Las autoridades militares de Ucrania han anunciado este martes un nuevo ataque sobre la península de Crimea, ocupada por Rusia. El bombardeo ha alcanzado un puente ferroviario que Kiev considera esencial para la logística de ese territorio cuyo poder detentan las autoridades de Moscú desde 2014. La operación, efectuada de madrugada, ha estado coordinada con miembros de la resistencia interna que operan en las zonas bajo ocupación.
El ataque con drones contra la infraestructura forma parte de una ofensiva en la península, ocupada por Moscú desde 2014
Las autoridades militares de Ucrania han anunciado este martes un nuevo ataque sobre la península de Crimea, ocupada por Rusia. El bombardeo ha alcanzado un puente ferroviario que Kiev considera esencial para la logística de ese territorio cuyo poder detentan las autoridades de Moscú desde 2014. La operación, efectuada de madrugada, ha estado coordinada con miembros de la resistencia interna que operan en las zonas bajo ocupación.
Poco después, sin citar expresamente ese ataque, el presidente ruso, Vladímir Putin, se ha mostrado irritado con la situación, aunque ha afirmado que sus tropas mantienen “todos” los frentes.
El ejército ucranio está llevando a cabo en las últimas semanas una ofensiva sobre diferentes infraestructuras con la intención de debilitar la presencia del Kremlin en su territorio y complicar la logística que necesita para mantenerse como fuerza invasora.
Las Fuerzas de Operaciones Especiales (SOF, según sus siglas en inglés) han informado a través de sus redes sociales de que, en la noche del lunes al martes, han destruido el puente con una serie de “ataques de alta precisión” con drones. Como resultado, añaden en un comunicado acompañado de un vídeo, la vía férrea y uno de los tramos del puente han quedado destruidos. “El puente ferroviario que atraviesa el canal del norte de Crimea ya no existe”, aseguran a modo de celebración.
Coincidiendo con la llegada de los equipos encargados de la reparación de los daños, de la que informaron los miembros de la resistencia interna, comenzó una segunda fase del ataque, prosiguen las mismas fuentes: una nueva oleada de aparatos kamikazes no tripulados golpeó tanto a esos equipos como a partes del puente que se habían salvado de la primera fase de la operación.
Los drones han golpeado lo que consideran “una arteria militar y logística esencial” para los rusos porque forma parte de “un corredor de transporte para el traslado de carga, recursos y materiales militares”. Ese traslado se da “en dos direcciones clave”, explican: “Desde el territorio de la Federación de Rusia a través de Crimea —para asegurar la agrupación de tropas en dirección sur—, así como dentro de la península para mantener el funcionamiento de la infraestructura militar de Crimea”.
Horas antes, las Fuerzas de Seguridad de Ucrania habían hecho públicas otras grabaciones en las que recogen otros ataques llevados a cabo en esa misma zona del sureste del país. Uno de los objetivos ha sido una carretera a la altura de la divisoria entre la región de Jersón y Crimea, otra ruta considerada básica para el suministro y la logística de las zonas bajo ocupación del Kremlin.
Visiblemente irritado, el presidente Vladímir Putin ha asegurado que la guerra sopla a favor de Rusia (a pesar de que no la logrado ni siquiera conquistar la región de Donetsk por completo). “Nuestros hombres les están presionando en todas las zonas de combate. En todas partes no hay un solo lugar donde sea al revés. ¡Para nada!”, ha aseverado el dirigente.
Los ataques ucranios sobre Crimea se producen al mismo tiempo que los que han alcanzado en los últimos días objetivos estratégicos en las ciudades rusas de Moscú, la capital rusa, y San Petersburgo.
La escalada de Kiev ha ido obligando sucesivamente a las autoridades rusas en la península a imponer restricciones en el suministro de combustible —ya no accesible a los civiles—, cortes de electricidad, suspensión de campamentos de verano o eventos deportivos. El ejército ucranio publica de manera cotidiana los vídeos que graba de los ataques, preferentemente con drones, que lleva a cabo sobre las principales vías de comunicación que conectan Crimea con Rusia, ya sea el puente del estrecho del Kerch o la carretera R-280 que transcurre por las regiones ucranias bajo ocupación de Donetsk, Zaporiyia y Jersón.
El paso de transporte de combustible sobre el puente de Crimea está prohibido ante el riesgo de sabotajes ucranios. Sin embargo, la escasez de gasolina ha obligado a las autoridades rusas a elevar de 100 a 200 litros el límite máximo que puede cargar un vehículo.
Crimea ha sido aislada parcialmente, pero la reciente campaña ucrania de bombardeos contra las refinerías rusas ha provocado también problemas de suministro de combustible incluso en provincias productoras de hidrocarburos en el lejano oriente del país. En la región de Janti-Mansi, a casi 2.000 kilómetros de Moscú, se ha establecido un límite de 40 litros de gasolina por vehículo, mientras que en Vladivostok, a 9.000 kilómetros en la lejana costa oriental de Rusia, algunas gasolineras solo venden hasta 20 litros.
Pese a la acumulación de problemas en el frente y en la retaguardia, el Kremlin mantiene que no renunciará a ninguno de sus objetivos, incluida la capitulación total de Ucrania. No obstante, el apoyo de Europa a Kiev molesta a Moscú, que responde dejando caer la amenaza de una hipotética escalada con el resto del continente. “Si los países de la OTAN se limitaban antes a apoyar al régimen de Kiev […] ahora Occidente habla abiertamente de prepararse para una guerra contra nosotros y de aumentar sus presupuestos militares“, ha deslizado Putin.
El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, ha ido en la misma línea este martes al enfatizar que Moscú no renuncia a ninguno de sus objetivos, incluida “la neutralidad de Ucrania”. Esta supuesta neutralidad implica realmente, en la visión rusa, tener a Kiev bajo su esfera de control. “Europa quiere que Rusia capitule y acepte la absorción de Ucrania, liderada por su actual régimen nazi, por la OTAN o la Unión Europea”, ha protestado Lavrov.
Después de más de un año de conversaciones con EE UU sobre Ucrania, el diplomático no es optimista con las negociaciones. “Toda esperanza de que Occidente actuara como mediador imparcial fracasó hace tiempo. Sencillamente, no hay que tomarles en serio”, ha agregado Lavrov.
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