Durante cinco años, Svetlana Tijanóvskaya ha portado en cada aparición pública un retrato de su marido, Serguéi Tijanovski, que era el candidato opositor en las elecciones de 2020 pero fue encarcelado antes de la votación. Entonces fue ella la que encabezó la lista, en medio de una movilización masiva, en unos comicios en los que el presidente, Alexandr Lukashenko, se proclamó ganador con un increíble 80% de los votos. Siguieron manifestaciones multitudinarias contra el fraude y una brutal represión, y Tijanóvskaya tuvo que refugiarse en Lituania, donde montó una precaria estructura de Gobierno en el exilio. Su marido fue liberado el pasado verano, junto a unos 500 opositores más, pero ella apareció este sábado en el Foro La Toja Vínculo Atlántico, en Pontevedra, con otro retrato de un hombre en la mano. Y explicó que cada día elige uno de los más de 900 rostros de presos políticos que siguen en las cárceles de Lukashenko.
La líder de la oposición democrática de Bielorrusia asegura en A Toxa que el futuro de su país está vinculado al éxito de Kiev y a que Rusia quede debilitada
La líder de la oposición democrática de Bielorrusia asegura en A Toxa que el futuro de su país está vinculado al éxito de Kiev y a que Rusia quede debilitada
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Durante cinco años, Svetlana Tijanóvskaya ha portado en cada aparición pública un retrato de su marido, Serguéi Tijanovski, que era el candidato opositor en las elecciones de 2020 pero fue encarcelado antes de la votación. Entonces fue ella la que encabezó la lista, en medio de una movilización masiva, en unos comicios en los que el presidente, Alexandr Lukashenko, se proclamó ganador con un increíble 80% de los votos. Siguieron manifestaciones multitudinarias contra el fraude y una brutal represión, y Tijanóvskaya tuvo que refugiarse en Lituania, donde montó una precaria estructura de Gobierno en el exilio. Su marido fue liberado el pasado verano, junto a unos 500 opositores más, pero ella apareció este sábado en el Foro La Toja Vínculo Atlántico, en Pontevedra, con otro retrato de un hombre en la mano. Y explicó que cada día elige uno de los más de 900 rostros de presos políticos que siguen en las cárceles de Lukashenko.
Tijanóvskaya, premio Sájarov en 2020, ha sido presentada por Josep Borrell, exjefe de la diplomacia de la UE, como “la presidenta electa de Bielorrusia”. En A Toxa, la opositora ha lanzado un mensaje al mundo para que no se olvide del pueblo de Bielorrusia, víctima de una de las últimas dictaduras de Europa. Sveta, como la conocen los suyos, llama a saber distinguir entre el dictador y su pueblo. Y reclama que no se mire a Bielorrusia como un “apéndice o satélite” de Rusia, porque lo que quieren sus ciudadanos es incorporarse a “la familia europea” y presentar su candidatura a un ingreso futuro en la UE. Ayudar al pueblo bielorruso, afirma, va en el interés de Europa. “Estamos en primera línea de la lucha por la democracia”. Como lo están los ucranios.
Ella prefiere llamar a su país Belarús, su nombre no rusificado, y recuerda que el régimen está borrando sus señas de identidad nacional por su dependencia de Moscú. Y considera que el destino de los bielorrusos está estrechamente ligado al de los ucranios. “Si permitimos a Ucrania perder esta guerra, la pregunta será quién es el siguiente”, sentencia, antes de recordar que hay otros países, de Moldavia a Georgia, que sufren injerencias de Moscú. La misma Bielorrusia, que permitió a las tropas rusas invadir Ucrania desde su territorio, puede ser anexionada por su vecino oriental siguiendo los planes expansionistas de Vladímir Putin. “Es vital que Ucrania gane la guerra”, afirma. Es vital para Europa y en especial para su país. “Una Ucrania fuerte y una Rusia debilitada permitirán que sea realidad la libertad de Bielorrusia”.
Tijanóvskaya es consciente de que desde España su país se ve muy lejano, pero advierte: “La dictadura es un cáncer que se expande rápidamente. Hay que acabar con su última célula”. Señala que España también recuerda lo que es una dictadura, y el ejemplo de la Transición les da esperanza de que es posible pasar a vivir en un país libre.
Agradece al Gobierno español que no haya reconocido el resultado electoral que proclamó Lukashenko, como tampoco hizo la mayor parte de la comunidad internacional, y que además haya aportado fondos para ayudar a los excarcelados, entre ellos su marido, a rehabilitarse. Porque salieron de las cárceles de Lukashenko en malas condiciones físicas y psíquicas. “Pero no se les rompió el espíritu y quieren volver a la lucha”, explica. La resistencia no está solo en los exiliados: afirma que están en comunicación constante con los opositores que siguen dentro, luchando en la clandestinidad. “El pueblo sigue unido. Muchos han huido, pero la mayoría sigue dentro. El movimiento democrático tiene la capacidad de seguir comunicando: ese es nuestro poder”.
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