EI uso ya generalizado de la IA en prácticamente todos los sectores no está exento de riesgos. Entre ellos, las alucinaciones de la IA o los daños financieros o regulatorios que estos sistemas puedan causar a terceros. ¿Y cómo reflejar estos riesgos en una póliza de seguro de una empresa? Se abre un campo complejo para el sector asegurador. Es importante recordar que cuando una empresa incorpora IA en su actividad, tiene responsabilidades sobre cómo la utiliza, para qué la utiliza y qué controles establece.El AI Act (Ley de Inteligencia Artificial de la UE) distingue entre proveedores y quienes despliegan o utilizan sistemas de IA, y establece obligaciones para ambos según el sistema y el contexto de uso. «En determinados sistemas de alto riesgo, por ejemplo, quienes los despliegan deben garantizar un uso adecuado, establecer supervisión humana y monitorizar su funcionamiento», explica Raquel López Hernández, fundadora de Ethiceye, consultora y formadora en IA ética y responsable. Por eso, antes de incorporar una herramienta, «una organización debería tener claro quién es responsable de ese uso, qué información se introduce, qué decisiones pueden apoyarse en sus resultados y quién supervisa lo que genera», resalta. Cree que la responsabilidad no debería aparecer cuando ya se ha producido el problema, sino estar definida desde el momento en que se decide incorporar la IA.La responsable de esta consultora detecta que muchas organizaciones están incorporando IA sin haber respondido antes a preguntas mucho más básicas y, en ocasiones, sin comprender y cuestionarse suficientemente cómo funcionan estos sistemas. «Qué herramientas se están utilizando, para qué procesos, qué información se introduce, quién supervisa sus resultados y qué ocurre cuando la respuesta es incorrecta», subraya. Se atribuyen capacidades que estos sistemas no tienen, se presentan como fiables respuestas que pueden ser incorrectas y muchas personas introducen en ellos información de todo tipo sin plantearse previamente qué están compartiendo ni con qué consecuencias. «Por eso, los errores derivados del uso de la IA no deberían atribuirse sin más a la IA. La responsabilidad depende del caso concreto y de quién haya intervenido en cada parte del proceso», aclara Raquel López.Respuestas complejasSi bien hay una regulación europea importante, «no creo que podamos decir que existe una respuesta sencilla y única para cualquier daño causado por IA, incluido este», reconoce la fundadora de Ethiceye. El AI Act establece obligaciones en función del riesgo de los sistemas y regula cuestiones como la gestión de riesgos, la supervisión humana, la transparencia o determinadas obligaciones para proveedores y responsables del despliegue. «Pero el AI Act convive con otras normas que ya eran aplicables antes de la llegada de la IA generativa», recuerda. Por eso cree que las empresas no deberían esperar a que exista una regulación capaz de responder a cada supuesto imaginable. «La responsabilidad empieza antes del incidente, con la forma en que una organización decide incorporar y gobernar la IA. No todo vale, aunque nos lo vendan así».Raquel López hace referencia al papel que van a jugar las aseguradoras ante esta nueva realidad y «ya están empezando a desarrollar productos específicos para cubrir determinados riesgos asociados al uso de la IA». Algo que ocurre de momento más en Estados Unidos que en Europa. Por ejemplo, HSB, perteneciente a Munich Re, lanzó en marzo de 2026 una cobertura específica de responsabilidad por IA dirigida a pequeñas y medianas empresas. «Además, en Estados Unidos este movimiento se está produciendo en paralelo a un mercado de seguros de ciberriesgo que ya está bastante desarrollado», señala. En su opinión, cree que aquí se está empezando «la casa por el tejado». Se habla ya de asegurar los posibles daños de la IA «cuando muchas organizaciones todavía no saben exactamente qué hace la IA, qué IA utilizan, qué información están introduciendo en ella, para qué la utilizan, quién tiene acceso a esos sistemas, quién supervisa sus resultados o qué ocurre cuando algo falla». Y cree que es fundamental antes de asegurar el riesgo «conocerlo y trabajar para reducirlo».Este tipo de productos están más avanzados en EE.UU. que en el Viejo Continente«Una póliza puede ser una capa de protección cuando ocurre un incidente, pero no sustituye la prevención, la formación, la supervisión ni la gobernanza. No podemos esperar que un seguro resuelva las consecuencias de un uso irresponsable de la tecnología, de la misma manera que un responsable de una organización no puede delegar completamente en un seguro la responsabilidad sobre cómo trabajan y se forman sus equipos», matiza López. Entiende que el seguro puede cubrir una parte del riesgo, pero no puede sustituir la responsabilidad de quienes deciden cómo se utiliza la tecnología y cómo quieren que todo esto les afecte.Adaptarse al cambioEduardo Pitto, director comercial de Cigna Healthcare España, señala cómo las aseguradoras se han tenido que adaptar al cambio y mantener una visión clara sobre dónde aporta valor real en un contexto en el que la IA está evolucionando a gran velocidad y eso obliga a las aseguradoras a combinar dos capacidades. En el ámbito de la salud, en el que opera esta compañía, «no se trata únicamente de incorporar nuevas tecnologías, sino de identificar aquellas que pueden contribuir a mejorar la experiencia de los asegurados y los resultados en salud». La incorporación de la IA en el entorno sanitario plantea nuevos escenarios que exigen una reflexión permanente sobre las garantías, la seguridad y la supervisión de estas herramientas. «Sin embargo, es importante recordar que la tecnología debe actuar como apoyo a cualquier decisión clínica y no como sustituto del profesional sanitario», puntualiza Pitto. Cree que más allá de los aspectos relacionados con la responsabilidad, será fundamental garantizar que las soluciones basadas en IA «se desarrollen y utilicen bajo criterios de transparencia, calidad y supervisión humana, siempre con el asegurado en el centro».Cigna Healthcare indica que el mercado asegurador está todavía en una fase de evolución y aprendizaje. «Más que hablar exclusivamente de nuevas coberturas, muchas aseguradoras están centrando sus esfuerzos en analizar cómo la inteligencia artificial puede enriquecer los servicios que ofrecen a sus clientes», apunta su director comercial. Entiende que la verdadera transformación no vendrá solo de adaptar productos, sino de ampliar capacidades y mejorar procesos. «La IA abre nuevas oportunidades para desarrollar soluciones orientadas a la prevención, el acompañamiento, la personalización de recomendaciones de salud o la mejora de la accesibilidad a los recursos asistenciales. El reto está en identificar aquellas aplicaciones que generan un impacto tangible para las personas», matiza. No obstante, las pólizas actuales ya cuentan con mecanismos para responder a muchas de las necesidades de los asegurados, «pero la aparición de nuevas tecnologías nos obliga a entender continuamente cómo evolucionan los riesgos y las expectativas de los clientes». Cree que más allá del debate sobre los riesgos específicos asociados a la IA, «uno de los grandes desafíos será responder a una demanda creciente de soluciones cada vez más personalizadas». Esta compañía cree que el futuro del seguro de salud pasa por combinar innovación tecnológica y acompañamiento humano. EI uso ya generalizado de la IA en prácticamente todos los sectores no está exento de riesgos. Entre ellos, las alucinaciones de la IA o los daños financieros o regulatorios que estos sistemas puedan causar a terceros. ¿Y cómo reflejar estos riesgos en una póliza de seguro de una empresa? Se abre un campo complejo para el sector asegurador. Es importante recordar que cuando una empresa incorpora IA en su actividad, tiene responsabilidades sobre cómo la utiliza, para qué la utiliza y qué controles establece.El AI Act (Ley de Inteligencia Artificial de la UE) distingue entre proveedores y quienes despliegan o utilizan sistemas de IA, y establece obligaciones para ambos según el sistema y el contexto de uso. «En determinados sistemas de alto riesgo, por ejemplo, quienes los despliegan deben garantizar un uso adecuado, establecer supervisión humana y monitorizar su funcionamiento», explica Raquel López Hernández, fundadora de Ethiceye, consultora y formadora en IA ética y responsable. Por eso, antes de incorporar una herramienta, «una organización debería tener claro quién es responsable de ese uso, qué información se introduce, qué decisiones pueden apoyarse en sus resultados y quién supervisa lo que genera», resalta. Cree que la responsabilidad no debería aparecer cuando ya se ha producido el problema, sino estar definida desde el momento en que se decide incorporar la IA.La responsable de esta consultora detecta que muchas organizaciones están incorporando IA sin haber respondido antes a preguntas mucho más básicas y, en ocasiones, sin comprender y cuestionarse suficientemente cómo funcionan estos sistemas. «Qué herramientas se están utilizando, para qué procesos, qué información se introduce, quién supervisa sus resultados y qué ocurre cuando la respuesta es incorrecta», subraya. Se atribuyen capacidades que estos sistemas no tienen, se presentan como fiables respuestas que pueden ser incorrectas y muchas personas introducen en ellos información de todo tipo sin plantearse previamente qué están compartiendo ni con qué consecuencias. «Por eso, los errores derivados del uso de la IA no deberían atribuirse sin más a la IA. La responsabilidad depende del caso concreto y de quién haya intervenido en cada parte del proceso», aclara Raquel López.Respuestas complejasSi bien hay una regulación europea importante, «no creo que podamos decir que existe una respuesta sencilla y única para cualquier daño causado por IA, incluido este», reconoce la fundadora de Ethiceye. El AI Act establece obligaciones en función del riesgo de los sistemas y regula cuestiones como la gestión de riesgos, la supervisión humana, la transparencia o determinadas obligaciones para proveedores y responsables del despliegue. «Pero el AI Act convive con otras normas que ya eran aplicables antes de la llegada de la IA generativa», recuerda. Por eso cree que las empresas no deberían esperar a que exista una regulación capaz de responder a cada supuesto imaginable. «La responsabilidad empieza antes del incidente, con la forma en que una organización decide incorporar y gobernar la IA. No todo vale, aunque nos lo vendan así».Raquel López hace referencia al papel que van a jugar las aseguradoras ante esta nueva realidad y «ya están empezando a desarrollar productos específicos para cubrir determinados riesgos asociados al uso de la IA». Algo que ocurre de momento más en Estados Unidos que en Europa. Por ejemplo, HSB, perteneciente a Munich Re, lanzó en marzo de 2026 una cobertura específica de responsabilidad por IA dirigida a pequeñas y medianas empresas. «Además, en Estados Unidos este movimiento se está produciendo en paralelo a un mercado de seguros de ciberriesgo que ya está bastante desarrollado», señala. En su opinión, cree que aquí se está empezando «la casa por el tejado». Se habla ya de asegurar los posibles daños de la IA «cuando muchas organizaciones todavía no saben exactamente qué hace la IA, qué IA utilizan, qué información están introduciendo en ella, para qué la utilizan, quién tiene acceso a esos sistemas, quién supervisa sus resultados o qué ocurre cuando algo falla». Y cree que es fundamental antes de asegurar el riesgo «conocerlo y trabajar para reducirlo».Este tipo de productos están más avanzados en EE.UU. que en el Viejo Continente«Una póliza puede ser una capa de protección cuando ocurre un incidente, pero no sustituye la prevención, la formación, la supervisión ni la gobernanza. No podemos esperar que un seguro resuelva las consecuencias de un uso irresponsable de la tecnología, de la misma manera que un responsable de una organización no puede delegar completamente en un seguro la responsabilidad sobre cómo trabajan y se forman sus equipos», matiza López. Entiende que el seguro puede cubrir una parte del riesgo, pero no puede sustituir la responsabilidad de quienes deciden cómo se utiliza la tecnología y cómo quieren que todo esto les afecte.Adaptarse al cambioEduardo Pitto, director comercial de Cigna Healthcare España, señala cómo las aseguradoras se han tenido que adaptar al cambio y mantener una visión clara sobre dónde aporta valor real en un contexto en el que la IA está evolucionando a gran velocidad y eso obliga a las aseguradoras a combinar dos capacidades. En el ámbito de la salud, en el que opera esta compañía, «no se trata únicamente de incorporar nuevas tecnologías, sino de identificar aquellas que pueden contribuir a mejorar la experiencia de los asegurados y los resultados en salud». La incorporación de la IA en el entorno sanitario plantea nuevos escenarios que exigen una reflexión permanente sobre las garantías, la seguridad y la supervisión de estas herramientas. «Sin embargo, es importante recordar que la tecnología debe actuar como apoyo a cualquier decisión clínica y no como sustituto del profesional sanitario», puntualiza Pitto. Cree que más allá de los aspectos relacionados con la responsabilidad, será fundamental garantizar que las soluciones basadas en IA «se desarrollen y utilicen bajo criterios de transparencia, calidad y supervisión humana, siempre con el asegurado en el centro».Cigna Healthcare indica que el mercado asegurador está todavía en una fase de evolución y aprendizaje. «Más que hablar exclusivamente de nuevas coberturas, muchas aseguradoras están centrando sus esfuerzos en analizar cómo la inteligencia artificial puede enriquecer los servicios que ofrecen a sus clientes», apunta su director comercial. Entiende que la verdadera transformación no vendrá solo de adaptar productos, sino de ampliar capacidades y mejorar procesos. «La IA abre nuevas oportunidades para desarrollar soluciones orientadas a la prevención, el acompañamiento, la personalización de recomendaciones de salud o la mejora de la accesibilidad a los recursos asistenciales. El reto está en identificar aquellas aplicaciones que generan un impacto tangible para las personas», matiza. No obstante, las pólizas actuales ya cuentan con mecanismos para responder a muchas de las necesidades de los asegurados, «pero la aparición de nuevas tecnologías nos obliga a entender continuamente cómo evolucionan los riesgos y las expectativas de los clientes». Cree que más allá del debate sobre los riesgos específicos asociados a la IA, «uno de los grandes desafíos será responder a una demanda creciente de soluciones cada vez más personalizadas». Esta compañía cree que el futuro del seguro de salud pasa por combinar innovación tecnológica y acompañamiento humano.
EI uso ya generalizado de la IA en prácticamente todos los sectores no está exento de riesgos. Entre ellos, las alucinaciones de la IA o los daños financieros o regulatorios que estos sistemas puedan causar a terceros. ¿Y cómo reflejar estos riesgos en una … póliza de seguro de una empresa? Se abre un campo complejo para el sector asegurador. Es importante recordar que cuando una empresa incorpora IA en su actividad, tiene responsabilidades sobre cómo la utiliza, para qué la utiliza y qué controles establece.
El AI Act (Ley de Inteligencia Artificial de la UE) distingue entre proveedores y quienes despliegan o utilizan sistemas de IA, y establece obligaciones para ambos según el sistema y el contexto de uso. «En determinados sistemas de alto riesgo, por ejemplo, quienes los despliegan deben garantizar un uso adecuado, establecer supervisión humana y monitorizar su funcionamiento», explica Raquel López Hernández, fundadora de Ethiceye, consultora y formadora en IA ética y responsable. Por eso, antes de incorporar una herramienta, «una organización debería tener claro quién es responsable de ese uso, qué información se introduce, qué decisiones pueden apoyarse en sus resultados y quién supervisa lo que genera», resalta. Cree que la responsabilidad no debería aparecer cuando ya se ha producido el problema, sino estar definida desde el momento en que se decide incorporar la IA.
La responsable de esta consultora detecta que muchas organizaciones están incorporando IA sin haber respondido antes a preguntas mucho más básicas y, en ocasiones, sin comprender y cuestionarse suficientemente cómo funcionan estos sistemas. «Qué herramientas se están utilizando, para qué procesos, qué información se introduce, quién supervisa sus resultados y qué ocurre cuando la respuesta es incorrecta», subraya. Se atribuyen capacidades que estos sistemas no tienen, se presentan como fiables respuestas que pueden ser incorrectas y muchas personas introducen en ellos información de todo tipo sin plantearse previamente qué están compartiendo ni con qué consecuencias. «Por eso, los errores derivados del uso de la IA no deberían atribuirse sin más a la IA. La responsabilidad depende del caso concreto y de quién haya intervenido en cada parte del proceso», aclara Raquel López.
Respuestas complejas
Si bien hay una regulación europea importante, «no creo que podamos decir que existe una respuesta sencilla y única para cualquier daño causado por IA, incluido este», reconoce la fundadora de Ethiceye. El AI Act establece obligaciones en función del riesgo de los sistemas y regula cuestiones como la gestión de riesgos, la supervisión humana, la transparencia o determinadas obligaciones para proveedores y responsables del despliegue. «Pero el AI Act convive con otras normas que ya eran aplicables antes de la llegada de la IA generativa», recuerda. Por eso cree que las empresas no deberían esperar a que exista una regulación capaz de responder a cada supuesto imaginable. «La responsabilidad empieza antes del incidente, con la forma en que una organización decide incorporar y gobernar la IA. No todo vale, aunque nos lo vendan así».
Raquel López hace referencia al papel que van a jugar las aseguradoras ante esta nueva realidad y «ya están empezando a desarrollar productos específicos para cubrir determinados riesgos asociados al uso de la IA». Algo que ocurre de momento más en Estados Unidos que en Europa. Por ejemplo, HSB, perteneciente a Munich Re, lanzó en marzo de 2026 una cobertura específica de responsabilidad por IA dirigida a pequeñas y medianas empresas. «Además, en Estados Unidos este movimiento se está produciendo en paralelo a un mercado de seguros de ciberriesgo que ya está bastante desarrollado», señala. En su opinión, cree que aquí se está empezando «la casa por el tejado». Se habla ya de asegurar los posibles daños de la IA «cuando muchas organizaciones todavía no saben exactamente qué hace la IA, qué IA utilizan, qué información están introduciendo en ella, para qué la utilizan, quién tiene acceso a esos sistemas, quién supervisa sus resultados o qué ocurre cuando algo falla». Y cree que es fundamental antes de asegurar el riesgo «conocerlo y trabajar para reducirlo».
Este tipo de productos están más avanzados en EE.UU. que en el Viejo Continente
«Una póliza puede ser una capa de protección cuando ocurre un incidente, pero no sustituye la prevención, la formación, la supervisión ni la gobernanza. No podemos esperar que un seguro resuelva las consecuencias de un uso irresponsable de la tecnología, de la misma manera que un responsable de una organización no puede delegar completamente en un seguro la responsabilidad sobre cómo trabajan y se forman sus equipos», matiza López. Entiende que el seguro puede cubrir una parte del riesgo, pero no puede sustituir la responsabilidad de quienes deciden cómo se utiliza la tecnología y cómo quieren que todo esto les afecte.
Adaptarse al cambio
Eduardo Pitto, director comercial de Cigna Healthcare España, señala cómo las aseguradoras se han tenido que adaptar al cambio y mantener una visión clara sobre dónde aporta valor real en un contexto en el que la IA está evolucionando a gran velocidad y eso obliga a las aseguradoras a combinar dos capacidades. En el ámbito de la salud, en el que opera esta compañía, «no se trata únicamente de incorporar nuevas tecnologías, sino de identificar aquellas que pueden contribuir a mejorar la experiencia de los asegurados y los resultados en salud». La incorporación de la IA en el entorno sanitario plantea nuevos escenarios que exigen una reflexión permanente sobre las garantías, la seguridad y la supervisión de estas herramientas. «Sin embargo, es importante recordar que la tecnología debe actuar como apoyo a cualquier decisión clínica y no como sustituto del profesional sanitario», puntualiza Pitto. Cree que más allá de los aspectos relacionados con la responsabilidad, será fundamental garantizar que las soluciones basadas en IA «se desarrollen y utilicen bajo criterios de transparencia, calidad y supervisión humana, siempre con el asegurado en el centro».
Cigna Healthcare indica que el mercado asegurador está todavía en una fase de evolución y aprendizaje. «Más que hablar exclusivamente de nuevas coberturas, muchas aseguradoras están centrando sus esfuerzos en analizar cómo la inteligencia artificial puede enriquecer los servicios que ofrecen a sus clientes», apunta su director comercial. Entiende que la verdadera transformación no vendrá solo de adaptar productos, sino de ampliar capacidades y mejorar procesos. «La IA abre nuevas oportunidades para desarrollar soluciones orientadas a la prevención, el acompañamiento, la personalización de recomendaciones de salud o la mejora de la accesibilidad a los recursos asistenciales. El reto está en identificar aquellas aplicaciones que generan un impacto tangible para las personas», matiza. No obstante, las pólizas actuales ya cuentan con mecanismos para responder a muchas de las necesidades de los asegurados, «pero la aparición de nuevas tecnologías nos obliga a entender continuamente cómo evolucionan los riesgos y las expectativas de los clientes». Cree que más allá del debate sobre los riesgos específicos asociados a la IA, «uno de los grandes desafíos será responder a una demanda creciente de soluciones cada vez más personalizadas». Esta compañía cree que el futuro del seguro de salud pasa por combinar innovación tecnológica y acompañamiento humano.
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