Andy Burnham está demostrando en sus primeros meses al frente del Gobierno británico una interesante habilidad política, la de lanzar una idea atrevida o una verdad incómoda ―“no descarto el reingreso en la UE”, o “Rusia interfirió en el referéndum del Brexit”―, matizarla después cuando los ataques arrecian, pero no dar en ningún momento la impresión de estar plegando velas o rectificando.
El primer ministro confirma que la cumbre bilateral será el 20 de noviembre
Andy Burnham está demostrando en sus primeros meses al frente del Gobierno británico una interesante habilidad política, la de lanzar una idea atrevida o una verdad incómoda ―“no descarto el reingreso en la UE”, o “Rusia interfirió en el referéndum del Brexit”―, matizarla después cuando los ataques arrecian, pero no dar en ningún momento la impresión de estar plegando velas o rectificando.
El primer ministro británico ha confirmado finalmente este lunes, en una comparecencia ante la Cámara de los Comunes, que la próxima reunión bilateral entre el Reino Unido y la UE tendrá lugar en Bruselas el 20 de noviembre. Era un encuentro ya previsto y trabajado por el equipo de su antecesor, Keir Starmer, que fue retrasado tras la dimisión de este y la llegada a Downing Street de Burnham.
Los objetivos que se persiguen en esa reunión no han cambiado, pero el nuevo primer ministro ha logrado convertir una agenda que tenía mucho de rutinaria y tecnocrática en un momento de nuevos comienzos y de esperanza resurgida para todos los que siguen lamentando el Brexit.
Una reunión que se centrará en la reducción de los controles fitosanitarios en aduana de los productos agrícolas y ganaderos; las mejoras en el comercio de derechos de emisión; los avances hacia la interconexión eléctrica; la movilidad juvenil o la cooperación en control migratorio se transforma, gracias a la retórica de Burnham, en una plataforma hacia un objetivo mucho más entusiasta: “Creo que la consecución de un acuerdo en todos estos asuntos responde al interés del Reino Unido, trabajaré duramente durante las próximas cinco semanas para lograrlo, y nuestras posibilidades de lograrlo se ampliarán si nos mostramos abiertos respecto a una discusión respecto a nuestra relación con la UE a largo plazo”, explicaba.
Mentalidad abierta, relación a largo plazo. Dos palabras para alimentar el misterio, aunque Burnham no haya anunciado nada concreto. De hecho, ha negado que estuviera hablando de un nuevo referéndum, y ha reafirmado su intención de respetar las líneas rojas que el Partido Laborista incluyó respecto al Brexit en su programa electoral de 2024: no al reingreso en el Mercado Interior, no al reingreso en el espacio aduanero común y no al retorno de la libertad de circulación de personas.
“¿En qué ha decidido centrarse hoy el primer ministro? En el Brexit», ha reprochado a Burnham la líder de la oposición conservadora, Kemi Badenoch, después de recordarle antes la complicada situación económica que tiene el Gobierno, con más gastos que ingresos. “Hace unos meses [Burnham] aseguraba que lo último que debíamos hacer era resucitar esa discusión. Y aquí lo tienen ahora, dispuesto a desmontar el acuerdo comercial que este país firmó con la UE después del referéndum, cuando sabe que no podrá negociar algo mejor”, le ha reprochado.
Con las encuestas de su parte, Burnham presenta el acuerdo que persigue cerrar con la UE como un modo evidente de ayudar al crecimiento económico del Reino Unido, hasta el punto de acusar a la oposición de “incumplimiento de su deber” si no respalda ese esfuerzo. “Prefiere defender el statu quo actual”, ha acusado a Badenoch. “¿Cómo puede justificar el hecho de dar la espalda a un acuerdo que puede suponer miles de millones para la economía británica?“, le ha criticado.
Los conservadores británicos euroescépticos, entre los que se encuentra Badenoch, se han irritado ante la afirmación hecha por Burnham este fin de semana, durante una entrevista para el pódcast The Rest is Politics, de que Rusia había interferido en la campaña del referéndum del Brexit de 2016.
“¿De dónde ha sacado eso? Todos recordamos cómo el director del MI5 [el servicio de inteligencia interior del Reino Unido] dijo en 2018 que no había pruebas de que Rusia hubiera influido en el resultado del referéndum», ha asegurado la líder conservadora. “¿Me puede confirmar aquí mismo si cree que aquel referéndum fue legítimo?“, ha exigido a Burnham.
El primer ministro no caía en la trampa. Ha admitido sin aspavientos la validez del resultado de aquella consulta, ha evitado decir de dónde procedía su información, y se ha respaldado en un argumento que, unido a la creciente ola de ataques híbridos que Rusia está lanzando en la actualidad contra varias democracias europeas, bastaba para consolidar su afirmación: “Es algo público que agentes rusos intentaron interferir en las elecciones generales de 2019 [se acusó a Moscú de filtrar el borrador de acuerdo comercial entre Londres y Washington]. Creemos que es inconcebible que aquella fuera la primera vez que lo hacían”, se ha limitado a señalar Burnham.
El primer ministro ha evitado dar nuevos detalles sobre las opciones que según él están sobre la mesa para mejorar la relación con Bruselas, pero se ha comprometido a que, “en cada paso que dé, serán los ciudadanos británicos los que manden, y tengo claro que hoy la opinión pública apoya un planteamiento pragmático como el que estoy sugiriendo”.
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