Cada mañana, muchos coches repiten un mismo dibujo sobre el asfalto. Un conductor, varios asientos libres y una ruta que se parece a la de otros usuarios que buscan llegar al trabajo, a la universidad, a una estación o a una ciudad cercana. En esa imagen encontró Waiis una oportunidad de negocio. La startup, nacida hace cuatro años en Manresa, Barcelona, quiere convertir esos trayectos en una red de organizada por tecnología.Paulo Gómez, CEO y cofundador de Waiis junto a Sara Jiménez Solà, explica que el problema del coche compartido no era tanto la idea como la experiencia. Hasta ahora, el usuario tenía que publicar un viaje, buscar coincidencias, negociar horarios, fijar un punto de encuentro y confiar en que la otra persona apareciera. La compañía entendió entonces que «no hacía falta otra app para que la gente se organizara mejor, hacía falta una plataforma que organizara el trayecto por ellos».La propuesta comenzó como una plataforma de carpooling, pero la primera etapa sirvió para ampliar la ambición. Waiis detectó que los trayectos recurrentes existen, que los patrones se repiten y que las empresas tienen un problema relevante con la movilidad diaria de sus empleados. A partir de ahí, empezó a construir una super app capaz de integrar coche compartido recurrente, viajes puntuales, taxi compartido, VTC y soluciones corporativas desde una misma experiencia. Para Gómez, la oportunidad consiste en «transformar coches que ya existen en una red de movilidad compartida».La empresa acaba de cerrar su tercera ronda de financiación, la mayor hasta la fecha, por un millón de euros. Según Gómez, el salto ante los inversores llegó cuando Waiis dejó de presentarse solo como una idea y pudo enseñar producto, tracción, tecnología propia y una visión más amplia. En su lectura, confluyen un mercado grande, un problema diario, una tecnología basada en la huella de movilidad, la oportunidad regulatoria de los CAE y la alianza con Hiberus, su partner tecnológico. «No han apostado únicamente por una aplicación. Han apostado por la posibilidad de construir una infraestructura de movilidad compartida en España», asegura Gómez.El papel de la IALa huella de movilidad es la capa de inteligencia artificial con la que la plataforma intenta acercar el carpooling a la experiencia de pedir un taxi. «El mayor reto ha sido eliminar la necesidad de ‘buscar viaje’». La IA permite entender patrones de desplazamiento, detectar rutinas, calcular compatibilidades, identificar puntos óptimos de encuentro, estimar desvíos, anticipar tiempos de llegada y automatizar asignaciones. El objetivo es que el usuario no tenga que decidir cada día con quién ir, cuánto desviarse o si el viaje le compensa.En esta nueva fase, Hiberus acompaña a Waiss como socio tecnológico. «Hiberus nos aporta capacidad tecnológica, escala y velocidad de ejecución.» La startup espera superar los 100.000 usuarios activos y alcanzar cinco millones de euros de facturación en 2026, aunque Gómez matiza que la clave estará en la recurrencia, la densidad y la consolidación de corredores. Durante los próximos doce meses, la decisión principal será elegir dónde concentrar el crecimiento para avanzar deprisa sin perder una experiencia simple y fiable. Cada mañana, muchos coches repiten un mismo dibujo sobre el asfalto. Un conductor, varios asientos libres y una ruta que se parece a la de otros usuarios que buscan llegar al trabajo, a la universidad, a una estación o a una ciudad cercana. En esa imagen encontró Waiis una oportunidad de negocio. La startup, nacida hace cuatro años en Manresa, Barcelona, quiere convertir esos trayectos en una red de organizada por tecnología.Paulo Gómez, CEO y cofundador de Waiis junto a Sara Jiménez Solà, explica que el problema del coche compartido no era tanto la idea como la experiencia. Hasta ahora, el usuario tenía que publicar un viaje, buscar coincidencias, negociar horarios, fijar un punto de encuentro y confiar en que la otra persona apareciera. La compañía entendió entonces que «no hacía falta otra app para que la gente se organizara mejor, hacía falta una plataforma que organizara el trayecto por ellos».La propuesta comenzó como una plataforma de carpooling, pero la primera etapa sirvió para ampliar la ambición. Waiis detectó que los trayectos recurrentes existen, que los patrones se repiten y que las empresas tienen un problema relevante con la movilidad diaria de sus empleados. A partir de ahí, empezó a construir una super app capaz de integrar coche compartido recurrente, viajes puntuales, taxi compartido, VTC y soluciones corporativas desde una misma experiencia. Para Gómez, la oportunidad consiste en «transformar coches que ya existen en una red de movilidad compartida».La empresa acaba de cerrar su tercera ronda de financiación, la mayor hasta la fecha, por un millón de euros. Según Gómez, el salto ante los inversores llegó cuando Waiis dejó de presentarse solo como una idea y pudo enseñar producto, tracción, tecnología propia y una visión más amplia. En su lectura, confluyen un mercado grande, un problema diario, una tecnología basada en la huella de movilidad, la oportunidad regulatoria de los CAE y la alianza con Hiberus, su partner tecnológico. «No han apostado únicamente por una aplicación. Han apostado por la posibilidad de construir una infraestructura de movilidad compartida en España», asegura Gómez.El papel de la IALa huella de movilidad es la capa de inteligencia artificial con la que la plataforma intenta acercar el carpooling a la experiencia de pedir un taxi. «El mayor reto ha sido eliminar la necesidad de ‘buscar viaje’». La IA permite entender patrones de desplazamiento, detectar rutinas, calcular compatibilidades, identificar puntos óptimos de encuentro, estimar desvíos, anticipar tiempos de llegada y automatizar asignaciones. El objetivo es que el usuario no tenga que decidir cada día con quién ir, cuánto desviarse o si el viaje le compensa.En esta nueva fase, Hiberus acompaña a Waiss como socio tecnológico. «Hiberus nos aporta capacidad tecnológica, escala y velocidad de ejecución.» La startup espera superar los 100.000 usuarios activos y alcanzar cinco millones de euros de facturación en 2026, aunque Gómez matiza que la clave estará en la recurrencia, la densidad y la consolidación de corredores. Durante los próximos doce meses, la decisión principal será elegir dónde concentrar el crecimiento para avanzar deprisa sin perder una experiencia simple y fiable.
Cada mañana, muchos coches repiten un mismo dibujo sobre el asfalto. Un conductor, varios asientos libres y una ruta que se parece a la de otros usuarios que buscan llegar al trabajo, a la universidad, a una estación o a una ciudad cercana. En esa … imagen encontró Waiis una oportunidad de negocio. La startup, nacida hace cuatro años en Manresa, Barcelona, quiere convertir esos trayectos en una red de organizada por tecnología.
Paulo Gómez, CEO y cofundador de Waiis junto a Sara Jiménez Solà, explica que el problema del coche compartido no era tanto la idea como la experiencia. Hasta ahora, el usuario tenía que publicar un viaje, buscar coincidencias, negociar horarios, fijar un punto de encuentro y confiar en que la otra persona apareciera. La compañía entendió entonces que «no hacía falta otra app para que la gente se organizara mejor, hacía falta una plataforma que organizara el trayecto por ellos».
La propuesta comenzó como una plataforma de carpooling, pero la primera etapa sirvió para ampliar la ambición. Waiis detectó que los trayectos recurrentes existen, que los patrones se repiten y que las empresas tienen un problema relevante con la movilidad diaria de sus empleados. A partir de ahí, empezó a construir una super app capaz de integrar coche compartido recurrente, viajes puntuales, taxi compartido, VTC y soluciones corporativas desde una misma experiencia. Para Gómez, la oportunidad consiste en «transformar coches que ya existen en una red de movilidad compartida».
La empresa acaba de cerrar su tercera ronda de financiación, la mayor hasta la fecha, por un millón de euros. Según Gómez, el salto ante los inversores llegó cuando Waiis dejó de presentarse solo como una idea y pudo enseñar producto, tracción, tecnología propia y una visión más amplia. En su lectura, confluyen un mercado grande, un problema diario, una tecnología basada en la huella de movilidad, la oportunidad regulatoria de los CAE y la alianza con Hiberus, su partner tecnológico. «No han apostado únicamente por una aplicación. Han apostado por la posibilidad de construir una infraestructura de movilidad compartida en España», asegura Gómez.
El papel de la IA
La huella de movilidad es la capa de inteligencia artificial con la que la plataforma intenta acercar el carpooling a la experiencia de pedir un taxi. «El mayor reto ha sido eliminar la necesidad de ‘buscar viaje’». La IA permite entender patrones de desplazamiento, detectar rutinas, calcular compatibilidades, identificar puntos óptimos de encuentro, estimar desvíos, anticipar tiempos de llegada y automatizar asignaciones. El objetivo es que el usuario no tenga que decidir cada día con quién ir, cuánto desviarse o si el viaje le compensa.
En esta nueva fase, Hiberus acompaña a Waiss como socio tecnológico. «Hiberus nos aporta capacidad tecnológica, escala y velocidad de ejecución.» La startup espera superar los 100.000 usuarios activos y alcanzar cinco millones de euros de facturación en 2026, aunque Gómez matiza que la clave estará en la recurrencia, la densidad y la consolidación de corredores. Durante los próximos doce meses, la decisión principal será elegir dónde concentrar el crecimiento para avanzar deprisa sin perder una experiencia simple y fiable.
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