir a utilizar menos recursos, a prolongar la vida útil de los edificios y sus materiales, a facilitar su mantenimiento, reparación, transformación o reutilización y a reducir los residuos. «Un proyecto sostenible debería consumir responsablemente los recursos y, al mismo tiempo, ser capaz de pertenecer al lugar», afirman Gema Alfaro y Emili Manrique, fundadores Alfaro-Manrique Atelier.Durante años el desarrollo hotelero estuvo asociado a construir más y construir nuevo. «Hoy, especialmente en destinos maduros como España, una parte fundamental del reto está en transformar mejor lo que ya tenemos , no hay nada más sostenible que recuperar lo existente y más con una planta hotelera tan madura como la nuestra», ponen en valor desde este estudio. «Tenemos un enorme patrimonio hotelero que necesita actualizarse. Reposicionar no debería significar borrar y empezar de nuevo, sino saber qué conservar, qué transformar y qué añadir. Esa capacidad de discernimiento también es buen diseño», aclaran los arquitectos. Un hotel contemporáneo puede tener una identidad potente y pertenecer profundamente a un lugar. «Para conseguirlo hay que empezar investigando y conociendo la memoria y el lugar antes de proyectar: «entender el entorno, la topografía, el clima, la vegetación, la luz, los materiales, la arquitectura y también la cultura y la forma de vivir de ese territorio», explican los fundadores del estudio. «Para nosotros, esa relación con el paisaje y la identidad también forma parte de la sostenibilidad», matizan.Entre sus trabajos está el diseño de la reforma de One Shot Buenavista, hotel que abrió en Santa Eulària (Ibiza) en 1933, con un jardín extraordinario que formaba parte de la memoria y la identidad del lugar. «Buenavista resume muy bien cómo entendemos la sostenibilidad: conservar no significa congelar ni renunciar a transformar», subrayan los arquitectos. Significa reconocer qué merece permanecer y utilizarlo como punto de partida para crear algo nuevo. «La memoria, el paisaje y la identidad pueden ser una extraordinaria materia prima para el diseño contemporáneo», puntualizan. Recuerdan, además, que una arquitectura capaz de adaptarse y envejecer bien es, en sí misma, una forma de economía circular.Tal y como expone la arquitecta Adriana Sans, «la arquitectura sostenible siempre ha estado presente en al arquitectura vernácula. Las cubiertas de las casas tradicionales en Menorca son de teja pero están pintadas de color blanco, para recoger la lluvia en invierno y repeler el calor en verano, las ventanas en el Caribe no tiene vidrios, sí persianas, para proteger de la lluvia y el sol y permitir que entre la ventilación cruzada, las fuentes en los patios refrescan las casas…etc.», pone como ejemplo. El estudio Sans diseñó en Menorca hace unos años el hotel Villa Le Blanc, con una huella de carbono prácticamente 0. «Hoy en día es posible diseñar con muy pocas emisiones y hacer hoteles ecológicos e integrados con el medio ambiente. Es cuestión de diseño y de tecnología. Opinamos que siempre se debería incorporar», resalta.Abrazar el marEl Palacio de Isora en Tenerife fue nombrado el mejor hotel de Europa cuando lo diseñaron desde este estudio. Un hotel abierto al mar donde los espacios climatizados son los mínimos y «se usa la climatología de Tenerife para hacerlo ecológico, áreas nobles sin ventanas con grandes porches que protegen el exterior de los interiores, jardines con lagos para refrescar, pasillos con patios abiertos al cielo y que no necesitan climatización… posiblemente es un hotel referente a nivel ecológico por su arquitectura, integrada en el paisaje y en la cultura local», explica Sans. Cree que la aportación de este hotel al sector ha sido «la creación de un espacio controlado donde la arquitectura ha aligerado el conjunto y lo ha fusionado con el entorno. Por las dimensiones del hotel fue la premisa de diseño que buscamos, el objetivo era no masificar a pesar de ser un gran edificio».Desde RCR Arquitectos, por su parte, detectan una mayor conciencia sobre la necesidad de reducir el impacto ambiental de la construcción y del funcionamiento de los edificios, y reconocen que «el sector hotelero está incorporando progresivamente criterios de eficiencia energética, gestión del agua, elección de materiales, reducción de residuos y relación con el entorno». No obstante, creen que la sostenibilidad « empieza en la propia concepción del proyecto : en decidir dónde construir, cuánto construir, cómo ocupar el territorio y cómo lograr que el edificio dialogue con las condiciones existentes, en lugar de imponerse sobre ellas», explica Andrea Buchner Anfruns, responsable de comunicación del estudio arquitectónico. Recuerda, ademas, que no toda arquitectura que se denomina sostenible lo es necesariamente. «La verdadera sostenibilidad implica una actitud global y una responsabilidad hacia el lugar, los recursos y el tiempo», matiza.En RCR entienden el paisaje no como un escenario sobre el que colocar un edificio, sino como una materia con la que trabajar. La arquitectura debe formar parte de ese lugar y, al mismo tiempo, permitir que este se manifieste. Les Cols Pavellons fue proyectado por RCR Arquitectes entre 2002 y 2003 y construido entre 2004 y 2005, como habitaciones anexas al restaurante Les Cols, en Olot. Entonces, el concepto de sostenibilidad no tenía la presencia que tiene ahora en el discurso arquitectónico. «Desde su origen, planteó otras preguntas: cómo intervenir en un paisaje existente, cómo reducir la presencia física de la arquitectura y cómo generar una experiencia en relación directa con la naturaleza», subraya Buchner. Creen que el hotel ha aportado una manera diferente de entender el alojamiento, no como un objeto aislado en un paisaje, sino como experiencia inseparable del lugar.Imagen del interior Les ColsPavellons, en Gerona © Theo Coutanceau Domini – RCR arquitectes«La sostenibilidad ha pasado de estar vinculada fundamentalmente a políticas de responsabilidad corporativa a entrar en ámbitos como la inversión, el diseño, la operación y la estrategia de negocio», resalta Álvaro Carrillo de Albornoz, director general del Instituto Tecnológico Hotelero (ITH). Si bien hay una razón ambiental, «hay también una económica», añade. Un hotel está pensado para operar durante muchos años y las decisiones adoptadas durante su construcción pueden influir después en sus costes energéticos, de agua y mantenimiento. «Diseñar correctamente desde el principio permite reducir consumos y evitar tener que corregir posteriormente determinadas ineficiencias mediante inversiones adicionales», puntualiza. A ello se suman las exigencias regulatorias, las estrategias de descarbonización, las demandas de inversores y financiadores y una mayor sensibilidad por parte del cliente. «Por eso, desde ITH insistimos en que la sostenibilidad debe poder medirse, planificarse e incorporarse a la toma de decisiones de la empresa, pasando del diagnóstico a actuaciones concretas y económicamente viables».Punto de partidaEsta entidad hace referencia a la inversión inicial como una de las grandes dificultades que hallan las unidades hoteleras para apostar por este tipo de construcciones, ya que «algunas soluciones, materiales o sistemas requieren un desembolso superior durante la fase de construcción y es necesario analizar la inversión teniendo en cuenta todo el ciclo de vida del edificio, no solamente su coste inicial», explica el director general de ITH. También exige una mayor coordinación desde las primeras fases entre arquitectura, ingeniería, propiedad y futura operación del hotel. «La sostenibilidad no debería aplicarse como una receta única, sino buscando las soluciones que tengan sentido para cada ubicación y modelo de negocio», aclara. Además, habla del reto de lograr que «el diseño preserve el equilibrio entre eficiencia y experiencia de cliente . Un hotel debe reducir su impacto ambiental, pero al mismo tiempo garantizar confort, calidad y funcionalidad».Otro aspecto clave es el hecho de que la sostenibilidad puede contribuir al posicionamiento de una marca, aunque el ITH advierte que «tiene que existir coherencia entre lo que se comunica y lo que realmente hace el establecimiento». Además, entienden que la sostenibilidad no debería convertirse en un simple argumento de marketing: tiene que poder demostrarse mediante actuaciones concretas, datos, objetivos y, cuando corresponda, certificaciones externas. Puede fortalecer la marca cuando existe un proyecto consistente detrás.
La búsqueda de la sostenibilidad está hoy cada vez más presente el el diseño y posterior construcción de los hoteles. Una sostenibilidad entendida de una manera amplia, en la que se tiene en cuenta la parte ambiental y energética pero al mismo tiempo la material, … económica, paisajística y social. El diseño puede contribuir a utilizar menos recursos, a prolongar la vida útil de los edificios y sus materiales, a facilitar su mantenimiento, reparación, transformación o reutilización y a reducir los residuos. «Un proyecto sostenible debería consumir responsablemente los recursos y, al mismo tiempo, ser capaz de pertenecer al lugar», afirman Gema Alfaro y Emili Manrique, fundadores Alfaro-Manrique Atelier.
Durante años el desarrollo hotelero estuvo asociado a construir más y construir nuevo. «Hoy, especialmente en destinos maduros como España, una parte fundamental del reto está en transformar mejor lo que ya tenemos, no hay nada más sostenible que recuperar lo existente y más con una planta hotelera tan madura como la nuestra», ponen en valor desde este estudio. «Tenemos un enorme patrimonio hotelero que necesita actualizarse. Reposicionar no debería significar borrar y empezar de nuevo, sino saber qué conservar, qué transformar y qué añadir. Esa capacidad de discernimiento también es buen diseño», aclaran los arquitectos. Un hotel contemporáneo puede tener una identidad potente y pertenecer profundamente a un lugar. «Para conseguirlo hay que empezar investigando y conociendo la memoria y el lugar antes de proyectar: «entender el entorno, la topografía, el clima, la vegetación, la luz, los materiales, la arquitectura y también la cultura y la forma de vivir de ese territorio», explican los fundadores del estudio. «Para nosotros, esa relación con el paisaje y la identidad también forma parte de la sostenibilidad», matizan.
Entre sus trabajos está el diseño de la reforma de One Shot Buenavista, hotel que abrió en Santa Eulària (Ibiza) en 1933, con un jardín extraordinario que formaba parte de la memoria y la identidad del lugar. «Buenavista resume muy bien cómo entendemos la sostenibilidad: conservar no significa congelar ni renunciar a transformar», subrayan los arquitectos. Significa reconocer qué merece permanecer y utilizarlo como punto de partida para crear algo nuevo. «La memoria, el paisaje y la identidad pueden ser una extraordinaria materia prima para el diseño contemporáneo», puntualizan. Recuerdan, además, que una arquitectura capaz de adaptarse y envejecer bien es, en sí misma, una forma de economía circular.
Tal y como expone la arquitecta Adriana Sans, «la arquitectura sostenible siempre ha estado presente en al arquitectura vernácula. Las cubiertas de las casas tradicionales en Menorca son de teja pero están pintadas de color blanco, para recoger la lluvia en invierno y repeler el calor en verano, las ventanas en el Caribe no tiene vidrios, sí persianas, para proteger de la lluvia y el sol y permitir que entre la ventilación cruzada, las fuentes en los patios refrescan las casas…etc.», pone como ejemplo. El estudio Sans diseñó en Menorca hace unos años el hotel Villa Le Blanc, con una huella de carbono prácticamente 0. «Hoy en día es posible diseñar con muy pocas emisiones y hacer hoteles ecológicos e integrados con el medio ambiente. Es cuestión de diseño y de tecnología. Opinamos que siempre se debería incorporar», resalta.
Abrazar el mar
El Palacio de Isora en Tenerife fue nombrado el mejor hotel de Europa cuando lo diseñaron desde este estudio. Un hotel abierto al mar donde los espacios climatizados son los mínimos y «se usa la climatología de Tenerife para hacerlo ecológico, áreas nobles sin ventanas con grandes porches que protegen el exterior de los interiores, jardines con lagos para refrescar, pasillos con patios abiertos al cielo y que no necesitan climatización… posiblemente es un hotel referente a nivel ecológico por su arquitectura, integrada en el paisaje y en la cultura local», explica Sans. Cree que la aportación de este hotel al sector ha sido «la creación de un espacio controlado donde la arquitectura ha aligerado el conjunto y lo ha fusionado con el entorno. Por las dimensiones del hotel fue la premisa de diseño que buscamos, el objetivo era no masificar a pesar de ser un gran edificio».
Desde RCR Arquitectos, por su parte, detectan una mayor conciencia sobre la necesidad de reducir el impacto ambiental de la construcción y del funcionamiento de los edificios, y reconocen que «el sector hotelero está incorporando progresivamente criterios de eficiencia energética, gestión del agua, elección de materiales, reducción de residuos y relación con el entorno». No obstante, creen que la sostenibilidad «empieza en la propia concepción del proyecto: en decidir dónde construir, cuánto construir, cómo ocupar el territorio y cómo lograr que el edificio dialogue con las condiciones existentes, en lugar de imponerse sobre ellas», explica Andrea Buchner Anfruns, responsable de comunicación del estudio arquitectónico. Recuerda, ademas, que no toda arquitectura que se denomina sostenible lo es necesariamente. «La verdadera sostenibilidad implica una actitud global y una responsabilidad hacia el lugar, los recursos y el tiempo», matiza.
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En RCR entienden el paisaje no como un escenario sobre el que colocar un edificio, sino como una materia con la que trabajar. La arquitectura debe formar parte de ese lugar y, al mismo tiempo, permitir que este se manifieste. Les Cols Pavellons fue proyectado por RCR Arquitectes entre 2002 y 2003 y construido entre 2004 y 2005, como habitaciones anexas al restaurante Les Cols, en Olot. Entonces, el concepto de sostenibilidad no tenía la presencia que tiene ahora en el discurso arquitectónico. «Desde su origen, planteó otras preguntas: cómo intervenir en un paisaje existente, cómo reducir la presencia física de la arquitectura y cómo generar una experiencia en relación directa con la naturaleza», subraya Buchner. Creen que el hotel ha aportado una manera diferente de entender el alojamiento, no como un objeto aislado en un paisaje, sino como experiencia inseparable del lugar.

(© Theo Coutanceau Domini – RCR arquitectes)
«La sostenibilidad ha pasado de estar vinculada fundamentalmente a políticas de responsabilidad corporativa a entrar en ámbitos como la inversión, el diseño, la operación y la estrategia de negocio», resalta Álvaro Carrillo de Albornoz, director general del Instituto Tecnológico Hotelero (ITH). Si bien hay una razón ambiental, «hay también una económica», añade. Un hotel está pensado para operar durante muchos años y las decisiones adoptadas durante su construcción pueden influir después en sus costes energéticos, de agua y mantenimiento. «Diseñar correctamente desde el principio permite reducir consumos y evitar tener que corregir posteriormente determinadas ineficiencias mediante inversiones adicionales», puntualiza. A ello se suman las exigencias regulatorias, las estrategias de descarbonización, las demandas de inversores y financiadores y una mayor sensibilidad por parte del cliente. «Por eso, desde ITH insistimos en que la sostenibilidad debe poder medirse, planificarse e incorporarse a la toma de decisiones de la empresa, pasando del diagnóstico a actuaciones concretas y económicamente viables».
Punto de partida
Esta entidad hace referencia a la inversión inicial como una de las grandes dificultades que hallan las unidades hoteleras para apostar por este tipo de construcciones, ya que «algunas soluciones, materiales o sistemas requieren un desembolso superior durante la fase de construcción y es necesario analizar la inversión teniendo en cuenta todo el ciclo de vida del edificio, no solamente su coste inicial», explica el director general de ITH. También exige una mayor coordinación desde las primeras fases entre arquitectura, ingeniería, propiedad y futura operación del hotel. «La sostenibilidad no debería aplicarse como una receta única, sino buscando las soluciones que tengan sentido para cada ubicación y modelo de negocio», aclara. Además, habla del reto de lograr que «el diseño preserve el equilibrio entre eficiencia y experiencia de cliente. Un hotel debe reducir su impacto ambiental, pero al mismo tiempo garantizar confort, calidad y funcionalidad».
Otro aspecto clave es el hecho de que la sostenibilidad puede contribuir al posicionamiento de una marca, aunque el ITH advierte que «tiene que existir coherencia entre lo que se comunica y lo que realmente hace el establecimiento». Además, entienden que la sostenibilidad no debería convertirse en un simple argumento de marketing: tiene que poder demostrarse mediante actuaciones concretas, datos, objetivos y, cuando corresponda, certificaciones externas. Puede fortalecer la marca cuando existe un proyecto consistente detrás.
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