Eritrea y Etiopía han roto sus relaciones diplomáticas en plena escalada del conflicto entre el Ejército etíope y una coalición de grupos armados hostiles a Adís Abeba. Las autoridades etíopes anunciaron este jueves el cierre de su embajada en Asmara, la capital eritrea, y la expulsión de una decena de funcionarios después de acusar a Eritrea, así como a Sudán y Egipto, de apoyar a la coalición de grupos armados que se enfrenta al Gobierno etíope desde hace dos semanas. En respuesta, Eritrea anunció la ruptura de relaciones diplomáticas, una inquietante señal que evidencia el aumento de la tensión entre ambos países y el riesgo de internacionalización del conflicto etíope a otros países del Cuerno de África.
Adís Abeba acusa a Asmara de apoyar a la coalición rebelde y ordena la expulsión de diez diplomáticos de territorio etíope
Adís Abeba acusa a Asmara de apoyar a la coalición rebelde y ordena la expulsión de diez diplomáticos de territorio etíope
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Eritrea y Etiopía han roto sus relaciones diplomáticas en plena escalada del conflicto entre el Ejército etíope y una coalición de grupos armados hostiles a Adís Abeba. Las autoridades etíopes anunciaron este jueves el cierre de su embajada en Asmara, la capital eritrea, y la expulsión de una decena de funcionarios después de acusar a Eritrea, así como a Sudán y Egipto, de apoyar a la coalición de grupos armados que se enfrenta al Gobierno etíope desde hace dos semanas. En respuesta, Eritrea anunció la ruptura de relaciones diplomáticas, una inquietante señal que evidencia el aumento de la tensión entre ambos países y el riesgo de internacionalización del conflicto etíope a otros países del Cuerno de África.
El Gobierno etíope ha informado de que la orden de expulsión de los diplomáticos eritreos, a quienes ha dado un plazo de 48 horas para abandonar el país, obedece a “su implicación en actividades que suponen una amenaza directa a la seguridad nacional” y se produce apenas unas horas después de que la capital etíope sufriera un ataque, supuestamente mediante drones, algo que no sucedió ni siquiera en el conflicto de 2020-2022. En respuesta, el Ministerio de Exteriores eritreo señaló que “no queda más opción que corresponder de la misma manera y romper todos los lazos diplomáticos con Etiopía, con todas las consecuencias negativas que ello conlleva”.
En la madrugada del miércoles al jueves, vecinos de la capital etíope escucharon una serie de tres explosiones en las cercanías del cuartel general del ejército. Ningún grupo de la coalición rebelde ha reclamado la autoría del ataque ni se ha demostrado la implicación de Eritrea en estos hechos, pero el Gobierno etíope había prohibido esta misma semana el vuelo de drones sobre la capital. La semana pasada, otro dron impactó contra la base militar de Bishoftu, a 40 kilometros de Adís Abeba.
Mientras tanto, la guerra sigue su curso en el norte del país. Tras hacerse con el control de la ciudad de Alamata, en la región de Tigray, el pasado lunes, el Ejército etíope prosigue su avance hacia el norte. Fuentes próximas al Gobierno han informado de que este miércoles se produjeron intensos combates entre las fuerzas federales y los milicianos del Frente Popular de Liberación de Tigray (TPLF, por sus siglas en inglés) en los alrededores de la ciudad de Korem, situada a unos 100 kilómetros al sur de Mekele, la capital regional.
La guerra se libra también en otros dos frentes. Al este, las fuerzas tigrinas y sus aliados han conseguido penetrar en la región de Afar y combaten en torno a las ciudades de Erebti y Abala en un intento de alcanzar y cortar la principal carretera que une a Etiopía con Yibuti, una de las rutas comerciales claves para Adís Abeba. Al oeste, las hostilidades se concentran en el límite de las regiones de Amhara y Tigray en un territorio que quedó bajo control gubernamental después de la guerra de 2020-2022. Las hostilidades afectan a las ciudades de Kobo, Gidan y Sekota, entre otras.
El pasado 22 de septiembre, una coalición de siete grupos armados de diferentes regiones y liderada por el TPLF anunció su intención de derrocar al Gobierno etíope, al que acusaba de genocidio y de poner en peligro la integridad territorial del país. Apenas dos días más tarde, el TPLF ya se había hecho con el control de los tres principales aeropuertos de Tigray, entre ellos el de Mekele, y la guerra había comenzado en Amhara y Afar. El Ejército etíope movilizó tropas hacia el norte y acusó a Eritrea, Sudán y Egipto de prestar apoyo a los rebeldes. Entre 2020 y 2022 una guerra entre el TPLF y las Fuerzas Armadas etíopes se cobró la vida de unas 600.000 personas.
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