La aparición inesperada en un mitin de Trump de Gernot Döllner, consejero delegado de Audi, ha desatado una tormenta política y sindical en Alemania . En el clímax de un acto electoral, el presidente Trump anunció ante sus seguidores que el fabricante alemán planea invertir 4.000 millones de dólares (algo más de 3.500 millones de euros) en una nueva fábrica que se situaría en el estado de Georgia, operación que presentó como una prueba de que sus aranceles están devolviendo la producción industrial a Estados Unidos.Tras ser invitado por Trump a subir al escenario, el máximo responsable de Audi agradeció al presidente estadounidense su apoyo y defendió la apuesta de la compañía por el mercado americano. La escena proporcionó al presidente una imagen favorable en plena campaña para las elecciones legislativas de mitad de mandato, pero ha causado un gran malestar en Alemania, en medio de un proceso de gran pérdida de empleos industriales y crisis de crecimiento económico .Según el comunicado oficial de Audi, la empresa tiene previsto invertir unos 4.000 millones de dólares para establecer su primera planta de producción en Estados Unidos. La fábrica se construirá en Georgia, cerca de la ciudad de Macon, y tendrá capacidad para producir hasta 200.000 vehículos al año, principalmente grandes todoterrenos de lujo destinados al mercado norteamericano. Audi calcula que el proyecto permitirá crear alrededor de 4.500 puestos de trabajo. El inicio de las obras está previsto para 2027 y la producción comenzaría a principios de la década de 2030.Döllner justifica la decisión del emblemático fabricante alemán en que Estados Unidos es «uno de los mercados prémium más importantes del mundo» y que Audi todavía no ha aprovechado todo su potencial. «Estamos decididos a cambiar eso», afirma, para defender una mayor presencia industrial en el país. La empresa presenta la iniciativa como una inversión estratégica a largo plazo, destinada a reforzar su competitividad, reducir su exposición a los riesgos comerciales y cambiarios y equilibrar su red mundial de producción, actualmente articulada en torno a Europa y China. Audi sostiene asimismo que Alemania y Europa seguirán siendo la base industrial de la marca.Un anuncio vergonzoso e inaceptable para la plantillaEl comunicado evita, sin embargo, una cuestión esencial: el proyecto todavía necesita la aprobación de los órganos competentes del grupo Volkswagen, incluida su Comisión de Supervisión. Volkswagen, que acaba de congelar sus salarios en todo el mundo y mantiene un durísimo proceso de negociación con el poderoso sindicato IG Metall, ha recibido el anuncio de Audi como una puñalada. Christiane Benner, presidenta de IG Metall y vicepresidenta del Consejo de Supervisión de Volkswagen, ha calificado la aparición de Döllner en la campaña de Trump como profundamente vergonzosa, políticamente inaceptable e indigna de la empresa».El poderoso sindicato IG Metall ha tildado el anuncio realizado por el CEO de Audi junto a Trump como «vergonzoso, indigno y políticamente inaceptable»Su objeción no se limita al contenido político, sino que sostiene además que el consejero delegado vulneró las propias reglas internas de funcionamiento de Audi, que exigen neutralidad política durante el periodo previo a las elecciones. El código de conducta de la compañía establece que, durante los tres meses anteriores a unos comicios, no deben celebrarse actos públicos con partidos o políticos que concurran a ellos ni patrocinarse eventos de ese tipo.La decisión no está tomadaLa dirigente sindical ha añadido que los representantes de los trabajadores llevan meses reclamando una estrategia norteamericana clara, pero también garantías para el empleo en las plantas alemanas. Su posición es que la expansión en Estados Unidos no puede aprobarse sin conocer s us consecuencias para el conjunto del grupo y que «la decisión definitiva sobre una posible nueva fábrica en Estados Unidos está sujeta a la aprobación de los órganos competentes». El consejo de supervisión de Volkswagen, en el que están representados los trabajadores, tendrá que examinar la operación antes de dar luz verde. Trump, sin embargo, dio por hecha la construcción de la nueva planta. «Piénsenlo. ¡200.000 coches al año! Eso es increíble», celebró. A continuación, atribuyó el proyecto a sus aranceles y se burló de la política europea, que ni siquiera sus empresas respaldan. Según cálculos de Reuters, los aranceles estadounidenses le han costado a Audi aproximadamente 1.200 millones de euros sólo el año pasado. Daniela Cavallo, presidenta del comité de empresa del grupo Volkswagen, ha criticado que Döllner apoye un discurso electoral marcado por el «racismo, el sexismo, la xenofobia, la transfobia y el desprecio por la democracia», además de reprochar a la dirección de Volkswagen, encabezada por Oliver Blume, haberse dejado convertir en parte de lo que ha descrito como un «espectáculo de propaganda». Ha añadido en su valoración, además, una dimensión histórica. Volkswagen nació durante el régimen nazi, y Cavallo advierte que una empresa con esa historia debe ser especialmente cuidadosa cuando su máximo ejecutivo aparece junto a un dirigente político en un acto de campaña. La aparición inesperada en un mitin de Trump de Gernot Döllner, consejero delegado de Audi, ha desatado una tormenta política y sindical en Alemania . En el clímax de un acto electoral, el presidente Trump anunció ante sus seguidores que el fabricante alemán planea invertir 4.000 millones de dólares (algo más de 3.500 millones de euros) en una nueva fábrica que se situaría en el estado de Georgia, operación que presentó como una prueba de que sus aranceles están devolviendo la producción industrial a Estados Unidos.Tras ser invitado por Trump a subir al escenario, el máximo responsable de Audi agradeció al presidente estadounidense su apoyo y defendió la apuesta de la compañía por el mercado americano. La escena proporcionó al presidente una imagen favorable en plena campaña para las elecciones legislativas de mitad de mandato, pero ha causado un gran malestar en Alemania, en medio de un proceso de gran pérdida de empleos industriales y crisis de crecimiento económico .Según el comunicado oficial de Audi, la empresa tiene previsto invertir unos 4.000 millones de dólares para establecer su primera planta de producción en Estados Unidos. La fábrica se construirá en Georgia, cerca de la ciudad de Macon, y tendrá capacidad para producir hasta 200.000 vehículos al año, principalmente grandes todoterrenos de lujo destinados al mercado norteamericano. Audi calcula que el proyecto permitirá crear alrededor de 4.500 puestos de trabajo. El inicio de las obras está previsto para 2027 y la producción comenzaría a principios de la década de 2030.Döllner justifica la decisión del emblemático fabricante alemán en que Estados Unidos es «uno de los mercados prémium más importantes del mundo» y que Audi todavía no ha aprovechado todo su potencial. «Estamos decididos a cambiar eso», afirma, para defender una mayor presencia industrial en el país. La empresa presenta la iniciativa como una inversión estratégica a largo plazo, destinada a reforzar su competitividad, reducir su exposición a los riesgos comerciales y cambiarios y equilibrar su red mundial de producción, actualmente articulada en torno a Europa y China. Audi sostiene asimismo que Alemania y Europa seguirán siendo la base industrial de la marca.Un anuncio vergonzoso e inaceptable para la plantillaEl comunicado evita, sin embargo, una cuestión esencial: el proyecto todavía necesita la aprobación de los órganos competentes del grupo Volkswagen, incluida su Comisión de Supervisión. Volkswagen, que acaba de congelar sus salarios en todo el mundo y mantiene un durísimo proceso de negociación con el poderoso sindicato IG Metall, ha recibido el anuncio de Audi como una puñalada. Christiane Benner, presidenta de IG Metall y vicepresidenta del Consejo de Supervisión de Volkswagen, ha calificado la aparición de Döllner en la campaña de Trump como profundamente vergonzosa, políticamente inaceptable e indigna de la empresa».El poderoso sindicato IG Metall ha tildado el anuncio realizado por el CEO de Audi junto a Trump como «vergonzoso, indigno y políticamente inaceptable»Su objeción no se limita al contenido político, sino que sostiene además que el consejero delegado vulneró las propias reglas internas de funcionamiento de Audi, que exigen neutralidad política durante el periodo previo a las elecciones. El código de conducta de la compañía establece que, durante los tres meses anteriores a unos comicios, no deben celebrarse actos públicos con partidos o políticos que concurran a ellos ni patrocinarse eventos de ese tipo.La decisión no está tomadaLa dirigente sindical ha añadido que los representantes de los trabajadores llevan meses reclamando una estrategia norteamericana clara, pero también garantías para el empleo en las plantas alemanas. Su posición es que la expansión en Estados Unidos no puede aprobarse sin conocer s us consecuencias para el conjunto del grupo y que «la decisión definitiva sobre una posible nueva fábrica en Estados Unidos está sujeta a la aprobación de los órganos competentes». El consejo de supervisión de Volkswagen, en el que están representados los trabajadores, tendrá que examinar la operación antes de dar luz verde. Trump, sin embargo, dio por hecha la construcción de la nueva planta. «Piénsenlo. ¡200.000 coches al año! Eso es increíble», celebró. A continuación, atribuyó el proyecto a sus aranceles y se burló de la política europea, que ni siquiera sus empresas respaldan. Según cálculos de Reuters, los aranceles estadounidenses le han costado a Audi aproximadamente 1.200 millones de euros sólo el año pasado. Daniela Cavallo, presidenta del comité de empresa del grupo Volkswagen, ha criticado que Döllner apoye un discurso electoral marcado por el «racismo, el sexismo, la xenofobia, la transfobia y el desprecio por la democracia», además de reprochar a la dirección de Volkswagen, encabezada por Oliver Blume, haberse dejado convertir en parte de lo que ha descrito como un «espectáculo de propaganda». Ha añadido en su valoración, además, una dimensión histórica. Volkswagen nació durante el régimen nazi, y Cavallo advierte que una empresa con esa historia debe ser especialmente cuidadosa cuando su máximo ejecutivo aparece junto a un dirigente político en un acto de campaña.
La aparición inesperada en un mitin de Trump de Gernot Döllner, consejero delegado de Audi, ha desatado una tormenta política y sindical en Alemania. En el clímax de un acto electoral, el presidente Trump anunció ante sus seguidores que el fabricante alemán planea invertir … 4.000 millones de dólares (algo más de 3.500 millones de euros) en una nueva fábrica que se situaría en el estado de Georgia, operación que presentó como una prueba de que sus aranceles están devolviendo la producción industrial a Estados Unidos.
Tras ser invitado por Trump a subir al escenario, el máximo responsable de Audi agradeció al presidente estadounidense su apoyo y defendió la apuesta de la compañía por el mercado americano. La escena proporcionó al presidente una imagen favorable en plena campaña para las elecciones legislativas de mitad de mandato, pero ha causado un gran malestar en Alemania, en medio de un proceso de gran pérdida de empleos industriales y crisis de crecimiento económico.
Según el comunicado oficial de Audi, la empresa tiene previsto invertir unos 4.000 millones de dólares para establecer su primera planta de producción en Estados Unidos. La fábrica se construirá en Georgia, cerca de la ciudad de Macon, y tendrá capacidad para producir hasta 200.000 vehículos al año, principalmente grandes todoterrenos de lujo destinados al mercado norteamericano. Audi calcula que el proyecto permitirá crear alrededor de 4.500 puestos de trabajo. El inicio de las obras está previsto para 2027 y la producción comenzaría a principios de la década de 2030.
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Cambio de marcha
Rosalía Sánchez
Döllner justifica la decisión del emblemático fabricante alemán en que Estados Unidos es «uno de los mercados prémium más importantes del mundo» y que Audi todavía no ha aprovechado todo su potencial. «Estamos decididos a cambiar eso», afirma, para defender una mayor presencia industrial en el país. La empresa presenta la iniciativa como una inversión estratégica a largo plazo, destinada a reforzar su competitividad, reducir su exposición a los riesgos comerciales y cambiarios y equilibrar su red mundial de producción, actualmente articulada en torno a Europa y China. Audi sostiene asimismo que Alemania y Europa seguirán siendo la base industrial de la marca.
Un anuncio vergonzoso e inaceptable para la plantilla
El comunicado evita, sin embargo, una cuestión esencial: el proyecto todavía necesita la aprobación de los órganos competentes del grupo Volkswagen, incluida su Comisión de Supervisión. Volkswagen, que acaba de congelar sus salarios en todo el mundo y mantiene un durísimo proceso de negociación con el poderoso sindicato IG Metall, ha recibido el anuncio de Audi como una puñalada. Christiane Benner, presidenta de IG Metall y vicepresidenta del Consejo de Supervisión de Volkswagen, ha calificado la aparición de Döllner en la campaña de Trump como profundamente vergonzosa, políticamente inaceptable e indigna de la empresa».
El poderoso sindicato IG Metall ha tildado el anuncio realizado por el CEO de Audi junto a Trump como «vergonzoso, indigno y políticamente inaceptable»
Su objeción no se limita al contenido político, sino que sostiene además que el consejero delegado vulneró las propias reglas internas de funcionamiento de Audi, que exigen neutralidad política durante el periodo previo a las elecciones. El código de conducta de la compañía establece que, durante los tres meses anteriores a unos comicios, no deben celebrarse actos públicos con partidos o políticos que concurran a ellos ni patrocinarse eventos de ese tipo.
La decisión no está tomada
La dirigente sindical ha añadido que los representantes de los trabajadores llevan meses reclamando una estrategia norteamericana clara, pero también garantías para el empleo en las plantas alemanas. Su posición es que la expansión en Estados Unidos no puede aprobarse sin conocer sus consecuencias para el conjunto del grupo y que «la decisión definitiva sobre una posible nueva fábrica en Estados Unidos está sujeta a la aprobación de los órganos competentes». El consejo de supervisión de Volkswagen, en el que están representados los trabajadores, tendrá que examinar la operación antes de dar luz verde.
Trump, sin embargo, dio por hecha la construcción de la nueva planta. «Piénsenlo. ¡200.000 coches al año! Eso es increíble», celebró. A continuación, atribuyó el proyecto a sus aranceles y se burló de la política europea, que ni siquiera sus empresas respaldan. Según cálculos de Reuters, los aranceles estadounidenses le han costado a Audi aproximadamente 1.200 millones de euros sólo el año pasado.
Daniela Cavallo, presidenta del comité de empresa del grupo Volkswagen, ha criticado que Döllner apoye un discurso electoral marcado por el «racismo, el sexismo, la xenofobia, la transfobia y el desprecio por la democracia», además de reprochar a la dirección de Volkswagen, encabezada por Oliver Blume, haberse dejado convertir en parte de lo que ha descrito como un «espectáculo de propaganda». Ha añadido en su valoración, además, una dimensión histórica. Volkswagen nació durante el régimen nazi, y Cavallo advierte que una empresa con esa historia debe ser especialmente cuidadosa cuando su máximo ejecutivo aparece junto a un dirigente político en un acto de campaña.
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