La economía española encara un cambio de ciclo. Después de tres años de crecimientos vigorosos , que han terminado por mejorar año tras año las previsiones que formulaban analistas y organismos internacionales -principalmente por unos flujos de entrada de población difíciles de prever-, parece haber iniciado ya el camino hacia la normalización. Así lo ha avanzado este jueves el servicio de estudios de Funcas, uno de los más prestigiosos del país, que asegura haber observado síntomas claros de que la anunciada ralentización de la economía española es una realidad que se habría iniciado ya este mismo verano y que se consolidará de forma irremisible durante los próximos trimestres.Las señales detectadas por Funcas apuntan a que el robusto crecimiento del 0,7% registrado entre marzo y junio se suavizará al 0,5% en el tercer trimestre, el que cubre la temporada turística estival, y al 0,4%, en el último trimestre del año. Bajo esta premisa, el crecimiento del PIB será este año del 2,5%, apenas una décimas menos que el año pasado, pero se desacelerará hasta el 1,8% en 2027 y el 1,7% en 2028, acercándose a lo que es el potencial de crecimiento real de la economía española.A juicio de Funcas varios factores explican este menor vigor: la persistencia de una inflación alta, que ensombrece las expectativas de las familias y erosiona la competitividad de las empresas con el resto de sus competidores europeos; la desaceleración de la actividad turística, que roza niveles próximos a la saturación según el servicio de análisis; y el encarecimiento del precio del dinero, derivado de la subida de los tipos de interés por parte del BCE, que drena recursos de las familias y encarece los planes de inversión de las empresas. Todo ello configura un escenario bien diferente al de los últimos años, particularmente en lo que se refiere al contexto financiero.»Se trata de una desaceleración gradual, no estamos hablando de una crisis», ha explicado el director general de Funcas, Carlos Ocaña, lo que no impide que haya motivos para la inquietud. «El principal riesgo en este momento es una inflación persistente que erosiona las renta de los hogares y la competitividad de nuestras empresas. Evitar los efectos de segunda ronda debería ser una prioridad compartida por todos los agentes sociales», ha dicho.Funcas entiende que la prioridad a corto plazo debería ser evitar los efectos de segunda ronda , que, dicen, de momento no se han observado. Porque poner la inflación bajo control será crítico para evitar que la desaceleración que se vaticina para los próximos trimestres no sea todavía más acusada, según ha advertido el analista jefe de Funcas, Raymond Torres.El analista de Funcas admite que los efectos de esta inflación galopante, situada ya al borde del 5% según el INE y que viene impulsada por un encarecimiento del 26% del precio de la gasolina, del 29% del diésel y del 59% de la electricidad, no se han apreciado en el crecimiento de la primera mitad del año, pero que empezarán a hacerse patentes a partir de ahora, en forma de desaceleración del consumo privado y de la inversión. Preocupa también la evolución de la situación fiscal de las administraciones públicas. Raymond Torre advierte de que la subida de los tipos de interés estrechará el margen de actuación fiscal de los gobiernos y encarecerá de forma sustancial la factura de la deuda, que Funcas ya ha advertido de que se ensanchará en 20.000 millones de euros de aquí a 2031 en el mejor de los casos. En el peor de los casos podría dispararse hasta por encima de los 70.000 millones de euros, lo que equivaldría a comerse en un lustro una cantidad equivalente a toda la recaudación del Impuesto de Sociedades o al 69% del gasto público en educación. La economía española encara un cambio de ciclo. Después de tres años de crecimientos vigorosos , que han terminado por mejorar año tras año las previsiones que formulaban analistas y organismos internacionales -principalmente por unos flujos de entrada de población difíciles de prever-, parece haber iniciado ya el camino hacia la normalización. Así lo ha avanzado este jueves el servicio de estudios de Funcas, uno de los más prestigiosos del país, que asegura haber observado síntomas claros de que la anunciada ralentización de la economía española es una realidad que se habría iniciado ya este mismo verano y que se consolidará de forma irremisible durante los próximos trimestres.Las señales detectadas por Funcas apuntan a que el robusto crecimiento del 0,7% registrado entre marzo y junio se suavizará al 0,5% en el tercer trimestre, el que cubre la temporada turística estival, y al 0,4%, en el último trimestre del año. Bajo esta premisa, el crecimiento del PIB será este año del 2,5%, apenas una décimas menos que el año pasado, pero se desacelerará hasta el 1,8% en 2027 y el 1,7% en 2028, acercándose a lo que es el potencial de crecimiento real de la economía española.A juicio de Funcas varios factores explican este menor vigor: la persistencia de una inflación alta, que ensombrece las expectativas de las familias y erosiona la competitividad de las empresas con el resto de sus competidores europeos; la desaceleración de la actividad turística, que roza niveles próximos a la saturación según el servicio de análisis; y el encarecimiento del precio del dinero, derivado de la subida de los tipos de interés por parte del BCE, que drena recursos de las familias y encarece los planes de inversión de las empresas. Todo ello configura un escenario bien diferente al de los últimos años, particularmente en lo que se refiere al contexto financiero.»Se trata de una desaceleración gradual, no estamos hablando de una crisis», ha explicado el director general de Funcas, Carlos Ocaña, lo que no impide que haya motivos para la inquietud. «El principal riesgo en este momento es una inflación persistente que erosiona las renta de los hogares y la competitividad de nuestras empresas. Evitar los efectos de segunda ronda debería ser una prioridad compartida por todos los agentes sociales», ha dicho.Funcas entiende que la prioridad a corto plazo debería ser evitar los efectos de segunda ronda , que, dicen, de momento no se han observado. Porque poner la inflación bajo control será crítico para evitar que la desaceleración que se vaticina para los próximos trimestres no sea todavía más acusada, según ha advertido el analista jefe de Funcas, Raymond Torres.El analista de Funcas admite que los efectos de esta inflación galopante, situada ya al borde del 5% según el INE y que viene impulsada por un encarecimiento del 26% del precio de la gasolina, del 29% del diésel y del 59% de la electricidad, no se han apreciado en el crecimiento de la primera mitad del año, pero que empezarán a hacerse patentes a partir de ahora, en forma de desaceleración del consumo privado y de la inversión. Preocupa también la evolución de la situación fiscal de las administraciones públicas. Raymond Torre advierte de que la subida de los tipos de interés estrechará el margen de actuación fiscal de los gobiernos y encarecerá de forma sustancial la factura de la deuda, que Funcas ya ha advertido de que se ensanchará en 20.000 millones de euros de aquí a 2031 en el mejor de los casos. En el peor de los casos podría dispararse hasta por encima de los 70.000 millones de euros, lo que equivaldría a comerse en un lustro una cantidad equivalente a toda la recaudación del Impuesto de Sociedades o al 69% del gasto público en educación.
La economía española encara un cambio de ciclo. Después de tres años de crecimientos vigorosos, que han terminado por mejorar año tras año las previsiones que formulaban analistas y organismos internacionales -principalmente por unos flujos de entrada de población difíciles de prever-, parece haber … iniciado ya el camino hacia la normalización. Así lo ha avanzado este jueves el servicio de estudios de Funcas, uno de los más prestigiosos del país, que asegura haber observado síntomas claros de que la anunciada ralentización de la economía española es una realidad que se habría iniciado ya este mismo verano y que se consolidará de forma irremisible durante los próximos trimestres.
Las señales detectadas por Funcas apuntan a que el robusto crecimiento del 0,7% registrado entre marzo y junio se suavizará al 0,5% en el tercer trimestre, el que cubre la temporada turística estival, y al 0,4%, en el último trimestre del año. Bajo esta premisa, el crecimiento del PIB será este año del 2,5%, apenas una décimas menos que el año pasado, pero se desacelerará hasta el 1,8% en 2027 y el 1,7% en 2028, acercándose a lo que es el potencial de crecimiento real de la economía española.
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A juicio de Funcas varios factores explican este menor vigor: la persistencia de una inflación alta, que ensombrece las expectativas de las familias y erosiona la competitividad de las empresas con el resto de sus competidores europeos; la desaceleración de la actividad turística, que roza niveles próximos a la saturación según el servicio de análisis; y el encarecimiento del precio del dinero, derivado de la subida de los tipos de interés por parte del BCE, que drena recursos de las familias y encarece los planes de inversión de las empresas. Todo ello configura un escenario bien diferente al de los últimos años, particularmente en lo que se refiere al contexto financiero.
«Se trata de una desaceleración gradual, no estamos hablando de una crisis», ha explicado el director general de Funcas, Carlos Ocaña, lo que no impide que haya motivos para la inquietud. «El principal riesgo en este momento es una inflación persistente que erosiona las renta de los hogares y la competitividad de nuestras empresas. Evitar los efectos de segunda ronda debería ser una prioridad compartida por todos los agentes sociales», ha dicho.
Funcas entiende que la prioridad a corto plazo debería ser evitar los efectos de segunda ronda, que, dicen, de momento no se han observado. Porque poner la inflación bajo control será crítico para evitar que la desaceleración que se vaticina para los próximos trimestres no sea todavía más acusada, según ha advertido el analista jefe de Funcas, Raymond Torres.
El analista de Funcas admite que los efectos de esta inflación galopante, situada ya al borde del 5% según el INE y que viene impulsada por un encarecimiento del 26% del precio de la gasolina, del 29% del diésel y del 59% de la electricidad, no se han apreciado en el crecimiento de la primera mitad del año, pero que empezarán a hacerse patentes a partir de ahora, en forma de desaceleración del consumo privado y de la inversión.
Preocupa también la evolución de la situación fiscal de las administraciones públicas. Raymond Torre advierte de que la subida de los tipos de interés estrechará el margen de actuación fiscal de los gobiernos y encarecerá de forma sustancial la factura de la deuda, que Funcas ya ha advertido de que se ensanchará en 20.000 millones de euros de aquí a 2031 en el mejor de los casos. En el peor de los casos podría dispararse hasta por encima de los 70.000 millones de euros, lo que equivaldría a comerse en un lustro una cantidad equivalente a toda la recaudación del Impuesto de Sociedades o al 69% del gasto público en educación.
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