La pregunta sobre cuántas especies de insectos existen lleva décadas abierta. Tras múltiples discusiones, la comunidad científica aceptó una estimación de alrededor de seis millones. Un cálculo conservador, del que apenas se han descrito ―identificado con nombre y apellido― unos 1,2 millones, y que continúa siendo la referencia utilizada. Un nuevo estudio científico cuestiona ese cálculo y eleva la cifra a entre 14 y 20 millones de especies, más del doble y más del triple de la cantidad aceptada en la actualidad. Y eso, advierten sus autores, que ellos también son “conservadores” en sus hipótesis, por lo que el número real podría ser incluso mayor. La investigación se ha publicado este lunes en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.
Los autores del nuevo estudio han secuenciado el genoma de 1,6 millones de ejemplares capturados en cuatro décadas
La pregunta sobre cuántas especies de insectos existen lleva décadas abierta. Tras múltiples discusiones, la comunidad científica aceptó una estimación de alrededor de seis millones. Un cálculo conservador, del que apenas se han descrito ―identificado con nombre y apellido― unos 1,2 millones, y que continúa siendo la referencia utilizada. Un nuevo estudio científico cuestiona ese cálculo y eleva la cifra a entre 14 y 20 millones de especies, más del doble y más del triple de la cantidad aceptada en la actualidad. Y eso, advierten sus autores, que ellos también son “conservadores” en sus hipótesis, por lo que el número real podría ser incluso mayor. La investigación se ha publicado este lunes en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.
Para llegar a esta conclusión, los investigadores se centraron en el Área de Conservación de Guanacaste, una zona protegida de 169.000 hectáreas situada en el noroeste de Costa Rica. El lugar cuenta con un inventario de biodiversidad de los más completos del mundo, elaborado durante más de cuatro décadas. A partir de esa colección y la colocación de trampas, los investigadores secuenciaron, uno a uno, el ADN de 1,6 millones de insectos tropicales. Ese sistema les permitió identificar a 54.000 especies.

Pero ni siquiera con ese esfuerzo estaban todos los cabos atados, porque por mucho que se capture, siempre se escapan especies. Para abarcar más campo y calcular las que faltaban, introdujeron en la investigación a las avispas parasitoides del grupo Microgastrinae, uno de los más diversos del planeta. Al comparar las especies de insectos halladas con aquellas que —tomando a los Microgastrinae como referencia— aún quedaban por descubrir, concluyeron que podría haber alrededor de 333.000 especies de insectos en el Área de Conservación Guanacaste. Esa cifra sirvió como base para extrapolar la estimación al resto del planeta y llegar al número de entre 14 y 20 millones de especies.
Las trampas con las que se recolectaron insectos en Guanacaste y zonas periféricas se distribuyeron por diferentes ecosistemas. “Las instalamos a nivel del mar, en bosque seco tropical, nuboso de media montaña y selva tropical húmeda, con el objetivo de que el resultado fuera el más amplio posible”, explica por teléfono Melissa Guzmán, profesora adjunta de Entomología de la Universidad de Cornell y una de las autoras del artículo. En ellas cayeron miles de moscas, pequeñas avispas y otros insectos que acaban en frascos con alcohol. Después empezó el trabajo de laboratorio. Los investigadores los separaron y secuenciaron un fragmento de su ADN para asignarles un código de barras que identifica la especie; su particular documento de identidad.
Robert K. Colwell, profesor en la Universidad de Connecticut, entomólogo del Museo de Historia Natural de la Universidad de Colorado y coautor del estudio, explica que describir y poner nombre a todas esas especies para averiguar cuántas existen es una tarea prácticamente imposible. Aunque los taxónomos fueran una legión, “los insectos diminutos son tan hiperdiversos que tendrían que describir cientos de especies nuevas cada día”, señala. Por eso, se recurre al ADN. Una vez obtenido, ese fragmento se compara con los que guarda una gigantesca base de datos en Canadá, que almacena millones de códigos de barras genéticos. Así se comprueba si el ejemplar ya es conocido o se trata de un nuevo hallazgo.
Lo que el estudio demuestra es que existe una gran cantidad de especies que permanece oculta, si se utiliza un solo método de muestreo, señala en un comunicado el Guacanaste Dry Forest Conservation Fund, uno de los organismos participantes en la investigación. Pero al combinarlo todo y comparar lo que sucede en esa área del mundo con distintos grupos biológicos (incluyendo árboles, anfibios y polillas), se comprueba que entre el 93% y el 97% de insectos todavía no se han descrito, añade.
Este trabajo llega en un momento en el que numerosos estudios alertan de que los insectos están desapareciendo en el mundo. Un fenómeno conocido como el “apocalipsis de los insectos”. Los culpables: la pérdida de hábitat, la intensificación agrícola, el uso de pesticidas y el cambio climático, entre otros factores. Podría parecer que con el descubrimiento de millones de especies de insectos más, el problema se reduce. Pero la realidad es otra, porque muchas de las especies que aún no se conocen también podrían estar en declive. Melissa Guzman lo tiene claro y advierte de que es “imposible proteger a las especies si no se sabe que están ahí”, de ahí la importancia de sacarlos a la luz. Robert Colwell, uno de 15 los autores del estudio, añade que el trabajo le deja, además, una sensación de “humildad” al comprobar “lo poco que conocemos de nuestro planeta”.
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