Aunque durante décadas el cooperativismo ha sido percibido como un modelo más centrado en el aspecto social que en la rentabilidad, para Luis Miguel Jurado, presidente de la Confederación Española de Cooperativas y Trabajo Asociado (Coceta), su objetivo es que no sean solo empresas con valores, sino también empresas altamente competitivas y bien gestionadas.En España existen en la actualidad más de 20.807 cooperativas de trabajo asociado compuestas por 344.339 trabajadores y forman parte del tejido empresarial de sectores tan diversos como la industria, los servicios, la tecnología o la energía. La inversión en innovación, inteligencia artificial, robótica o ciberseguridad está cambiando la imagen de unas empresas que reivindican su capacidad para competir en mercados altamente tecnológicos sin renunciar a la participación democrática de sus trabajadores.Al igual que cualquier otra empresa, las cooperativas han tenido que adaptarse a nuevas formas de innovación. Para el Director del Grupo de investigación Concordia –de la unidad de investigación en economía social, cooperativas, innovaciones sociales y políticas públicas de la Universitat de València–, Juan R. Gallego Bono, en relación a la aversión al riesgo «las empresas capitalistas gozan de mayores oportunidades para acceder a la financiación de las inversiones que comportan una elevada incertidumbre tecnológica». Así pues, «las cooperativas han podido sobrevivir a los nuevos retos del mercado porque han sido capaces de adaptar sus principios y valores a las nuevas exigencias. Ahí tenemos, por ejemplo, los procesos de innovación tecnológica o los procesos de internacionalización y de globalización que han experimentado muchas cooperativas en las últimas décadas».Potente inversiónEl ejemplo paradigmático de este cambio de chip lo protagoniza la entidad coorporativa Mondragón, con una plantilla de 71.400 personas y un modelo que combina la autonomía descentralizada propia de las cooperativas con una cierta transversalidad dirigida desde el ámbito corporativo. Mondragón cuenta con una inversión anual en I+D e innovación de 205 millones de euros, con 2.133 investigadores a jornada completa y mantiene 386 familias de patentes activas. Su estrategia combina todos los elementos del denominado ‘triángulo del conocimiento’ (empresas, universidad y centros tecnológicos) para desarrollar proyectos europeos en inteligencia artificial, computación en la nube o economía del dato.Entre sus diversas iniciativas de innovación figura su participación en proyectos europeos de inteligencia artificial y computación en la nube, el desarrollo de Inkkia, una empresa especializada en soluciones de IA con el fin de pasar de un lenguaje de programación a otro.Mondragón participa en los Ipcei (Proyectos de Interés Común Europeo, por sus siglas en inglés), en concreto en la iniciativa sobre espacios de datos y tecnologías de computación en la nube conocida como 8ra Cloud Edge Continuum, uno de los grandes programas industriales europeos para el desarrollo de infraestructuras cloud, en el que España solo cuenta con otros tres participantes: Telefónica, Indra y OpenNebula. Por un lado, destaca la creación de Orbik Cybersecurity para reforzar la ciberseguridad industrial y la inversión en ADI Data Centers, destinada a impulsar la soberanía digital europea. Por otro lado, en el ámbito de la robótica, la corporación ha lanzado –junto a Funditec–, Primus Robotics, una entidad centrada en el desarrollo de robots humanoides. En esta línea se encuentra dBOT, un robot industrial de alta precisión, que combina la rigidez de una máquina-herramienta tradicional con la agilidad y el rango de movimiento de un brazo robótico.Robot industrial dBOTA ello se suman proyectos ligados a la transición energética, como las comunidades solares Ekiola, que ya cuentan con doce proyectos en marcha, impulsados junto al Gobierno vasco, que permiten que sean los propios vecinos quienes gestionan cooperativamente la generación de energía para su autoconsumo. En el ámbito sanitario, Robopedics se suma a otras iniciativas como la incorporación de activos de Microliquid, especializada en diagnóstico por microfluídica, o el impulso a la Silver Economy, con nuevos modelos de colaboración público-privada para la gestión de residencias de mayores, ampliando la innovación cooperativista más allá de la industria y la tecnología pura.Para el director de innovación en Mondragón, Eduardo Beltrán de Nanclares, es imprescindible cumplir con lo que se denomina la Ley Europea de Inteligencia Artificial, por lo que, se pretende proveer una plataforma que garantice que todos los sistemas de inteligencia artificial de la empresa sean éticos, seguros y confiables, y así cumplir con los valores de la empresa.En este contexto, iniciativas como Click&Coop de Coceta representan un paso importante. Se trata de un programa orientado a impulsar la transformación digital de las cooperativas, combinando formación práctica, diagnóstico y acompañamiento. Click&Coop no plantea la digitalización como algo abstracto, sino como una herramienta concreta para mejorar la relación con clientes, optimizar procesos, aumentar la eficiencia, y tomar mejores decisiones. Porque, en palabras de Jurado, «la tecnología tiene que estar al servicio del proyecto cooperativo, no al revés».Sentido de pertenenciaSegún Gallego, «el trabajo dentro de una cooperativa se inscribe por lo general en una lógica de largo plazo, que además se combina con el fuerte sentido de pertenencia reforzado a una organización propio de quien se siente propietario de la empresa y no solo trabajador de la misma. Esto dota a los trabajadores de la empresa, tanto en sus relaciones con otros trabajadores como en sus relaciones con los directivos, de una cierta propensión a la innovación social».De forma que «los trabajadores son capaces de aceptar sacrificios salariales en épocas de crisis, que muchas veces son esenciales para evitar despidos o incluso cierres de empresas, o donde pueden ensayarse nuevas formas de organización del trabajo flexibles y creativas que mejoren la productividad del trabajo y del conjunto de los factores productivos», asegura el director de Concordia.El contexto normativo también se ha movido. La Ley 1/2026, de 8 de abril, integral de impulso de la economía social, actualiza el marco de las cooperativas y, según Gallego, refuerza la participación de los socios en la toma de decisiones incorporando las posibilidades que ofrecen la digitalización y los métodos telemáticos, además de mejorar la información que reciben los socios desde los órganos directivos. No resuelve todas las barreras –la dificultad de acceso a la financiación y la falta de conocimiento del modelo cooperativo entre actores públicos y privados siguen siendo, según el investigador, dos de los principales obstáculos–, pero sí certifica un cambio de percepción.En cambio, para Luis Miguel Jurado, «España ha avanzado mucho, pero todavía falta una apuesta decidida. Si queremos que el cooperativismo sea visto como una opción empresarial de primer nivel, hay tres ámbitos fundamentales: la financiación, porque necesitamos instrumentos específicos que entiendan el modelo cooperativo, con más líneas de crédito, avales y apoyo a la inversión en digitalización e innovación; la simplificación administrativa, para que crear una cooperativa sea más fácil, ágil y un proceso homogéneo en todos los territorios; y la visibilidad y pedagogía, porque el cooperativismo sigue siendo desconocido para gran parte de la sociedad, especialmente entre jóvenes y en el ámbito educativo. España no necesita descubrir el cooperativismo; necesita apostar por él de forma estratégica».Cada vez más jóvenes valoran aspectos como la participación, el sentido del trabajo, la sostenibilidad o la coherencia entre valores y actividad profesional. Y las cooperativas ofrecen precisamente eso, participación real en la empresa, menor jerarquía y compromiso colectivo, y posibilidad de construir proyectos con impacto. Según Jurado «no hablamos de un crecimiento uniforme en todos los sectores, pero sí de una mayor capacidad de atracción para el talento joven, especialmente en ámbitos como la innovación social, la economía verde, los cuidados o los servicios profesionales». Es más, «cuando los jóvenes piden empresas con propósito, en realidad están describiendo muchas de las características que definen a una cooperativa», afirma el presidente de Coceta.HerramientasGallego matiza que el propio modelo cooperativo ofrece herramientas para paliar estas barreras: el principio de intercooperación puede acercar a las cooperativas a las instituciones financieras, y la organización en cooperativas de segundo y superior grado facilita la cooperación empresarial y la difusión de innovaciones entre entidades. El investigador defiende además que la gestión democrática, lejos de ser un lastre, refuerza el compromiso de los socios con la innovación.Se aprecia como las cooperativas son un modelo que ha dejado de ser percibido como una alternativa marginal para consolidarse como una fórmula capaz de competir, innovar y resistir mejor en tiempos de crisis. Pese a ello, «las dificultades de acceso a financiación constituyen una de las principales barreras a la innovación por parte de las cooperativas, además de los problemas burocráticos» afirma Juan R. Gallego. Como resumen, Luis Miguel Jurado destaca «el objetivo ya no es que la sociedad ‘descubra’ el cooperativismo, sino que lo reconozca como lo que ya es: una opción empresarial de primer nivel, competitiva, digital y con capacidad de atraer al talento que las empresas de cualquier sector se disputan hoy». Aunque durante décadas el cooperativismo ha sido percibido como un modelo más centrado en el aspecto social que en la rentabilidad, para Luis Miguel Jurado, presidente de la Confederación Española de Cooperativas y Trabajo Asociado (Coceta), su objetivo es que no sean solo empresas con valores, sino también empresas altamente competitivas y bien gestionadas.En España existen en la actualidad más de 20.807 cooperativas de trabajo asociado compuestas por 344.339 trabajadores y forman parte del tejido empresarial de sectores tan diversos como la industria, los servicios, la tecnología o la energía. La inversión en innovación, inteligencia artificial, robótica o ciberseguridad está cambiando la imagen de unas empresas que reivindican su capacidad para competir en mercados altamente tecnológicos sin renunciar a la participación democrática de sus trabajadores.Al igual que cualquier otra empresa, las cooperativas han tenido que adaptarse a nuevas formas de innovación. Para el Director del Grupo de investigación Concordia –de la unidad de investigación en economía social, cooperativas, innovaciones sociales y políticas públicas de la Universitat de València–, Juan R. Gallego Bono, en relación a la aversión al riesgo «las empresas capitalistas gozan de mayores oportunidades para acceder a la financiación de las inversiones que comportan una elevada incertidumbre tecnológica». Así pues, «las cooperativas han podido sobrevivir a los nuevos retos del mercado porque han sido capaces de adaptar sus principios y valores a las nuevas exigencias. Ahí tenemos, por ejemplo, los procesos de innovación tecnológica o los procesos de internacionalización y de globalización que han experimentado muchas cooperativas en las últimas décadas».Potente inversiónEl ejemplo paradigmático de este cambio de chip lo protagoniza la entidad coorporativa Mondragón, con una plantilla de 71.400 personas y un modelo que combina la autonomía descentralizada propia de las cooperativas con una cierta transversalidad dirigida desde el ámbito corporativo. Mondragón cuenta con una inversión anual en I+D e innovación de 205 millones de euros, con 2.133 investigadores a jornada completa y mantiene 386 familias de patentes activas. Su estrategia combina todos los elementos del denominado ‘triángulo del conocimiento’ (empresas, universidad y centros tecnológicos) para desarrollar proyectos europeos en inteligencia artificial, computación en la nube o economía del dato.Entre sus diversas iniciativas de innovación figura su participación en proyectos europeos de inteligencia artificial y computación en la nube, el desarrollo de Inkkia, una empresa especializada en soluciones de IA con el fin de pasar de un lenguaje de programación a otro.Mondragón participa en los Ipcei (Proyectos de Interés Común Europeo, por sus siglas en inglés), en concreto en la iniciativa sobre espacios de datos y tecnologías de computación en la nube conocida como 8ra Cloud Edge Continuum, uno de los grandes programas industriales europeos para el desarrollo de infraestructuras cloud, en el que España solo cuenta con otros tres participantes: Telefónica, Indra y OpenNebula. Por un lado, destaca la creación de Orbik Cybersecurity para reforzar la ciberseguridad industrial y la inversión en ADI Data Centers, destinada a impulsar la soberanía digital europea. Por otro lado, en el ámbito de la robótica, la corporación ha lanzado –junto a Funditec–, Primus Robotics, una entidad centrada en el desarrollo de robots humanoides. En esta línea se encuentra dBOT, un robot industrial de alta precisión, que combina la rigidez de una máquina-herramienta tradicional con la agilidad y el rango de movimiento de un brazo robótico.Robot industrial dBOTA ello se suman proyectos ligados a la transición energética, como las comunidades solares Ekiola, que ya cuentan con doce proyectos en marcha, impulsados junto al Gobierno vasco, que permiten que sean los propios vecinos quienes gestionan cooperativamente la generación de energía para su autoconsumo. En el ámbito sanitario, Robopedics se suma a otras iniciativas como la incorporación de activos de Microliquid, especializada en diagnóstico por microfluídica, o el impulso a la Silver Economy, con nuevos modelos de colaboración público-privada para la gestión de residencias de mayores, ampliando la innovación cooperativista más allá de la industria y la tecnología pura.Para el director de innovación en Mondragón, Eduardo Beltrán de Nanclares, es imprescindible cumplir con lo que se denomina la Ley Europea de Inteligencia Artificial, por lo que, se pretende proveer una plataforma que garantice que todos los sistemas de inteligencia artificial de la empresa sean éticos, seguros y confiables, y así cumplir con los valores de la empresa.En este contexto, iniciativas como Click&Coop de Coceta representan un paso importante. Se trata de un programa orientado a impulsar la transformación digital de las cooperativas, combinando formación práctica, diagnóstico y acompañamiento. Click&Coop no plantea la digitalización como algo abstracto, sino como una herramienta concreta para mejorar la relación con clientes, optimizar procesos, aumentar la eficiencia, y tomar mejores decisiones. Porque, en palabras de Jurado, «la tecnología tiene que estar al servicio del proyecto cooperativo, no al revés».Sentido de pertenenciaSegún Gallego, «el trabajo dentro de una cooperativa se inscribe por lo general en una lógica de largo plazo, que además se combina con el fuerte sentido de pertenencia reforzado a una organización propio de quien se siente propietario de la empresa y no solo trabajador de la misma. Esto dota a los trabajadores de la empresa, tanto en sus relaciones con otros trabajadores como en sus relaciones con los directivos, de una cierta propensión a la innovación social».De forma que «los trabajadores son capaces de aceptar sacrificios salariales en épocas de crisis, que muchas veces son esenciales para evitar despidos o incluso cierres de empresas, o donde pueden ensayarse nuevas formas de organización del trabajo flexibles y creativas que mejoren la productividad del trabajo y del conjunto de los factores productivos», asegura el director de Concordia.El contexto normativo también se ha movido. La Ley 1/2026, de 8 de abril, integral de impulso de la economía social, actualiza el marco de las cooperativas y, según Gallego, refuerza la participación de los socios en la toma de decisiones incorporando las posibilidades que ofrecen la digitalización y los métodos telemáticos, además de mejorar la información que reciben los socios desde los órganos directivos. No resuelve todas las barreras –la dificultad de acceso a la financiación y la falta de conocimiento del modelo cooperativo entre actores públicos y privados siguen siendo, según el investigador, dos de los principales obstáculos–, pero sí certifica un cambio de percepción.En cambio, para Luis Miguel Jurado, «España ha avanzado mucho, pero todavía falta una apuesta decidida. Si queremos que el cooperativismo sea visto como una opción empresarial de primer nivel, hay tres ámbitos fundamentales: la financiación, porque necesitamos instrumentos específicos que entiendan el modelo cooperativo, con más líneas de crédito, avales y apoyo a la inversión en digitalización e innovación; la simplificación administrativa, para que crear una cooperativa sea más fácil, ágil y un proceso homogéneo en todos los territorios; y la visibilidad y pedagogía, porque el cooperativismo sigue siendo desconocido para gran parte de la sociedad, especialmente entre jóvenes y en el ámbito educativo. España no necesita descubrir el cooperativismo; necesita apostar por él de forma estratégica».Cada vez más jóvenes valoran aspectos como la participación, el sentido del trabajo, la sostenibilidad o la coherencia entre valores y actividad profesional. Y las cooperativas ofrecen precisamente eso, participación real en la empresa, menor jerarquía y compromiso colectivo, y posibilidad de construir proyectos con impacto. Según Jurado «no hablamos de un crecimiento uniforme en todos los sectores, pero sí de una mayor capacidad de atracción para el talento joven, especialmente en ámbitos como la innovación social, la economía verde, los cuidados o los servicios profesionales». Es más, «cuando los jóvenes piden empresas con propósito, en realidad están describiendo muchas de las características que definen a una cooperativa», afirma el presidente de Coceta.HerramientasGallego matiza que el propio modelo cooperativo ofrece herramientas para paliar estas barreras: el principio de intercooperación puede acercar a las cooperativas a las instituciones financieras, y la organización en cooperativas de segundo y superior grado facilita la cooperación empresarial y la difusión de innovaciones entre entidades. El investigador defiende además que la gestión democrática, lejos de ser un lastre, refuerza el compromiso de los socios con la innovación.Se aprecia como las cooperativas son un modelo que ha dejado de ser percibido como una alternativa marginal para consolidarse como una fórmula capaz de competir, innovar y resistir mejor en tiempos de crisis. Pese a ello, «las dificultades de acceso a financiación constituyen una de las principales barreras a la innovación por parte de las cooperativas, además de los problemas burocráticos» afirma Juan R. Gallego. Como resumen, Luis Miguel Jurado destaca «el objetivo ya no es que la sociedad ‘descubra’ el cooperativismo, sino que lo reconozca como lo que ya es: una opción empresarial de primer nivel, competitiva, digital y con capacidad de atraer al talento que las empresas de cualquier sector se disputan hoy».
Aunque durante décadas el cooperativismo ha sido percibido como un modelo más centrado en el aspecto social que en la rentabilidad, para Luis Miguel Jurado, presidente de la Confederación Española de Cooperativas y Trabajo Asociado (Coceta), su objetivo es que no sean solo empresas con … valores, sino también empresas altamente competitivas y bien gestionadas.
En España existen en la actualidad más de 20.807 cooperativas de trabajo asociado compuestas por 344.339 trabajadores y forman parte del tejido empresarial de sectores tan diversos como la industria, los servicios, la tecnología o la energía. La inversión en innovación, inteligencia artificial, robótica o ciberseguridad está cambiando la imagen de unas empresas que reivindican su capacidad para competir en mercados altamente tecnológicos sin renunciar a la participación democrática de sus trabajadores.
Al igual que cualquier otra empresa, las cooperativas han tenido que adaptarse a nuevas formas de innovación. Para el Director del Grupo de investigación Concordia –de la unidad de investigación en economía social, cooperativas, innovaciones sociales y políticas públicas de la Universitat de València–, Juan R. Gallego Bono, en relación a la aversión al riesgo «las empresas capitalistas gozan de mayores oportunidades para acceder a la financiación de las inversiones que comportan una elevada incertidumbre tecnológica». Así pues, «las cooperativas han podido sobrevivir a los nuevos retos del mercado porque han sido capaces de adaptar sus principios y valores a las nuevas exigencias. Ahí tenemos, por ejemplo, los procesos de innovación tecnológica o los procesos de internacionalización y de globalización que han experimentado muchas cooperativas en las últimas décadas».
Potente inversión
El ejemplo paradigmático de este cambio de chip lo protagoniza la entidad coorporativa Mondragón, con una plantilla de 71.400 personas y un modelo que combina la autonomía descentralizada propia de las cooperativas con una cierta transversalidad dirigida desde el ámbito corporativo.
Mondragón cuenta con una inversión anual en I+D e innovación de 205 millones de euros, con 2.133 investigadores a jornada completa y mantiene 386 familias de patentes activas. Su estrategia combina todos los elementos del denominado ‘triángulo del conocimiento’ (empresas, universidad y centros tecnológicos) para desarrollar proyectos europeos en inteligencia artificial, computación en la nube o economía del dato.
Entre sus diversas iniciativas de innovación figura su participación en proyectos europeos de inteligencia artificial y computación en la nube, el desarrollo de Inkkia, una empresa especializada en soluciones de IA con el fin de pasar de un lenguaje de programación a otro.
Mondragón participa en los Ipcei (Proyectos de Interés Común Europeo, por sus siglas en inglés), en concreto en la iniciativa sobre espacios de datos y tecnologías de computación en la nube conocida como 8ra Cloud Edge Continuum, uno de los grandes programas industriales europeos para el desarrollo de infraestructuras cloud, en el que España solo cuenta con otros tres participantes: Telefónica, Indra y OpenNebula.
Por un lado, destaca la creación de Orbik Cybersecurity para reforzar la ciberseguridad industrial y la inversión en ADI Data Centers, destinada a impulsar la soberanía digital europea. Por otro lado, en el ámbito de la robótica, la corporación ha lanzado –junto a Funditec–, Primus Robotics, una entidad centrada en el desarrollo de robots humanoides. En esta línea se encuentra dBOT, un robot industrial de alta precisión, que combina la rigidez de una máquina-herramienta tradicional con la agilidad y el rango de movimiento de un brazo robótico.

A ello se suman proyectos ligados a la transición energética, como las comunidades solares Ekiola, que ya cuentan con doce proyectos en marcha, impulsados junto al Gobierno vasco, que permiten que sean los propios vecinos quienes gestionan cooperativamente la generación de energía para su autoconsumo.
En el ámbito sanitario, Robopedics se suma a otras iniciativas como la incorporación de activos de Microliquid, especializada en diagnóstico por microfluídica, o el impulso a la Silver Economy, con nuevos modelos de colaboración público-privada para la gestión de residencias de mayores, ampliando la innovación cooperativista más allá de la industria y la tecnología pura.
Para el director de innovación en Mondragón, Eduardo Beltrán de Nanclares, es imprescindible cumplir con lo que se denomina la Ley Europea de Inteligencia Artificial, por lo que, se pretende proveer una plataforma que garantice que todos los sistemas de inteligencia artificial de la empresa sean éticos, seguros y confiables, y así cumplir con los valores de la empresa.
En este contexto, iniciativas como Click&Coop de Coceta representan un paso importante. Se trata de un programa orientado a impulsar la transformación digital de las cooperativas, combinando formación práctica, diagnóstico y acompañamiento. Click&Coop no plantea la digitalización como algo abstracto, sino como una herramienta concreta para mejorar la relación con clientes, optimizar procesos, aumentar la eficiencia, y tomar mejores decisiones. Porque, en palabras de Jurado, «la tecnología tiene que estar al servicio del proyecto cooperativo, no al revés».
Sentido de pertenencia
Según Gallego, «el trabajo dentro de una cooperativa se inscribe por lo general en una lógica de largo plazo, que además se combina con el fuerte sentido de pertenencia reforzado a una organización propio de quien se siente propietario de la empresa y no solo trabajador de la misma. Esto dota a los trabajadores de la empresa, tanto en sus relaciones con otros trabajadores como en sus relaciones con los directivos, de una cierta propensión a la innovación social».
De forma que «los trabajadores son capaces de aceptar sacrificios salariales en épocas de crisis, que muchas veces son esenciales para evitar despidos o incluso cierres de empresas, o donde pueden ensayarse nuevas formas de organización del trabajo flexibles y creativas que mejoren la productividad del trabajo y del conjunto de los factores productivos», asegura el director de Concordia.
El contexto normativo también se ha movido. La Ley 1/2026, de 8 de abril, integral de impulso de la economía social, actualiza el marco de las cooperativas y, según Gallego, refuerza la participación de los socios en la toma de decisiones incorporando las posibilidades que ofrecen la digitalización y los métodos telemáticos, además de mejorar la información que reciben los socios desde los órganos directivos. No resuelve todas las barreras –la dificultad de acceso a la financiación y la falta de conocimiento del modelo cooperativo entre actores públicos y privados siguen siendo, según el investigador, dos de los principales obstáculos–, pero sí certifica un cambio de percepción.
En cambio, para Luis Miguel Jurado, «España ha avanzado mucho, pero todavía falta una apuesta decidida. Si queremos que el cooperativismo sea visto como una opción empresarial de primer nivel, hay tres ámbitos fundamentales: la financiación, porque necesitamos instrumentos específicos que entiendan el modelo cooperativo, con más líneas de crédito, avales y apoyo a la inversión en digitalización e innovación; la simplificación administrativa, para que crear una cooperativa sea más fácil, ágil y un proceso homogéneo en todos los territorios; y la visibilidad y pedagogía, porque el cooperativismo sigue siendo desconocido para gran parte de la sociedad, especialmente entre jóvenes y en el ámbito educativo. España no necesita descubrir el cooperativismo; necesita apostar por él de forma estratégica».
Cada vez más jóvenes valoran aspectos como la participación, el sentido del trabajo, la sostenibilidad o la coherencia entre valores y actividad profesional. Y las cooperativas ofrecen precisamente eso, participación real en la empresa, menor jerarquía y compromiso colectivo, y posibilidad de construir proyectos con impacto. Según Jurado «no hablamos de un crecimiento uniforme en todos los sectores, pero sí de una mayor capacidad de atracción para el talento joven, especialmente en ámbitos como la innovación social, la economía verde, los cuidados o los servicios profesionales».
Es más, «cuando los jóvenes piden empresas con propósito, en realidad están describiendo muchas de las características que definen a una cooperativa», afirma el presidente de Coceta.
Herramientas
Gallego matiza que el propio modelo cooperativo ofrece herramientas para paliar estas barreras: el principio de intercooperación puede acercar a las cooperativas a las instituciones financieras, y la organización en cooperativas de segundo y superior grado facilita la cooperación empresarial y la difusión de innovaciones entre entidades. El investigador defiende además que la gestión democrática, lejos de ser un lastre, refuerza el compromiso de los socios con la innovación.
Se aprecia como las cooperativas son un modelo que ha dejado de ser percibido como una alternativa marginal para consolidarse como una fórmula capaz de competir, innovar y resistir mejor en tiempos de crisis. Pese a ello, «las dificultades de acceso a financiación constituyen una de las principales barreras a la innovación por parte de las cooperativas, además de los problemas burocráticos» afirma Juan R. Gallego.
Como resumen, Luis Miguel Jurado destaca «el objetivo ya no es que la sociedad ‘descubra’ el cooperativismo, sino que lo reconozca como lo que ya es: una opción empresarial de primer nivel, competitiva, digital y con capacidad de atraer al talento que las empresas de cualquier sector se disputan hoy».
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