El trágico accidente de Urda ha vuelto a darnos de bruces con la realidad, que no es otra que el paulatino deterioro de un servicio del que hasta hace no mucho nos sentíamos muy orgullosos. La joya de la corona que han sido para España sus infraestructuras y en concreto la alta velocidad, que otros países venían a copiar, se han convertido ahora en nuestra mayor pesadilla.Si alguien nos hubiera dicho hace solo un año que en nueve meses íbamos a sufrir dos accidentes mortales en trenes de alta velocidad que iban a segar la vida de más de un centenar de personas no nos lo hubiéramos creído. Y ahí estamos, analizando los por qué de una tragedia de la que el Gobierno se empeña en culpar a los trabajadores de un centro de control, filtrando sin ningún pudor unos audios recortados y sin asumir una responsabilidad que va mucho más allá de la orden que pueda haber dado el operario de turno.Si a estas alturas del siglo XXI la seguridad de cientos de trenes que circulan a velocidades superiores a los 200 kilómetros por hora depende de que un operario en un centro de control dé bien o mal una orden, apaga y vámonos. En el centro de control quizás no se dieron las órdenes adecuadas, pero antes de llegar a ese fallo humano, si finalmente se produjo, falló todo el sistema técnico . Y la pregunta es ¿por qué? Y lo que nos dicen los expertos, y los maquinistas, y los controladores, es que el sistema de señalización LZB de la línea Madrid-Sevilla está obsoleto y que debería haberse cambiado hace tiempo. Pero es que falló este sistema y fallaron todos los demás de soporte. Y luego nos enteramos de que hay dinero europeo para implementar un sistema más moderno de señalización pero que su instalación va con retraso, y luego sabemos que hay una directiva europea sobre la seguridad en infraestructuras críticas que debería estar vigente hace dos años, pero que el Consejo de Ministros no la aprobó hasta el pasado mes de marzo y que ahora duerme el sueño de los justos en el Congreso después de que PSOE y Sumar hayan ampliado 16 veces los plazos de presentación de enmiendas.Sabemos además, por distintos informes que se han presentado en los últimos meses, el último uno de la Fundación Juan de Mariana esta misma semana, que la inversión en mantenimiento de infraestructuras y, en concreto, de infraestructuras ferroviarias es insuficiente. Y sabemos que las asociaciones de ingenieros del Estado ya advirtieron de la rebaja de requisitos de formación y experiencia en puestos clave de Transporte, tal y como han recordado ahora.Con todo esto encima de la mesa, decir que el problema es del centro de control de Atocha para eximir al ministro de Transportes y al Gobierno de su responsabilidad no solo no es creíble, sino que es muy poco ético. Y lo que me sorprende es que los mismos sindicatos que van a hacer la primera huelga general de la legislatura no contra el Gobierno, sino contra la oposición, por la falta de vivienda, no alcen alto y claro la voz por el deterioro de los servicios públicos y salgan a la calle para defender a esos trabajadores a los que el Gobierno quiere cargar la culpa del accidente.Quizás lo único positivo de todo esto es que el Gobierno que salga de las urnas tendrá sí o sí que tomar conciencia de que hay que hacer una auditoría independiente del estado de todas las infraestructuras y priorizar la inversión en mantenimiento de nuestras infraestructuras, por mucho que dé más votos subvencionar el transporte, sobre todo si es a los jóvenes o los jubilados, o hacer obras nuevas que se puedan inaugurar. El trágico accidente de Urda ha vuelto a darnos de bruces con la realidad, que no es otra que el paulatino deterioro de un servicio del que hasta hace no mucho nos sentíamos muy orgullosos. La joya de la corona que han sido para España sus infraestructuras y en concreto la alta velocidad, que otros países venían a copiar, se han convertido ahora en nuestra mayor pesadilla.Si alguien nos hubiera dicho hace solo un año que en nueve meses íbamos a sufrir dos accidentes mortales en trenes de alta velocidad que iban a segar la vida de más de un centenar de personas no nos lo hubiéramos creído. Y ahí estamos, analizando los por qué de una tragedia de la que el Gobierno se empeña en culpar a los trabajadores de un centro de control, filtrando sin ningún pudor unos audios recortados y sin asumir una responsabilidad que va mucho más allá de la orden que pueda haber dado el operario de turno.Si a estas alturas del siglo XXI la seguridad de cientos de trenes que circulan a velocidades superiores a los 200 kilómetros por hora depende de que un operario en un centro de control dé bien o mal una orden, apaga y vámonos. En el centro de control quizás no se dieron las órdenes adecuadas, pero antes de llegar a ese fallo humano, si finalmente se produjo, falló todo el sistema técnico . Y la pregunta es ¿por qué? Y lo que nos dicen los expertos, y los maquinistas, y los controladores, es que el sistema de señalización LZB de la línea Madrid-Sevilla está obsoleto y que debería haberse cambiado hace tiempo. Pero es que falló este sistema y fallaron todos los demás de soporte. Y luego nos enteramos de que hay dinero europeo para implementar un sistema más moderno de señalización pero que su instalación va con retraso, y luego sabemos que hay una directiva europea sobre la seguridad en infraestructuras críticas que debería estar vigente hace dos años, pero que el Consejo de Ministros no la aprobó hasta el pasado mes de marzo y que ahora duerme el sueño de los justos en el Congreso después de que PSOE y Sumar hayan ampliado 16 veces los plazos de presentación de enmiendas.Sabemos además, por distintos informes que se han presentado en los últimos meses, el último uno de la Fundación Juan de Mariana esta misma semana, que la inversión en mantenimiento de infraestructuras y, en concreto, de infraestructuras ferroviarias es insuficiente. Y sabemos que las asociaciones de ingenieros del Estado ya advirtieron de la rebaja de requisitos de formación y experiencia en puestos clave de Transporte, tal y como han recordado ahora.Con todo esto encima de la mesa, decir que el problema es del centro de control de Atocha para eximir al ministro de Transportes y al Gobierno de su responsabilidad no solo no es creíble, sino que es muy poco ético. Y lo que me sorprende es que los mismos sindicatos que van a hacer la primera huelga general de la legislatura no contra el Gobierno, sino contra la oposición, por la falta de vivienda, no alcen alto y claro la voz por el deterioro de los servicios públicos y salgan a la calle para defender a esos trabajadores a los que el Gobierno quiere cargar la culpa del accidente.Quizás lo único positivo de todo esto es que el Gobierno que salga de las urnas tendrá sí o sí que tomar conciencia de que hay que hacer una auditoría independiente del estado de todas las infraestructuras y priorizar la inversión en mantenimiento de nuestras infraestructuras, por mucho que dé más votos subvencionar el transporte, sobre todo si es a los jóvenes o los jubilados, o hacer obras nuevas que se puedan inaugurar.
El trágico accidente de Urda ha vuelto a darnos de bruces con la realidad, que no es otra que el paulatino deterioro de un servicio del que hasta hace no mucho nos sentíamos muy orgullosos. La joya de la corona que han sido para España … sus infraestructuras y en concreto la alta velocidad, que otros países venían a copiar, se han convertido ahora en nuestra mayor pesadilla.
Si alguien nos hubiera dicho hace solo un año que en nueve meses íbamos a sufrir dos accidentes mortales en trenes de alta velocidad que iban a segar la vida de más de un centenar de personas no nos lo hubiéramos creído. Y ahí estamos, analizando los por qué de una tragedia de la que el Gobierno se empeña en culpar a los trabajadores de un centro de control, filtrando sin ningún pudor unos audios recortados y sin asumir una responsabilidad que va mucho más allá de la orden que pueda haber dado el operario de turno.
Si a estas alturas del siglo XXI la seguridad de cientos de trenes que circulan a velocidades superiores a los 200 kilómetros por hora depende de que un operario en un centro de control dé bien o mal una orden, apaga y vámonos. En el centro de control quizás no se dieron las órdenes adecuadas, pero antes de llegar a ese fallo humano, si finalmente se produjo, falló todo el sistema técnico. Y la pregunta es ¿por qué? Y lo que nos dicen los expertos, y los maquinistas, y los controladores, es que el sistema de señalización LZB de la línea Madrid-Sevilla está obsoleto y que debería haberse cambiado hace tiempo. Pero es que falló este sistema y fallaron todos los demás de soporte. Y luego nos enteramos de que hay dinero europeo para implementar un sistema más moderno de señalización pero que su instalación va con retraso, y luego sabemos que hay una directiva europea sobre la seguridad en infraestructuras críticas que debería estar vigente hace dos años, pero que el Consejo de Ministros no la aprobó hasta el pasado mes de marzo y que ahora duerme el sueño de los justos en el Congreso después de que PSOE y Sumar hayan ampliado 16 veces los plazos de presentación de enmiendas.
Sabemos además, por distintos informes que se han presentado en los últimos meses, el último uno de la Fundación Juan de Mariana esta misma semana, que la inversión en mantenimiento de infraestructuras y, en concreto, de infraestructuras ferroviarias es insuficiente. Y sabemos que las asociaciones de ingenieros del Estado ya advirtieron de la rebaja de requisitos de formación y experiencia en puestos clave de Transporte, tal y como han recordado ahora.
Con todo esto encima de la mesa, decir que el problema es del centro de control de Atocha para eximir al ministro de Transportes y al Gobierno de su responsabilidad no solo no es creíble, sino que es muy poco ético. Y lo que me sorprende es que los mismos sindicatos que van a hacer la primera huelga general de la legislatura no contra el Gobierno, sino contra la oposición, por la falta de vivienda, no alcen alto y claro la voz por el deterioro de los servicios públicos y salgan a la calle para defender a esos trabajadores a los que el Gobierno quiere cargar la culpa del accidente.
Quizás lo único positivo de todo esto es que el Gobierno que salga de las urnas tendrá sí o sí que tomar conciencia de que hay que hacer una auditoría independiente del estado de todas las infraestructuras y priorizar la inversión en mantenimiento de nuestras infraestructuras, por mucho que dé más votos subvencionar el transporte, sobre todo si es a los jóvenes o los jubilados, o hacer obras nuevas que se puedan inaugurar.
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