
Esperanza Aguirre estaba decidida. Como el resto de invitados, quería pasar por el arco de seguridad. Pero nada, que no. Un agente de seguridad le ha indicado con la mano hacia la imponente y limpia escalera de caracol —en un gesto más propio de un pase de toros que de hombre uniformado— que no hacía falta. Minutos después, un hombre altísimo, enfundado en una gabardina beige, gafas de sol y apoyado en un bastón, subía también para escuchar a todo un presidente como el argentino Javier Milei en el Casino de Madrid.
El presidente argentino es recibido por numerosos empresarios, políticos y expolíticos en una sala abarrotada del centro de Madrid
Esperanza Aguirre estaba decidida. Como el resto de invitados, quería pasar por el arco de seguridad. Pero nada, que no. Un agente de seguridad le ha indicado con la mano hacia la imponente y limpia escalera de caracol —en un gesto más propio de un pase de toros que de hombre uniformado— que no hacía falta. Minutos después, un hombre altísimo, enfundado en una gabardina beige, gafas de sol y apoyado en un bastón, subía también para escuchar a todo un presidente como el argentino Javier Milei en el Casino de Madrid.
El hombre, por cierto, figuraba hace no mucho en la foto de la Casa Real. Sí, es ese: Jaime de Marichalar. Después, no faltaron los invitados clásicos: Ramón Tamames, el padre Ángel con su clásica bufanda roja —quizá lo único rojo de la sala—, el empresario Arturo Fernández… Y curiosos, muchos curiosos. Hay gente que desayuna gratis de lunes a viernes en Madrid solo con la cantidad de ponencias que hay a diario por los hoteles del centro.
Hoy había tanta expectación con los invitados, pero tanta, tanta, que Santiago Abascal y Alberto Núñez Feijóo ni se han presentado. Uno se ha marchado a A Coruña. Y el otro, a Sevilla. Con Milei hoy sucede algo muy llamativo entre la política española: si uno es presidente de un partido conservador en España, conviene hacerse fotos y actos cuando no hay elecciones, pero toca huir de él cuando la fecha se acerca: no vaya a ser que movilice a la izquierda. Es como si un deportista hiciera las mejores marcas durante cuatro años seguidos y luego, de pronto, pasara de ir a los Juegos Olímpicos. Esta vez, eso sí, los asesores de Feijóo y Abascal tenían razón. Milei no ha entrado en la campaña electoral que se avecina. Se la ha pasado, directamente.

Ataviado con un traje azul marino, corbata a juego y gafas de pasta negra, ha leído un discurso de poco más de una hora con dardos envenenados hacia La Moncloa y hacia el votante progresista:
—¡El impresentable dictador de Sánchez!
Segundos después:
—¡Delincuente, ladrón!
Y más:
—¡Corrupto!
Para entender la relación de Milei con el PP y Vox basta con escucharle unos minutos. A Isabel Díaz Ayuso —que se reunirá con ella esta tarde otra vez— la llama “Isabel”. Y a Santiago Abascal, “Santiago”. Alberto Núñez Feijóo, eso sí, es “Alberto Núñez Feijóo”.
La charla, en definitiva, ha sido muy matutina para los argentinos. A las 5.15 de la madrugada en Buenos Aires. Y a las 10.15 para los españoles. Sobre las mesas del Casino: cafeína, más cafeína, leche, zumo de naranja, sándwiches, cruasanes por doquier. Más continental que argentino, vamos.
A primerísima hora de acá, y justo antes de que llegara la comitiva, numerosos periodistas se han agolpado sobre los folios que colgaban de un tablón de madera colocado a la entrada para leer la lista de invitados, como en las mejores bodas. Solo faltó el show de la motosierra, que se quedó durante su intervención en la exhibición de su programa de recortes salvajes. Aquí figuraban Ramón Tamames (presente), Isabel Tocino (no ha sido vista), Esther Koplowitz (no ha sido vista), Fernando Alonso (hay tropecientos en España, pero el clásico tampoco ha sido visto). Y empresarios, como Juanjo Cano, presidente de KPMG, Francisco Riberas, presidente de Gestamp, Francisco Belil, expresidente de Siemens en España, y Juan Manuel Cendoya, vicepresidente de Santander España.
¿Políticos? Muchos, sí, pero solo del PP y Vox, y de segunda fila. Si es cuestión de aplausos y presencia, aquí gana la extrema derecha. Aquí estaba la portavoz de la Comunidad. Y del Ayuntamiento. Y el portavoz nacional. Y un par de concejales más. Mientras que por los populares apenas había un edil del Ayuntamiento de Madrid (el de Vallecas, el PP siempre sabe a quién mandar a estos eventos) y citados, pero no vistos, algunos diputados de la región. Y un gran ex —hay muchos ex por Madrid—, como Antonio González Terol, el que fuera vicesecretario territorial del PP en la época de Pablo Casado.
Ya dentro, el discurso de Milei ha dejado ojiplático a más de un periodista en la sala de prensa y también, dicho sea, al técnico de sonido, que ha tenido que modular el volumen cuando vociferaba con soflamas como esta:
—¡Hay que sacar a los socialistas a patadas!
Milei, con sus patillas perfectas, ha hablado de una “invasión” de extranjeros en España. Y frases rotundas, pero falsas. “Las mujeres ya no pueden salir solas por las calles en las principales ciudades”.
Lo mejor, quizá, el turno de preguntas, que ha comenzado así por el moderador: “Enhorabuena por su discurso”. Se entiende que por los titulares. O a saber. Después, eso sí, el presidente ha contestado al PSOE y a su nueva campaña de alabanza a los zurdos:
—¡Que digan lo que quieran! Me encanta.
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