Estados Unidos vota este martes en las midterms, las elecciones de medio mandato, en las que se eligen a sus representantes en la Cámara de Representantes (el parlamento) y en el Senado. Unas votaciones que también van a mostrar lo que la ciudadanía piensa sobre las políticas impulsadas por Donald Trump, de 80 años, que ha querido convertir estas elecciones en una especie de plebiscito sobre su figura, a pesar de su impopularidad de récord y el disgusto de muchos republicanos que se juegan el escaño.
Tres de cada cuatro estadounidenses del colectivo consideran la defensa de los derechos el motivo más importante para acudir a las urnas
Estados Unidos vota este martes en las midterms, las elecciones de medio mandato, en las que se eligen a sus representantes en la Cámara de Representantes (el parlamento) y en el Senado. Unas votaciones que también van a mostrar lo que la ciudadanía piensa sobre las políticas impulsadas por Donald Trump, de 80 años, que ha querido convertir estas elecciones en una especie de plebiscito sobre su figura, a pesar de su impopularidad de récord y el disgusto de muchos republicanos que se juegan el escaño.
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El segundo mandato del octogenario ha estado marcado, entre otros asuntos, por el impulso de una agenda lgtbifóbica y de retrocesos, especialmente para las personas trans. Así, ha abolido las políticas de diversidad, equidad e inclusión (DEI); ha promovido el veto a las personas trans en el ejército; ha intentado retirar la bandera LGTBIQ+ del Monumento de Stonewall, en Nueva York, dedicado a la lucha del colectivo; ha cerrado o recortado servicios de apoyo…
En EE UU hay 25,6 millones de personas LGTBIQ+, estiman desde Human Rights Campaign (HRC), una de las principales organizaciones del colectivo en el país norteamericano. Y la movilización del electorado queer es muy elevada: el 95% está registrado para votar y el 87% afirma que lo hará “sin ninguna duda”, mientras que un 7,5% lo ve “probable”, según los datos de HRC, responsable de la encuesta anual más importante sobre las inquietudes del colectivo en Estados Unidos y que ha publicado un informe específico sobre las midterms.
“Este elevado nivel de movilización coincide con otras investigaciones de HRC”, inciden desde la organización, “lo que demuestra que los adultos LGTBIQ+ siguen de cerca la política y reflexionan sobre cómo podría impactarles el resultado de las elecciones”.
Para tres de cada cuatro votantes LGTBIQ+ estadounidenses, los derechos civiles representan el motivo más importante para ir a votar. También les preocupa la seguridad económica, la rendición de cuentas del Gobierno, la democracia, la atención sanitaria o los derechos reproductivos. “Los derechos, la igualdad y las leyes de protección son la prioridad para todos los grupos de edad, aunque los adultos más jóvenes son aún más propensos a situarlos entre sus máximas prioridades”, remarcan desde HRC. Justamente, el voto de la generación Z puede jugar un rol importante en las elecciones.
La encuesta anual de HRC se realizó entre el 5 de agosto y el 8 de septiembre, hablando con más de 9.000 adultos LGBTQ+ residentes en Estados Unidos. En el trabajo no había una pregunta sobre predilecciones partidistas a la hora de votar, sin embargo, otras cuestiones pueden orientar sobre el posicionamiento.
Así, el 95% de los encuestados mostró una “fuerte desaprobación” con respecto al desempeño de Trump en su segundo mandato. Una cifra similar afirmó tener “muy poca” confianza en el Partido Republicano (frente al 38% que afirmó tener la misma sensación con respecto a los demócratas). Además, ocho de cada diez desconfían del Tribunal Supremo, fuertemente escorado a la derecha, con una mayoría de seis jueces frente a tres progresistas, y que ha apuntalado muchas de las medidas promovidas por el presidente ultraconservador y que habían sido paralizadas en instancias judiciales de menor rango.
Candidatos del colectivo
Entre los candidatos a congresistas y senadores hay una veintena que son abiertamente del colectivo LGTBIQ+. Algunos pelean por entrar en alguna de las cámaras, mientras que otros defienden el escaño. Desde New Hampshire, y tras su paso por la Cámara baja, el demócrata Chris Pappas podría hacer historia al convertirse en el primer hombre abiertamente gay en llegar al Senado. No sería la primera persona homosexual en tener un escaño en esta cámara: Tammy Baldwin (también demócrata) marcó ese hito en 2012. Baldwin sigue ejerciendo como senadora y su escaño no se renueva en estas elecciones.
Sí que se vota el escaño de la también progresista Sarah McBride, que en 2024 se convirtió en la primera persona trans con asiento en la Cámara. (Tras su llegada a la institución, la mayoría republicana aprobó una medida para vetarle el uso del baño). Previsiblemente, la política de Delaware, un bastión progresista, renovará el puesto. Además, si los demócratas se hacen con el control del Congreso, Robert Garcia, el primer latino abiertamente gay elegido para esta cámara, está en la lista como posible portavoz de la comisión que supervise al Ejecutivo de Trump.

Por otro lado, la homofobia también se ha asomado a esta campaña, concretamente en la de Christopher Gallant, exmilitar y demócrata que se presenta al Congreso por Nueva York. Un tabloide conservador publicó unas fotos de Gallant de joven con un arnés y algún que otro elemento relacionado con el bondage. “Estoy muy orgulloso de quien soy y no voy a permitir que me avergüencen hasta hacerme callar”, afirmó Gallant tras la publicación de las fotos. “No voy a permitir que mi vida privada sea tergiversada y utilizada en mi contra”.
Propuestas de los Estados
Además de los representantes políticos, en las midterm también se votan diferentes propuestas promovidas por los Estados. En seis de ellos se decidirá sobre asuntos que afectan a las personas LGTBIQ+: cinco (Washington, Colorado, Misuri, Arizona y Nebraska) con propuestas de recortes y solo uno, Virginia, con una iniciativa en positivo: una enmienda para eliminar el veto constitucional al matrimonio igualitario. Aunque esa prohibición quedó sin efecto tras la sentencia del Supremo de 2015 que dio cobertura federal a las uniones de parejas del mismo sexo (Obergefell contra Hodges), existe el temor —y la presión desde algunos sectores del conglomerado MAGA (Make America Great Again)— de que el alto tribunal pueda revocar ese fallo, como ya hizo con el aborto.
En Washington se votarán dos medidas. Una (la IL26-001) eliminaría algunas protecciones para los menores del colectivo, como obligar a comunicar a los padres información personal del alumno sobre su identidad y/o orientación incluso en situaciones potencialmente peligrosas para los menores. La otra (IL26-638) busca excluir a los estudiantes trans de los deportes escolares y exigir inspecciones genitales o pruebas médicas para determinar la elegibilidad de las niñas.
Medidas similares de exclusión deportiva para personas trans también se votan este martes en Arizona (proposición 318), Nebraska (iniciativa 442), y Colorado (proposición 134). Además, los votantes de este último Estado decidirán (en la proposición 135) si se restringe por ley el acceso de los menores trans a tratamientos de afirmación de género, incluso cuando las familias y los profesionales sanitarios los apoyen. Por su parte, en Misuri decidirán sobre la enmienda 3, que combina dos cuestiones: prohibir la atención sanitaria para menores trans y restringir el derecho al aborto.
Desde organizaciones como HRC, Glaad o Lambda Legal, entre otras, han alertado de que el triunfo de estas propuestas lgtbifóbicas puede abrir la puerta a otras medidas que atenten contra los derechos LGTBIQ+ o los reproductivos: “Nos recuerdan a las campañas que impulsaron la prohibición del matrimonio igualitario en algunos Estados”.
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