El eclipse que ha hipnotizado España ha dejado un rastro de datos: en consumo de electricidad, tráfico rodado, uso de internet o búsquedas en Wikipedia. A continuación hemos recopilado media docena de ejemplos.
Recopilamos media docena de métricas donde el fenómenos dejó su huella en España, del consumo eléctrico a las consultas en Google
El eclipse que ha hipnotizado España ha dejado un rastro de datos: en consumo de electricidad, tráfico rodado, uso de internet o búsquedas en Wikipedia. A continuación hemos recopilado media docena de ejemplos.
El primero es el efecto del sol sobre la generación de energía fotovoltaica. Como se ve en el gráfico, la producción solar del miércoles 12 cayó claramente más deprisa que el día anterior: el cielo se oscureció y la producción rozó el cero antes de las 20.30. A esa misma hora, el día anterior todavía aportaba unos 5.000 MW. El eclipse “adelantó” la puesta de sol.

El fenómeno cambió el comportamiento de millones de personas y eso se notó en nuestro consumo de electricidad. Hasta las 19.30 la demanda siguió lo previsto (para un día normal), pero cayó de golpe antes y durante el eclipse. Mientras mirábamos al cielo, menos gente trabajaba, circulaban quizás menos trenes, mirábamos menos la televisión, etcétera, etcétera. La muesca en el gráfico es el reflejo de una sociedad comportándose de otra manera a la normal. Pero el cambió no fue una sorpresa: Red Eléctrica lo anticipó y fue programando la energía necesaria en cada momento.

Otro efecto de un eclipse total es la bajada de temperatura. En Estados Unidos en 2024 se notaron descensos de entre 2 y 5 grados en la franja de la totalidad, pero fue un eclipse a pleno día y más largo que en España. ¿Bajaron las temperaturas ayer? Hemos analizado los datos de 19 estaciones oficiales de AEMET, recogidos a las 20.00 y a las 21.00, y sí en una decena al centro de la franja de totalidad parece apreciarse un descenso más fuerte de las temperaturas en comparación con su evolución a esa hora el día anterior. No, por ejemplo, en Gijón y Oviedo, donde abundantes nubes bajas taparon el sol durante el eclipse.
Otro efecto evidente para mucha gente fue el tráfico. La circulación de coches hizo una curva característica: muchos desplazamientos antes del eclipse, todos aparcados después mirando el cielo, y repunte del tráfico después. Lo hemos visto con datos de la empresa Mapbox, contando el número de kilómetros con circulación “densa” o “muy densa” el día del eclipse y el anterior. El tráfico no volvió a niveles normales hasta las 3 de la madrugada del miércoles.

El eclipse también dejó huella en el tráfico de internet. España paró de navegar un rato; el mundo, no. Como se ve en el gráfico, en una escala donde 100 es lo normal a esa hora, la línea de España se hunde en la franja del eclipse y toca fondo hacia las 20.30. La del mundo apenas se mueve. Los datos miden peticiones: mucha gente dejó de mirar su pantalla para mirar al cielo.

El interés por los eclipses ha sido enorme. Lo confirman las visitas en Wikipedia a la página del evento: tuvieron su primer pico hace un año (5.000 visitas), empezaron a aumentar en julio y se situaron establemente por encima de las 7.000 diarias en agosto. El aumento ha sido casi exponencial en los últimos cinco días, hasta rozar las 70.000 visitas el miércoles del eclipse.

Las búsquedas en Google más repetidas preguntaban dónde verlo y cuánto duraría. Pero nada superó las consultas sobre las gafas necesarias para verlo bien y seguro. El último día “gafas eclipse” superó incluso a “eclipse España”, empujado por la cautela y por la retirada del mercado de varios modelos.

Después del eclipse se dispararon otro tipo de búsquedas: las del “dolor de ojos”. Su volumen en España multiplicó por cuatro el que suele ser habitual. Y en la mañana del jueves el repunte seguía activo.

Este mismo repunte lo notaron las urgencias oftalmológicas tras el fenómeno. Pero, afortunadamente, la mayoría de la gente preocupada no habrá sufrido daños: los daños no causan dolor o irritación, y la mayoría de la gente atendida no eran casos graves. Los daños en la retina característicos de la exposición solar conllevan alteraciones en la visión y pueden tardar días en aparecer.
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